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¡Derechos Animales ya! - Cordero blanco y cordero negro

¿Explotar animales por su propio bien?

¡Derechos Animales ya! - Cordero blanco y cordero negro - Explotar a los animales por su propio bienEl ser humano ejerce la explotación animal por su propio interés. Sin embargo, a menudo encuentra excusas para explotar animales por su propio bien.

Introducción

En otros ensayos previos he argumentado sobre tipos de explotación animal, su definición, orígenes y por qué es injusta. A menudo, circunstancias muy complicadas o especiales propician que la explotación de un animal pueda servir en su propio beneficio, o bien, que el explotador lo interprete así por sesgos emocionales o de vinculación económica.

En esta entrada, quisiera transmitir algunas reflexiones y ejemplos sobre el argumento de explotar a los animales por su propio bien. Voy a exponer algunas situaciones reales y cotidianas para ofrecer razones acerca de cuál sería nuestro deber si nos consideramos personas humanas interesadas en velar por los animales y en ser justos con ellos.

Hay también un ensayo titulado de forma semejante, escrito por el activista Luis Tovar. No obstante, la finalidad de ambos escritos es muy diferente. En aquel texto, Luis Tovar hablaba sobre el argumento de manipular o explotar a los animales salvajes —aquéllos que no dependen o están supeditados físicamente a nosotros— con el fin de beneficiar a otros. En el caso presente, me refiero exclusivamente a cuando el ser humano participa en la explotación animal con el argumento de beneficiar a los propios animales explotados.

¡Derechos Animales ya! - CervatilloUn fin noble no implica que los medios empleados sean justos o coherentes con éste. Por ejemplo, salvar la vida de animales salvajes no justifica su encierro en zoológicos ni comerciar con sus vidas. Quienes justifican lo uno con lo otro utilizan a los animales como ‘alter ego’ de sus propios intereses.

El fin no justifica los medios

Para entender el punto central de la cuestión, se vuelve necesario comenzar por una serie de premisas teóricas. El famoso aforismo de «el fin no justifica los medios» nos señala, con acierto, que perseguir un fin bueno, justo o positivo no legitima automáticamente cualquier cosa que hagamos para conseguirlo. Tales fines como medios deben estar regidos por la ética, es decir, por una valoración racional sobre nuestras acciones.

En un sentido filosófico, decimos que un sujeto es un fin en sí mismo. Esto significa que su vida no está —ni debiera estar— al servicio de otros. Los animales son también sujetos de sus vidas —son personas— porque poseen conciencia, sentimientos y capacidad de sentir y experimentar.

Explotar animales —utilizarlos como medios para un fin— no deja de ser inherentemente injusto, aunque el propio sujeto sea un fin de su propia explotación. La razón para ello está en que el propio hecho de explotar, aun en beneficio del propio sujeto explotado, ya implica la vulneración de su voluntad e intereses inalienables.

¡Derechos Animales ya! - Cisne hembra con su cría en la espaldaCasi la totalidad de las relaciones que mantenemos con los animales son de tipo de explotador. La sociedad se empecina a buscar justificaciones, armonías y equilibrios naturales donde no los hay.

Diferencia entre altruismo y explotación

Con cierta frecuencia, mucha gente se percata de que los animales no pueden darnos su consentimiento libre e informado para participar en actividades con nosotros o para brindar algún servicio que se retribuya en ellos mismos. Ante estos hechos, incurren en la conclusión falaz de que, como no pueden decirnos «sí» o «no», entonces también decidir por ellos; ya sea buscando su bien o el nuestro. En términos humanos hablamos de la falacia «a silentio».

De hecho, la mayoría de quienes explotan animales —incluso ganaderos, cazadores o taurinossuelen alegar que sus actividades también benefician a sus animales explotados y a otros, apelando al bienestar animal, a que viven mejor de como lo harían en la naturaleza, o esgrimiendo el argumento conservacionista de que evitan la extinción de especies. ¿Son acaso estas acciones altruistas?

Acontece, pues, una confusión entre altruismo y explotación. Una acción altruista es aquélla que se hace sin esperar nada a cambio. Y una acción explotadora es aquélla que siempre genera un beneficio para quien la practica, con independencia de que el sujeto explotado también reciba algún beneficio.

Seamos claros, quien cría y explota animales no practicaría ninguna de tales acciones si no recibiera algo a cambio; ya sea dinero, diversión o cualquier otra cosa. Ello nos permite demostrar que no existe altruismo alguno. Además, argumentos como el de la conservación de animales son inherentemente antropocéntricos; pues el mantenimiento de la biosfera se plantea únicamente como un problema porque perjudica a intereses humanos.

Y, por supuesto, no hemos de incurrir en el error de pensar que sólo determinadas actividades, como las antedichas, sean los únicos ejemplos de explotación animal. Los propios animalistas participan a diario en la explotación animal de sus propios animales y de tantos otros.

Las organizaciones animalistas tampoco defienden a los animales ni sus derechos. Su enfoque se limita a condenar la violencia excesiva —sin cuestionar su origen— para lograr regulaciones sobre la manera de criar, explotar y asesinar animales para beneficio de los humanos y tranquilizar conciencias.

¡Derechos Animales ya - Gatitos recogidos en las manos de un hombreSi uno adopta animales por su propia conveniencia y no los respeta, no está siendo altruista ni justo con ellos.

¿Acción altruista o acción explotadora?

Para enredar un poco más el asunto, cabe recordar dos aspectos esenciales para valorar la moralidad de una acción:

  1. Una misma acción puede considerarse altruista o explotadora según cuál sea la motivación de quien la practica. Como ejemplo, tenemos casos como el de la castración o el de la tenencia de animales. Si uno castra a un animal porque quiere evitar aquellos comportamientos que considera molestos, entonces está obteniendo un beneficio por aquella acción. Y si uno tiene animales únicamente para disfrutar con su compañía o para presumir de su tenencia, entonces está obteniendo igualmente un beneficio. Ambas acciones son ejemplos de explotación animal.
  2. Una acción altruista puede ser injusta aunque no pretenda ningún mal hacia el animal. Por ejemplo, cuando alguien recoge a un polluelo que se ha caído del nido con la intención de salvarlo, está ejerciendo una acción altruista. Sin embargo, como ocurre en la mayoría de los casos, recoger animales salvajes sin ningún tipo de experiencia respecto a su manejo equivale a condenarlos a muerte. Si uno es culpable de su muerte por haber tomado una mala decisión, hablamos de una acción altruista pero injusta.

Criadero de perrosLas organizaciones y colectivos animalistas se acuerdan constantemente de la situación de perros y gatos mientras no van a la raíz del problema: el especismo. El Partido PACMA ha utilizado varios veces esta imagen en dominio público y otras semejantes para lucrarse a costa de la miseria de los animales.

Casos estudiados sobre el argumento de explotar animales por su propio bien

Este ensayo iba a contener originalmente mi reflexión sobre dos casos reales en que se esgrime el argumento de que sea correcto explotar animales por su propio bien. Sin embargo, la enorme longitud del escrito me hizo preferir que ambos casos aparecieran en entradas independientes para facilitar su lectura, indexación y búsqueda desde los motores de internet.

Podrá leer dichos artículos pulsando en los títulos inferiores:

Caso I: Coaching con caballos

Caso II: Perros asesinados por sus adoptantes

Conclusión

Nunca es correcto explotar a los animales por su propio bien porque el mero hecho de explotarlos ya implica vulnerar sus intereses inalienables. Debido al antropocentrismo y a la falta de reflexión moral sobre nuestras acciones, algunos de los mayores defensores de los animales son también algunos de sus mayores explotadores. Queda en nuestra mano analizar y reflexionar sobre los razonamientos y ejemplos expuestos con anterioridad para ser justos con los animales. El veganismo trata simplemente sobre eso.

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¡Derechos Animales ya! - Caballo Jet Set montado por jinete del equipo suizo

Jet Set, caballo asesinado en Tokio 2020

¡Derechos Animales ya! - Caballo Jet Set montado por jinete del equipo suizoEl caballo Jet Set, montado por Robin Godel, del equipo suizo, fue asesinado —«sacrificado»— tras sufrir una lesión en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Nótese que el caballo lleva un cierrabocas inglés que le impide cualquier tipo de resistencia ante las riendas.

[Fuente de la fotografía]

Introducción

Los juegos olímpicos se remontan a la Antigüedad, más específicamente, a la época en que imperaban las polis griegas y sus eternas rivalidades. No fue hasta finales del siglo XIX, en la primera edición de Atenas, cuando se retomaron estas competiciones con el objetivo de unir y enfrentar a atletas de todo el mundo. Nuestra sociedad se erige sobre el beneficio personal y colectivista. Por ello, más que un acontecimiento deportivo, se trata de una ocasión política y económica.

A lo largo del tiempo, han cambiado tanto los deportes como las modalidades preferidas. Si bien, algo que no ha cambiado en los juegos olímpicos ni en la mentalidad humana es el hecho de utilizar animales como meros instrumentos para la diversión, recreación, ostentación y lucro de seres humanos.

De entre los pocos deportes que incurren en la explotación animal —uso de animales como recursos— el salto ecuestre es uno de los más duros y terribles para aquellos caballos involucrados. Hace ya tiempo, publiqué una entrevista a Irene Aparicio Estada, quien había participado en la liga nacional de salto ecuestre en España. Recomiendo leerla de antemano para tener una idea de cómo se produce el adiestramiento y las prácticas crueles que en éste se ejercen.

En este artículo, voy a hablar del reciente asesinato del caballo llamado Jet Set, del equipo suizo de salto ecuestre, como nuevo ejemplo actual de la terrible realidad de la esclavitud animal, las consecuencias de la cosificación animal, el destino final de los animales cuando ya no sirven para un propósito humano y cómo los medios de comunicación, obedientes mercenarios de la información y de la manipulación, tratan de edulcorar y de justificar hasta los crímenes más aberrantes por simple dinero.

¡Derechos Animales ya! - Caballo Jet Set durante el concurso de salto ecuestreCaptura del momento en que el caballo Jet Set sufrió la lesión muscular en el obstáculo 20.

[Fuente de la fotografía]

Un resumen del suceso y de sus consecuencias

El 1 de agosto de 2021, en los retrasados Juegos Olímpicos de Tokio 2020 —me siento tentado a hacer un juego de palabras sobre la inteligencia colectiva—, el caballo Jet Set sufrió un desgarre de los ligamentos del pie derecho tras saltar el obstáculo número 20 del circuito. El equino recibió una atención veterinaria urgente —como un fórmula 1 en el pit box– y fue trasladado a las instalaciones, en donde las ecografías revelaron que su lesión era grave.

Como ocurre en los atletas humanos, una lesión puede hacer que un caballo no pueda volver a competir. No obstante, al igual que nuestra especie, quedarse cojo no significa estar condenado a morir. En humanos, nosotros mismos y nuestra sociedad comprende que tenemos el deseo de seguir viviendo a pesar de que podamos pasar una recuperación muy dolorosa o, incluso, aunque nos queden secuelas de por vida.

Los animales también poseen intereses inalienables. Esto significa que también quieren vivir, ser libres y que se respete su integridad. Queda lejos de toda duda que un caballo lesionado, u otro animal, lucharía hasta el final por sobrevivir y recuperarse. Sin embargo, que un animal reciba cuidados se traduce en unos enormes gastos y dichos gastos no quedarían cubiertos si tal animal no pudiera nunca volver a competir, o no con garantías de triunfo.

Un equipo deportivo no puede —ni podría— decidir sobre la vida de un atleta humano herido, en cambio, como todos los animales del mundo están catalogados como «bienes muebles semovientes» —objetos con movimientos autónomo—, es absolutamente legal que un humano o un grupo de humanos manden a asesinar a un atleta de otra especie si no se quiere que éste siga viviendo para así evitar costes. Esta acción antropocéntrica recibe el nombre eufemístico de «sacrificio». Pues, como ocurrió durante la esclavitud negra, a nuestra sociedad no le gusta llamar «asesinato» a aquellas maldades que practica contra quienes cataloga como seres inferiores.

¡Derechos Animales ya! - Caballo Jet Set sacrificado por lesión durante las pruebas de doma y de salto ecuestreEl caballo Jet Set había participado previamente en las pruebas de doma ecuestre antes que en la de salto ecuestre, la cual le costó la vida a manos de la perversidad humana.

[Fuente de la fotografía]

El asesinato de Jet Set, un crimen edulcorado

La lesión del caballo Jet Set se especulaba lo suficientemente grave como para suponer el fin de su utilización como montura. Hasta entonces, había servido para que un humano de pequeño peso —y de menor ética— se sentara sobre sus lomos y le tirara del bocado para indicarle cuáles movimientos hacer y qué obstáculos saltar.

Viendo que la inversión estaba perdida, el equipo suizo se puso a trabajar para tratar de buscar una salida rápida y rentable para todas las partes involucradas. ¿Qué se hace cuando un monoplaza ya no sirve para salir a la pista? La respuesta es obvia: se sustituye por otro. Huelga señalar que, por mucho dinero que cueste un equino o por mucho dinero que se pierda en su compra-venta, sale más rentable criar, coaccionar, manipular y maltratar a un caballo o yegua joven para que se amolde aquello de que él o ella se espera.

Jet Set tenía 14 años, ésa ya es una edad bastante avanzada para un caballo explotado en competiciones de élite. Aunque se curase, ya no iría a competir de nuevo con 18 años. Eso no te lo van a comentar los medios, claro.

En virtud de ello, la maquinaria mediática de Suiza y de los propios Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se pusieron manos a la obra para edulcorar el crimen cometido y dotar de «compromiso ético y humanitario» a un deporte en donde los caballos son meros instrumentos para la obtención de fama y dinero.

El grueso de los medios de comunicación, tanto hispanohablantes como extranjeros, se han limitado a exponer literalmente el comunicado oficial. Podría citar aquí una decena de medios grandes que han publicado exactamente las mismas palabras con distinto titular en una oda a la pereza y a un profundo rigor periodístico. La mayor crítica que puede encontrarse en un medio generalista no es otra cosa más insulsa que decir «el suceso ha generado polémica». Ya está, pasemos a otra cosa.

El comunicado presentado, a modo de cortafuegos político y posmoderno, recurre a un lenguaje plagado de expresiones buenistas para encubrir acciones injustas, egocéntricas y meramente lucrativas.

Primero, los organizadores alegaron que el caballo Jet Set había «tenido que ser sacrificado», como si decretar la muerte sobre un animal sano sano —sólo con una rotura muscular— fuese poco menos que una obligación ética. Este uso del lenguaje es intencional para tratar de influir en los lectores y oyentes como si la decisión tomada hubiera procedido de un juicio neutral, justo y en consideración del animal.

Lo más objetivo e imparcial habría sido expresar «hemos tomado la decisión unilateral de asesinar al caballo Jet Set porque ya no sirve como instrumento para nuestros intereses económicos». Y sí, es justo y oportuno utilizar el verbo «asesinar» porque se causa la muerte intencional de un sujeto en beneficio de un tercero; el beneficio está, en este caso, en ahorrar gastos derivados de su recuperación y en el propio hecho de que ya no servirá para competir.

Muchos miembros de nuestra sociedad suelen echarse las manos a la cabeza y acusan de «humanización», entre otras falacias, a quienes emplean términos reservados para humanos. Irónicamente, los mismos medios de comunicación que hablan de «sacrificio» cuando un humano mata a un animal no tienen reparos en hablar de asesinato cuando es un animal quien mata a otro animal; aun cuando los animales no son responsables moralmente de sus actos.

El escueto comunicado oficial decía lo siguiente:

Por razones humanitarias y con el acuerdo de los propietarios y el jinete suizo, se tomó la decisión de sacrificar el caballo.

Vamos a ver, por razones humanitarias no cabría jamás utilizar ni exponer a un animal a riesgos, peligros ni infligirle sufrimiento. En cambio, nos encontramos a diario que los animales son sistemáticamente violentados en diferentes prácticas con el único fin de obtener placer y dinero al usarlos como alimento, vestimenta, transporte, diversión, etc.

Estas «razones humanitarias» se han alegado en más de una ocasión para justificar el asesinato de perros supuestamente contagiados por virus epidémicos —el famoso caso del perro Excalibur— y de aquéllos heridos por incendios, bombas y otras situaciones en donde se los emplea como meros instrumentos desechables. El principio humanitario es un principio que el ser humano solamente aplica para sí mismo debido al especismo.

¡Derechos Animales ya! - Caballo tomado del ramalHace unos meses, el mundillo ecuestre se consternó por el asesinato y las mutilaciones de caballos perpetrados por una secta en Francia. Si hubieran sido ellos quienes hubiesen ejercido tales acciones, los medios no mostrarían ninguna indignación.

[Fuente de la fotografía]

El blanqueo de los veterinarios

Los medios de comunicación se convierten en cómplices perfectos de cualquier crimen, depende de si los financia la víctima o el victimario. Por ejemplo, el periódico As, ha optado por aprovechar el asesinato del caballo Jet Set para hacer una revisión completa y lavar la imagen de distintas acciones relacionadas con el mundillo, a saber, la compra-venta millonaria de sementales y el hecho de que una yegua campeona será ahora dedicada como hembra de vientre para parir potros que correrán el mismo destino que ella. Todo ello narrado con un tono triunfal, como si tales animales estuvieran orgullosos de terminar con una corona de flores entre las orejas.

Si los medios constituyen la manera de llegar a la gente, el modo más certero de manipular a las masas está en apelar a la voz profesional para incurrir en falacias ad verecundiam. Tal como aparece en la noticia del periódico As antes señalada, los veterinarios que viven a costa de estas actividades ecuestres no han tardado en excusar esta decisión:

La lesión que se ha sufrido prácticamente, en la mayoría de los casos, es irreversible: operación difícil en la pata, y luego un tiempo de recuperación de varios meses con el caballo colgado para evitar que apoye sus cascos con la ansiedad que produce a un animal acostumbrado a la competición. La mayoría de los veterinaios [sic] opinan que en estas circunstancias lo mejor es evitar el sufrimiento del animal, y se acepta y da por buena la soluición [sic] de Godell, un campeón precoz en Suiza, que lleva destacando desde los 14 años en su país.

Están afirmando, en pocas palabras, que la ansiedad de un animal durante su recuperación justifica quitarle la vida apelando al supuesto e hipotético sufrimiento que ello conlleva. Con ese argumento podríamos decretar el asesinato de casi todos los animales que entran en quirófano, por no mencionar que podríamos liquidar a casi la totalidad de los humanos ingresados en hospitales y quedarnos tan anchos hablando sobre lo que nos importa el sufrimiento humano y lo humanitarios que seríamos.

Los veterinarios están al servicio de los intereses humanos. Y esto no lo afirmo yo, sino una excelente compañera veterinaria cuyos años de experiencia le han valido para ser muy crítica con sus compañeros de profesión. No es un misterio que los veterinarios deben servir y decir aquello por lo que se les paga. Si bien, la razón fundamental de porque muchos veterinarios están o estarían de acuerdo con el sacrificio de un animal como Jet Set está en la mentalidad bienestarista.

Aunque este término rimbombante le suene a chino a la mayoría de la sociedad, casi todo el mundo es bienestarista y no lo sabe. Esto significa que el individuo común y corriente sólo se opone al sufrimiento de los animales en la medida en que este sufrimiento no le reporte placer o beneficio.

Domar a un caballo implica sufrimiento; pero dicho sufrimiento, entre otras terribles prácticas, se considera «requerido» para su potencial explotación por parte del ser humano, por tanto, nadie hablará de «maltrato animal» aquí. De hecho, en el salto ecuestre se emplean métodos bastante crueles para enseñar a un caballo a saltar, tales como ponerles chinchetas en las cintas que recubren y protegen sus manos para que evite chocar contra las barras de los obstáculos.

Quien llega a la élite profesional ha tenido que digerir tales prácticas como «necesarias» y no las considera maltrato. Por el contrario, pegarle en exceso o clavarle las espuelas hasta sangrar no conduce a ningún beneficio definido, por ende, tanto los jinetes como los animalistas de turno podrían considerarlo «maltrato», siempre a la luz subjetiva y conveniente de quien juzga la acción perpetrada.

Los jinetes y veterinarios que están a favor de asesinar animales bajo el término de eutanasia no se oponen al sufrimiento de los animales, sino a su propio sufrimiento al tener que atender, velar o sufragar los gastos derivados de que el animal continúe viviendo. Este sufricentrismo egocéntrico, muy frecuente también entre «amantes de los animales» aparece bien argumentado en el artículo «Los animalistas y la paradoja de Jevons».

¡Derechos Animales ya! - Caballo se hace el muerto para no ser montadoHace años se volvió viral la noticia de que un caballo en China se hacía el muerto para evitar ser montado. La sociedad niega la voluntad e inteligencia de los animales al mismo tiempo que los obligamos a aprender toda clase de malabares.

[Fuente de la fotografía]

Conclusión

Los caballos, como otros animales, sólo parecen importar o tener un valor en la medida en que sirvan a intereses humanos. Nuestra sociedad, en lugar de cuestionar nuestra legitimidad para decidir sobre la vida de otros animales, se otorga potestad para hacer lo que le conviene y se engaña a sí misma para pensar que hace lo correcto.

Aunque no me gusta contar anécdotas, el caso de Jet Set me ha recordado a un tema de conversación que tuve con otro alumno mientras estudiaba mi carrera. Éste me contaba una película, basada en hechos reales, en que un jinete había matado a su caballo obligándolo a correr hasta la extenuación por tal de llegar a un hospital con un familiar enfermo en brazos.

A pesar de que todavía no era vegano, me costaba entender cómo el ser humano podía provocar adrede la muerte de un animal para beneficiarse uno mismo o a sus seres queridos. Hoy este ejemplo ya no me sorprende. Si entendemos que nos enseñan desde pequeños que todos los animales del mundo existen para servirnos, sacrificar a nuestros objetos o desecharlos es una consecuencia lógica de esa misma enseñanza.

No basta con pedir un mejor trato para los animales porque dicho trato siempre quedará supeditados a los intereses humanos. Las víctimas merecen derechos legales reconocidos a la altura de todos los seres humanos. Ellos tienen conciencia y sentimientos. Son personas en un sentido ético y debemos reconocerlos asimismo como personas en un sentido legal.

Es hora de evolucionar. La evolución se llama «veganismo» y está al alcance de todos. Y no es una dieta, sino un principio ético que conforma la base de los Derechos Animales.

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¡Derechos Animales ya! - Vaso de leche (oro blanco)

Los productos lácteos, el canal Bussi y la manipulación orweliana

¡Derechos Animales ya! - Vaso de leche (oro blanco) - Productos lácteosLa leche y otros productos lácteos constituyen el oro blanco de aquellas empresas que se lucran por medio de la crianza, coacción y asesinato de vacas, cabras y otros animales seleccionados y manipulados genéticamente por una secreción alimentario producida para sus crías.

Introducción

Como dijo Denzel Washington en una entrevista, en nuestros días es mejor estar desinformado que estar supuestamente informado. Los medios de comunicación sólo se preocupan por sacar noticias sensacionalistas y por respaldar los intereses comerciales de quienes les pagan. En palabras del escritor George Orwell:

Una noticia es aquello que alguien no quiere que se publique. El resto son relaciones públicas.

En mi día a día, intento centrarme en actividades productivas y no tengo ningún interés en aquellos que digan o publiquen los medios. Sin embargo, el bombardeo al que estamos expuestos nos obliga muchas veces a mirar las terribles calumnias, mentiras y manipulaciones orquestadas por poderes y agendas espeluznantes.

En este artículo voy a hablar sobre un caso concreto de manipulación orweliana —una manipulación mediática atroz— respecto a la promoción del consumo de productos lácteos.

¡Derechos Animales ya! - Fotografía de pasajeros viendo el canal BussiEstamos bombardeados por intereses comerciales contrarios a nuestros intereses y a los de otros animales. Acontece una manipulación orweliana cuando se busca promover o justificar determinadas acciones, como el consumo de productos lácteos, mediante falsedades y argumentos falaces.

[Fuente de la fotografía]

El canal Bussi, ejemplo de pura manipulación orweliana

Estando trabajando me topé con una supuesta información ofrecida por el canal Bussi, una plataforma interna de información que se presenta a través de unos televisores situados dentro de los autobuses metropolitanos de Sevilla y Valencia.

Si algo puedo destacar del canal Bussi desde su aparición es su mala expresividad y sus contantes propagandas camufladas de información cultural. Cuesta encontrar alguna mención a los animales o a la naturaleza que no se parezca al comentario estúpido que expondría, con suma estulticia, cualquier hijo de vecino. Apelando a la memoria, me acuerdo de dos ejemplos de hace pocos días:

Pues bien, puestos ya en antecedentes, grande fue mi indignación cuando, entre otros casos anteriores, me encontré que dicha plataforma emitía una información terriblemente falsa y manipuladora sobre los productos lácteos para promocionar su consumo.

El canal Bussi presentaba fotografías de un vaso de leche y quesos mientras, en la mitad inferior de la pantalla, aparecía un titular sobre supuestos beneficios derivados del consumo de productos lácteos y, debajo, un pequeño texto explicativo. Cada beneficio citado parecía más disparatado que el anterior:

  • «Ayuda a conseguir un bronceado sano»: El color de la piel, aparte de estar regido por la expresión genética, está vinculado a una serie de nutrientes y condicionantes no exclusivos ni vinculados al consumo de productos lácteos. Esta misma frase se podía aplicar a la mitad de los alimentos existentes.
  • «Ayuda a conciliar el sueño»: Lo que más me sorprendió fue el texto inferior que aparecía para justificar esta afirmación. Decía: «Contiene un aminoácido esencial que contribuye a la liberación de serotonina». Madre de Dios, ¡menudo disparate! Sólo les faltó agregar: «Ayuda en tus relaciones sexuales».

La estrategia en ambos casos es la misma: parten desde una verdad (A) para establecer una supuesta verdad (B) que no se deduce ni ha de proceder de A. Se trata de la falacia Post hoc ergo propter hoc.

¡Derechos Animales ya! - Bidones de leche - Productos lácteosEsta fotografía les parecería idílica a muchos humanos que nunca se han planteado cómo ni de dónde se obtiene aquello que consumen. La explotación animal conlleva, en todos los casos, coacción y violencia sobre los animales usados como recursos. Consumir sus productos implica participar en su esclavitud.

Un lenguaje científico, sin ciencia alguna, para promover el consumo de productos lácteos apelando a la los aminoácidos esenciales

Me quedaré con el ejemplo anterior para ahondar sobre por qué esta afirmación constituye un ejemplo magnífico de lo que llamo «manipulación orweliana». Los aminoácidos esenciales son, desde el punto de vista nutricional humano (antropocéntrico) un conjunto de aminoácidos que debemos consumir en nuestra dieta porque nuestro organismo no es capaz de sintetizarlo (fabricarlo) por sí mismo.

Los aminoácidos esenciales, en distintas proporciones, se encuentran en muchos alimentos con proteínas. Basta con tener una dieta equilibrada entre productos con alta cantidad relativa de proteínas para suplir todos los aminoácidos esenciales. No se requiere consumir carne, leche o huevos para obtener todos los aminoácidos esenciales. Esto es un mito que la ciencia ya ha desmotando hasta la saciedad.

Decir que los productos lácteos contienen un aminoácido esencial, como si fuera algo exclusivo de estos alimentos, supone una forma de falsear la información y de otorgarle un exclusividad inmerecida.

El súmmum del asunto viene cuando señala «contribuye a la liberación de serotonina». Esto es rotundamente falso. Un aminoácido no puede contribuir a la liberación de nada. Un aminoácido sólo constituye una parte integral de una proteína, sería como un ladrillo entre millones en un edificio. Una proteína suele estar compuesta con decenas o centenas de aminoácidos que, unidos entre sí, forman una estructura espacial que le otorga una función orgánica al conjunto.

La serotonina es un neurotransmisor, una molécula que participa en modular la transferencia nerviosa en el cerebro. Se sintetiza a partir del aminoácido triptófano, un aminoácido esencial para los humanos. Resulta obvio que la información se refiere a que los productos lácteos contienen triptófano (lo cual es cierto) y que esto, de alguna forma, promueve la creación de serotonina. Esto último, en cambio, es una inferencia falaz.

La síntesis de serotonina está vinculada a la expresión génica y a la propia capacidad funcional de los órganos involucrados en producirla. Que alguien consuma un aminoácido esencial, o cualquier otro nutriente, no asegura la síntesis de las sustancias necesarias. En ello intervienen rutas metabólicas complejas y equilibrios entre productos intermediarios.

¡Derechos Animales ya! - Estructura de la proteína de la espícula viral del coronavirusRecreación por medio de microscopía electrónica de la estructura proteica de las proteínas que conforman la espícula viral del coronavirus, es decir, el conjunto de proteínas que aparecen en su superficie y que el virus utiliza para penetrar en las células animales (de humanos y de otras especies). Utilizo esta imagen para señalar que la ciencia puede emplearse fácilmente para manipular y convencer de falsedades. Cualquier pseudoprofesional podría haber dicho, falsamente, que la imagen de arriba corresponde una sustancia especial que tuvieran los productos lácteos para prevenir el cáncer y la gente de a pie se lo creería sin más.

[Fuente de la imagen]

Un ejemplo para que se entienda mejor

Parece que la estrategia de estas informaciones, posiblemente financiadas por empresas ganaderas, se basa en utilizar un lenguaje científico para inspirar credibilidad sin que les importe lo más mínimo la verdad o lógica de tales afirmaciones.

A modo de ejemplo, yo mismo podría escribir:

  • «El acetilCoA es un agente fundamental en la respuesta inmune».
  • «La cianocobalamina controla el ritmo circadiano».
  • «Aprender la tabla del cinco previene el alzheimer».

Todas estas frases son unos disparates que me he inventado sobre la marcha, pero aquella gente con intención de manipular siempre encuentra el modo de darles una explicación ad hoc.

Sin ir más lejos, los estudios científicos demuestran que los ejercicios de memoria ayudan a minimizar el avance del alzheimer, por tanto, cualquier periodista manipulador o comprado por alguna empresa podría sacar el titular de que numerosos estudios científicos avalan que estudiar la tabla del cinco previene el alzheimer, obviando el resto de ejercicios de memoria y todas las demás variables involucradas.

¡Derechos-Animales-Vacas-lecheras-aparcadas-en-batería-para-ordeñarlasAlgo que nunca podrán ocultar los medios comprados por la industria es que los animales son tratados como mercancías porque legalmente están catalogados como mercancías. Si nos importan los animales, entonces no basta con pedir que haya un mejor trato. Eso es legalmente imposible porque su trato, y todas aquellas acciones terribles que se les practican, corresponde a una previa cosificación social de índole cultural.

Conclusión

Los productos lácteos no contienen aminoácidos exclusivos ni pueden promover de ninguna forma que estemos más sanos, bronceados, fuertes o felices. Todos los nutrientes participan activamente en nuestro metabolismo y dependemos de ellos en su justa medida.

La publicidad en torno a los productos lácteos, la carne, los huevos y demás responde a la necesidad comercial de distintas empresas de promocionar o justificar el consumo de tales productos alegando supuestas bondades únicas y exclusivas con un lenguaje pseudocientífico y próximo a uno de telemárketing.

Algún lector podría pensar que sería conveniente contactar con los responsables del canal Bussi para exponerles estos hechos. Sin embargo, esto no sería sino un acto de ingenuidad. Hasta la fecha he contactado con diversos medios por ejemplos de manipulación incluso más graves y no he obtenido respuesta ni rectificación.

Existen muchos intereses contrarios al avance del veganismo y contra el entendimiento social de los Derechos Animales. Esto podemos observarlo cada día cuando se publican noticias falsas sobre supuestos veganos que matan a sus hijos, supuestos niños muertos por culpa del veganismo, los dichosos sellos de bienestar animal y las propias propuestas de las organizaciones animalistas —las relaciones públicas de las empresas ganaderas— cuando lanzan campañas monotemáticas para fomentar el consumo de carne o huevos ecológicos o «sin sufrimiento».

Si nos importan los animales, respetarlos y defender sus derechos es nuestro deber contra cualquier engaño a la altura de una novela de Orwell.

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¡Derechos Animales ya! - Cordero con crotales

La Fiesta del Cordero, matanzas por religión

¡Derechos Animales ya! - Cordero con crotales - Fiesta del CorderoLa Fiesta del Cordero es un sacrificio ritual musulmán en que el ser humano festeja su poder de dar muerte a inocentes.

Introducción

La Fiesta del Cordero, en árabe عيد الأضحى‎‎‎ [ʿīd al-aḍḥā], es un sacrificio ritual de corderos y de otros animales como parte de una festividad religiosa islámica. En este artículo, quisiera lanzar unas reflexiones sobre el significado antropológico de esta fiesta, su origen basado en el especismo y el tratamiento social y mediático de la cultura occidental en el seno de una sociedad posmoderna.

En otros muchos artículos he soltado pinceladas sobre las religiones y aspectos culturales que han determinado su existencia. Esta vez, me gustaría centrarme en la Fiesta del Cordero como ejemplo de matanzas por religión y de cómo el ser humano es capaz de practicar toda clase de acciones crueles e injustas en nombre de un dios o como representación de las enseñanzas de un libro sagrado.

¡Derechos Animales ya! - Manada de ovejas y corderosLos corderos, las ovejas y otros animales son víctimas de la creencia humana de que tenemos legitimidad para dominar y matar a los animales porque no son humanos.

¿Qué es la Fiesta del Cordero?

La Fiesta del Cordero es un festejo islámico caracterizado por el sacrificio ritual de un animal, comúnmente un cordero macho, para confirmar la sumisión de los fieles musulmanes ante Dios. Dicho sacrificio busca recrear la acción del profeta Abraham cuando Dios exoneró la vida de su hijo y le dijo que, en su lugar, le entregara a él un cordero en sacrificio. En el islam, la Fiesta del Cordero está inserta en el conjunto del sacrificio hahal.

Detrás este mito, como ocurre como todos, hay un componente antropológico que determina su surgimiento y perpetuación. La creencia de que exista un dios creador que creó a los seres humanos como vicarios sobre la Tierra —e incluso a su imagen y semejanza en el caso específico del cristianismo— y que nos otorgó potestad para señorear y disponer de todo lo existente a nuestro antojo refleja el interés y la búsqueda del ser humano primitivo de encontrar una forma de justificar y de canalizar su poder para someter a otros.

Para el islam, dicho poder encuentra su manejo y control en la aceptación de que Dios es el ser supremo y de que los fieles deben someterse ante su voluntad y deseos. Dado que el ser humano, de antes y de hoy, considera dogmáticamente que los animales existen para servirnos —y le atribuye a un ser supremo dicha condición inmutable e imperecedera según el orden natural de las cosas—, nuestra especie no duda en ejercer el sacrificio ritual de animales para así demostrar doblemente su sumisión frente a un ente en el que creen y demostrar su poder para dominar a todos los demás seres que lo rodean.

La Fiesta del Cordero, como cualquier otra acción basada en matar por un dios, se engloba en un conjunto de matanzas por religión que han conformado la triste y aberrante historia de nuestra especie desde que decidió expandirse por el mundo y buscarle un sentido a su existencia mientras exterminaba sistemáticamente a todo animal que no tenía utilidad o le molestaba.

¡Derechos Animales ya! - Oveja y corderoEl hacimiento, los crotales en la oreja y otras circunstancias son el resultado de la sistematización de costumbres heredadas de tiempos remotos basadas en el ejercicio de nuestro poder para someter a otros.

El origen de la Fiesta del Cordero

Para los fieles musulmanes repartidos por todo el mundo, la Fiesta del Cordero se une a otras costumbres propias de la zona e insertan sus ligeras modificaciones en cuanto a la fecha en que se celebra o al animal que toman como víctima de sus creencias antropocéntricas. La enorme divergencia de interpretaciones de una misma práctica ya sirve de manifiesto acerca de cómo el componente cultural se impone sobre cualquier argumentación lógica.

El sacrificio de corderos o de otros animales no responde a algo «natural» o «necesario». El ser humano explota y asesina a millones de animales todos los días porque, desde el Neolítico, ejercemos una discriminación moral basada en nuestro poder frente a los débiles. No se trata de la satisfacción de una necesidad; pues los seres humanos no tenemos ninguna necesidad fisiológica de alimentarnos de animales. La ganadería y otras formas de explotación animal —y de esclavitud animal— surgieron por beneficio personal y colectivo; no por estricta necesidad. Así como la esclavitud humana no surgió y se mantuvo porque estuviéramos forzados de algún modo a esclavizar a nuestros congéneres.

El surgimiento de festejos en torno a «la muerte de los diferentes» es una confirmación de nuestra propia identidad por medio de la alteridad, es decir, en función de aquello que nos define y distingue por nuestros rasgos y por aquello que somos capaces de causar en otros. Desde antaño, el ser humano practica la caza, la pesca y otras acciones como recreación o representación de su poder para dominar la naturaleza y a todo lo que en ésta habita.

El ser humano actual, con independencia de su religión o cultura, considera que los animales son seres inferiores cuyos intereses no existen o han de quedar supeditados a los nuestros. De tal forma, no cabe sorprenderse de que tanto en el pasado como en el presente, el tratamiento de los animales en la Fiesta del Cordero o en el día a día sea exactamente el mismo que cuando a alguien se le ocurrió escribirlo en algún soporte escritulario y a otros creérselo y transmitirlo como verdad absoluta.

¡Derechos Animales ya! - Bienestarismo de PACMA respecto a la fiesta del corderoPACMA y otros partidos y organizaciones animalistas sólo están en contra del sufrimiento animal y de lo que ellos consideran «maltrato animal». No protegen a los animales ni pueden protegerlos; pues tienen la misma mentalidad antropocéntrica que origina estos actos atroces.

El tratamiento de la Fiesta del Cordero en Occidente

El ser humano de Occidente ha pasado escandalosamente rápido desde una xenofobia recalcitrante hacia una falsa tolerancia posmoderna en que todos los aspectos culturales extranjeros merecen, por antonomasia, ser tolerados, respetados e incluso protegidos por ley.

Ocurre, sin embargo, que la legitimidad de una acción no depende de su origen cultural ni de la virtud de sus practicantes. Una acción es justa o injusta según si se amolda a principios éticos universalmente argumentables. Un argumento científico e incuestionable está en que no sólo los seres humanos poseemos intereses inalienables. Los demás animales con quienes compartimos el planeta también sienten, padecen, poseen conciencia y valoran sus vidas, libertad e integridad.

Por tanto, es igual de injusto atentar contra la vida de un ser humano y ponerlo en sacrificio que hacerlo con otros animales. Sin embargo, el especismo sigue siendo el prejuicio social más arraigado del mundo y, en combinación con ciertos valores posmodernos, como el relativismo moral o la inferencia ante las injusticias sufridas por terceros, nos encontramos con que la Fiesta del Cordero, y otras fiestas propias de culturas de Oriente, reciben un tratamiento especial basado en el acercamiento y la «comprensión».

Para mucha gente autoconsiderada progresista, la tauromaquia es un espectáculo terrible y espantoso. En cambio, la Fiesta del Cordero y cualquier acontecimiento de otras culturas es digno de consideración y tolerancia. Resulta fácil racionalizar aquellas injusticias de las que uno no es la víctima.

Esta razón —la racionalización o banalización— de sucesos que no nos afectan ha conllevado que, entre otros, aquellos colectivos considerados víctimas o marginados parezcan contar ahora con potestad para saltarse los principios éticos y las leyes en virtud de los crímenes e injusticias soportados por sus antepasados. Si cada quien se pusiera a revisar la historia de su familia podría encontrar así un argumento falaz para poder matar a su vecino. No es nada diferente de los argumentos esgrimidos para cometer atrocidades contra los animales.

Sin ir más lejos, el movimiento feminista actual no duda en participar en la opresión sistemática de animales promoviendo un empoderamiento femenino basado en el dominio y asesinato de animales. Y grupos contra el racismo se acuerdan de que sus antepasados de raza negra fueron esclavos en el continente americano para considerar que ellos, por su condición innata de víctimas, no tienen por qué preocuparse de ejercer como victimarios hacia terceros.

¡Derechos Animales ya! - Cordero en brazosLa humanidad debe transformar radicalmente su manera de percibir a los animales. Dicha transformación no pasa por la «compasión», sino por el respeto. Debemos respetar a los animales tal como hoy asumimos que debemos respetar a otros humanos. No hay más misterio.

Conclusión

La Fiesta del Cordero es un ejemplo de cómo las religiones —y, por extensión, toda cultura humana— enceguecen nuestra percepción de la realidad y fomenta un pensamiento inercial e ilógico, únicamente basado en intereses personales y de nuestros colectivos identitarios.

Dichos intereses se evidencian, una vez más, en la paranoia social dejada por la pandemia del coronavirus. La Fiesta del Cordero y otros acontecimientos populosos aparecen recogidos en los medios de comunicación por único argumento omnipresente de que deben extremarse precauciones para evitar los contagios. El mismo argumento que España alegó para decidir el asesinato de 92700 visones y que en otros países llegó a la cifra de más de 15 millones de visones —entre otros animales— que, después de haber sido traídos al mundo con violencia y egoísmo, fueron asesinados por la obsesión compulsiva de sus «dioses humanos».

Resulta irónico que los medios se centren en exclusividad sobre la transmisión del virus entre humanos y olviden, una vez más, que tanto el coronavirus como otros virus con vectores animales existen, surgen y se difunden debido a la crianza de animales para el placer gustativo de humanos ajenos a la justicia de quienes no sean ellos mismos o de sus conocidos.

En la actualidad, el grueso de los ecologistas —proteccionistas— únicamente alzan la voz contra las matanzas de animales en peligro de extinción porque, con independencia del motivo injusto que conlleve su asesinato, solamente les preocupa que una especie animal se extinga porque ello implicaría el cese de beneficios potenciales derivados de su explotación.

Mientras tanto, la mayoría de los animalistas —bienestaristas— únicamente hablan sobre la Fiesta del Cordero y otros festejos con animales para pedir un «buen trato» y un «menor sufrimiento» mientras otros humanos —o inclusive ellos mismos— los crían, los hacinan para transportarlos en un barco hasta algún rincón remoto del mundo, los venden en una plaza, les atan las patas, los disponen mirando a La Meca y les rajan la garganta hasta perder la última gota de sangre.

No hay nada indoloro en el asesinato de animales ni ninguna justificación, con independencia de que alguien sufra o no, para hacerles a otros aquello que no querríamos para nosotros mismos. A pesar de ello, todavía hay millones de humanos que se autoperciben como buenos creyentes o personas compasivas mientras perpetran o se convierten en cómplices de terribles e innumerables crímenes en nombre de la virtud o de la neotolerancia del siglo XXI.

Si nos importan los animales, entonces debemos ser consecuentes y dejar de participar o de excusar su explotación y asesinato. El principio ético que defiende la igualdad ética y legal hacia los animales se denomina «veganismo».

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¡Derechos Animales ya! - Fotografía de José Antonio Marina en el Aula de Cultura ABC de Sevilla

José Antonio Marina y el especismo ignorado

¡Derechos Animales ya! - Fotografía de José Antonio Marina en el Aula de Cultura ABC de SevillaJosé Antonio Marina, durante una entrevista en el Aula de Cultura ABC de Sevilla en 2018. Una entrevista a José Antonio Marina en el Diario de Sevilla sirve de ejemplo sobre la falta de perspectiva sobre el especismo.

[Fuente de la fotografía]

Breve análisis de una entrevista a José Antonio Marina en el Diario de Sevilla

No suelo leer la prensa. No lo hago casi nunca. Sin embargo, cuando incurro en la necedad de dedicar unos minutos de mi tiempo a un periódico, me doy siempre de bruces con una exposición de argumentos bastante pobre por parte del periodista de turno. En los medios de comunicación imperan y se propagan noticias falsas, sensacionalistas y manipuladoras sobre el veganismo y sus fundamentos, o científicamente falsas sobre los animales, sus habilidades, capacidades y situación legal.

En general, las entrevistas a ciertas personalidades suelen ser más enriquecedoras. Pero, incluso éstas rebosan de especismo e incongruencias sociales en una sociedad ciega de prejuicios y motivada por intereses personales o colectivistas.

El 15 de junio de 2021 leí una interesante entrevista a José Antonio Marina, filósofo y pedagogo, en el Diario de Sevilla, quien había publicado recientemente un ensayo titulado «Biografía de la inhumanidad», acerca de los horrores históricos que ha cometido la humanidad.

A pesar de que estaría de acuerdo con él en algunos asuntos políticos o religiosos, quisiera resaltar algunas palabras de esta entrevista a José Antonio Marina como ejemplo de un enceguecimiento particular y frecuente en el ámbito intelectual y académico. Existe una terrible falta de perspectiva sobre el especismo y su importancia histórica encontrada en las relaciones humanas.

He decidido escribir este breve ensayo para cuestionar una tendencia muy arraigada entre pensadores de nuestro tiempo: la falta de reflexión, de conocimiento y de perspectiva social sobre el especismo. Tomando estudios y argumentos ya expuestos en esta web, quisiera ahondar en cómo este déficit impide llegar a conclusiones morales lógicas sobre cómo prevenir las injusticias y aminorar sus detonantes biológicos y sociales.

¡Derechos Animales ya! - Captura de la entrevista a José Antonio Marina en Diario de SevillaCaptura de la entrevista a José Antonio Marina en el Diario de Sevilla.

Breve análisis de los argumentos expuestos por José Antonio Marina

Un punto de partida nada novedoso

Sin ánimo de enjuiciar apresuradamente la labor intelectual de José Antonio Marina, lo cual no es el objeto ni objetivo de este texto, sí quisiera señalar algunos errores que considero importantes en sus palabras emitidas durante su entrevista citada al Diario de Sevilla.

Quisiera limitarme a indicar la incorrección de sus argumentos expuestos sobre los animales y su aparente desconocimiento sobre las nuevas teorías o estudios habidos respecto a la temática de su ensayo.

José Antonio Marina afirma que todos los horrores se repiten mediante un mismo mecanismo y que deberíamos identificarlo por el bien de todos. Este planteamiento podría considerarse retórico; pues se conocen con bastante cercanía distintos fenómenos biológicos y sociales que condicionan la aparición y desarrollo de discriminaciones morales, las cuales, bajo una ideología determinada, consiguen establecer un paradigma de dominación sobre aquellos sujetos incapaces de defender sus intereses inalienables frente a un poder hegemónico.

El mito de la exclusividad humana

En su siguiente intervención, José Antonio Marina parece sugerir que las dificultades encontradas para analizar el origen de las injusticias reside en la propia exclusividad humana, a saber, su inteligencia.

El alto grado de inteligencia lleva a los humanos a poder pensar y ejercer actos más elaborados y a adquirir agencia moral (responsabilidad sobre sus actos). Efectivamente, sólo los seres humanos podemos ser crueles porque sólo los humanos con plenas facultades podemos ejercer acciones que sabemos y entendemos como injustas e incorrectas.

Sin embargo, como muestran sus palabras, José Antonio Marina confunde gravemente dos categorías: inteligencia y agencia moral. Y, a partir de esta confusión, emite la petición de principio de que los animales no son crueles ni tienen compasión.

Que los animales ajenos a nuestra especie carezcan del grado de cognición necesario para responsabilizarse éticamente de sus acciones no significa que carezcan de inteligencia. Es cierto que un animal no puede ser cruel ni debemos enjuiciar sus acciones desde el punto de vista moral, sin embargo, ello no implica que los animales carezcan de raciocinio.

La inteligencia animal es algo estudiado desde el siglo XIX y ampliamente aceptado en la ciencia. Huelga recordar que, no en vano, existe la ciencia etológica y que los modelos conductuales de animales se utilizan para la experimentación y análisis del comportamiento humano.

La afirmación —certera pero inargumentada — de que los animales no pueden ser crueles lleva a José Antonio Marina a cometer una falacia del consecuente. Que los animales no sean crueles no significa que carezcan de compasión. Mientras que la crueldad pertenece a la categoría del enjuiciamiento moral, la compasión entra en la categoría de la respuesta moral.

Por estudios científicos sabemos que los animales sí poseen empatía y que sí muestran comportamientos altruistas y compasivos que podría catalogar como «protomorales». Y no únicamente con sus semejantes o con quienes podría mantener pactos contractuales.

Una falta de perspectiva sobre el especismo

José Antonio Marina nos recuerda, con absoluta verdad, que todos podemos cometer atrocidades por falta de reflexión y un proceso de adoctrinamiento motivado por una ideología. Respecto al caso del nazismo, pocas reflexiones vienen tan bien a colación como la reflexión el ensayo de la filósofa Hanna Arendt sobre la banalidad del mal.

Por desgracia, nuestro entrevistado no cayó en la cuenta de que este proceso de adoctrinamiento, deterioro y presión social es exactamente el mismo que lo ha convertido a él en un humano especista que considera dogmáticamente a la especie humana como superior y diferente de los animales y que, al mismo tiempo, los considere cual simples objetos que existen para servirnos.

¡Derechos Animales ya! - Varano enjaulado en un zoológicoFotografía de un varano enjaulado en un zoológico. Hasta hace poco, el ser humano ha ejercido la esclavitud humana y el genocidio de pueblos por las mismas razones que todavía hoy esgrimimos para criar, encerrar y asesinar animales en nombre de nuestra superioridad.

Conclusión

Se vuelve imposible tratar de estudiar o de combatir las injusticias sociales si incluso aquellos individuos que analizan y aspiran a comprender el origen y motor de las injusticias sociales no realizan un esfuerzo de introspección para cuestionar y desterrar sus propios prejuicios arraigados.

Volviendo al inicio de esta entrada, las evidencias y argumentos ya existentes nos permite sostener una idea básica: los humanos hemos esclavizado y cometido genocidio contra otros pueblos al cosificarlos tal y como hacemos con los animales.

Por ello, el primer paso de cualquier pensador filántropo debería ser el de analizar y cuestionar por qué los humanos empezamos a cosificar los animales y cómo el mantenimiento del especismo conlleva, indefectiblemente, una injusticia universal hacia los demás animales y una promoción explícita hacia el abuso y cosificación de otros seres humanos.

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