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¡Derechos Animales ya! - Perro da un masaje a otro perro

¿Matar animales por su propio bien?

¡Derechos Animales ya! - Perro da un masaje a otro perroLos animales sienten, padecen, buscan experimentar emociones y disfrutan de sus vidas. Quienes alegan que sea correcto matar animales por su propio bien no han entendido que sus vidas no nos pertenecen.

Introducción

La versión más extrema del argumento de explotar animales por su propio bien quizás lo encontramos en esos amores que matan. ¿Acaso sería ético matar animales por su propio bien? Este artículo deriva de un ensayo previo. Recomiendo leerlo —enlace anterior— para entender mejor éste.

Como he expresado en más de una ocasión, es más fácil que cualquier explotador de animales se vuelva vegano antes que un animalista. Quienes se denominan de tal forma suelen mostrar preocupación hacia los animales mientras mantienen los mismos hábitos y creencias que el resto de la gente. Sin embargo, como ellos se perciben a sí mismos como buenas personas hacia los animales, consideran que ya hacen lo correcto o suficiente.

Posiblemente, el caso más flagrante sobre el especismo animalista se evidencia en que muchos animalistas estarían dispuestos a matar a sus propios animales rescatados antes que darlos en adopción.

A continuación, expondré una de las consecuencias más terribles del bienestarismo y por qué esta ideología es tanto incompatible como un obstáculo para la comprensión generalizada de los Derechos Animales.

¡Derechos Animales ya! - Captura titular de noticia anciano mata a sus 13 perros - Matar animales por su propioa bienCaptura de la noticia citada. Las redacciones de hechos asociados a animales suelen adolecer de múltiples inexactitudes terminológicas. En este caso, el uso de la palabra «mascota» (esclavo de compañía) representa correctamente la visión que este hombre tenían hacia sus perros.

Un anciano con cáncer asesina a sus 13 perros

Hace poco, me topé con la noticia de que un anciano con cáncer terminal se había quitado la vida tras asesinar a sus 13 perros. El anciano, al parecer, lo hizo por la creencia de que sus perros estarían mejor muertos que vivos cuando él muriera. Esta forma de pensar responde a un amor cosificador con que los humanos nos adjudicamos potestad para decidir sobre las vidas de los animales e imponer nuestra voluntad, y creencias acerca de la realidad hasta el punto de decretar su asesinato.

Lo que haga cualquier persona humana —especista promedio— no me sorprende; pero sí lo hace, con mayúsculas, que un grupo de personas autoconsideradas veganas pase a decir que ellos también lo habrían hecho. Tener que explicarle a un vegano que matar a un animal está mal creo que sería como descubrir América o algo semejante.

Al leer esto, habrá quienes dirán: «no son veganos pero tampoco son animalistas». Esto es un error. La corriente mayoritaria del animalismo está conformada por los bienestaristas. Un bienestarista sólo está en contra del «maltrato animal», es decir, del sufrimiento de los animales.

Un bienestarista siempre preferirá la muerte de un animal ante el riesgo o la posibilidad de que sufra, aun cuando no sea real ni tengamos legitimidad alguna para decidir sobre sus vidas.

Sin ir más lejos, PETA ha reconocido en muchas ocasiones que ha practicado el asesinato de perros abandonados para evitar que sufrieran. Y las organizaciones de ámbito hispano, como PACMA, Igualdad Animal y Anima Naturalis, tienen exactamente la misma mentalidad.

Da igual si el responsable humano considera que estarían mejor o peor tras su fallecimiento, no tendríamos la legitimidad para hacerlo con nuestros perros como tampoco con nuestros hijos. Este caso me recuerda al del fanático Joseph Goebbels —mano derecha de Adolf Hitler— y a su esposa, quienes mataron a sus seis hijos para «protegerlos» de vivir en un régimen comunista tras la caída de Alemania.

Tales supuestos veganos —que no lo son, por incumplir la definición— están diciendo, en pocas palabras, que se creen con derecho a quitarles la vida a sus animales por su sola creencia de que esos animales estarán únicamente bien con ellos. Ese argumento es exactamente igual que el de un maltratador y de quien se autopercibe como dueño de una propiedad.

Se vuelve imposible hablar sobre veganismo si la sociedad adolece del mínimo entendimiento de ética básica. ¿Cómo alguien va a comprender que los animales merecen respeto si piensa que sus animales adoptados —o sus hijos— deben morir si ellos lo estiman oportuno?

¡Derechos Animales ya! - Hombre con cuchillo en posición amenazanteMatar está mal con independencia del motivo. La creencia de que un animal estará mejor muerto que vivo responde a una visión utilitarista (bienestarista) hacia los animales.

El argumento de matar animales por su propio bien procede de una cosificación moral

La base del problema está en que tales individuos, ya fueren veganos o no, perciben a los animales como objetos que sufren; en lugar de como sujetos que valoran sus vidas y que quisieran seguir viviendo a toda costa.

Muchos animalistas y gente autoconsidera vegana cree, erróneamente, que lo más básico que podemos hacer por los animales consiste en «evitarles sufrimiento». El sufrimiento, en tanto que es subjetivo e incuantificable, nunca puede funcionar como criterio moral para establecer si una acción es correcta o incorrecta. Nuestro deber reside en respetar a otros sujetos y no tomar decisiones por sus vidas sin su consentimiento. Los animales no nos dan su consentimiento para que los matemos.

Nuestro deber con los animales reside en respetar sus intereses inalienables: vida, libertad e integridad. Matarlos por el riesgo potencial de que otros lo hagan equivale a matar a nuestros hijos con el argumento de que terminarán en adopción, con un familiar borracho o yo qué sé. Si los mata el Estado o un posterior adoptante, el asesino es el Estado o el adoptante; si los matamos nosotros, los asesinos somos nosotros.

Este ejemplo resulta muy similar a cuando el Estado o cualquier autoridad competente decreta el asesinato («sacrificio») de determinados animales por estar enfermos, infectados o, siquiera, por la posibilidad de que lo estén. Excusar acciones en el presente apelando a la potencialidad es siempre falaz.

¡Derechos Animales ya! - Pastor ovejero australiano recostado sobre hierbaHay quienes alegan que matar animales está bien porque sufren o sufrirán en un futuro. Ese argumento valdría para quitarles la vida a cada ser humano sobre la Tierra. todos sufrimos o sufriremos en algún momento y el sufrimiento, en sí mismo, no sirve como criterio ético para justificar acciones.

La falacia de la potencialidad

Se denomina «falacia de la potencialidad» al argumento de que está bien una acción en el presente porque tendrá —o podría tener— beneficios en el futuro. Esta falacia está íntimamente relacionada con la mentalidad bienestarista típica de los animalistas.

De hecho, esta falacia de la potencialidad es la que lleva a muchos animalistas a defender la castración y otras formas de mutilación en animales. La creencia o hipótesis de que los animales podrán sufrir o padecer enfermedades en el futuro no justifica atentar contra sus vidas y cuerpos en el presente. Incurre en el mismo argumento errado de justificar la castración o mutilación en nuestros hijos e hijas para prevenir un futuro cáncer de mama o de próstata.

Hay quienes tratan de excusar o autoengañarse sobre sus acciones utilizando eufemismos como «eutanasia» o «dormir». Matar a alguien con un fin se denomina «asesinato». Y si entendemos que los animales son personas —sujetos— en un sentido ético, matarlos entonces se denominaría de esta manera.

Y huelga señalar que, al usar el término «dormir», el objetivo interiorizado del emisor no es otro que asimilar o equiparar estar muerto con estar dormido. No tiene nada que ver lo uno con lo otro. No podemos discutir la moralidad de una acción si quienes las perpetran o excusan utilizan términos absolutamente diferentes de los requeridos para tratar un asunto moral.

Que los animales quieren seguir viviendo es científicamente objetivo porque eso nos lo demuestra la observación empírica. Si uno se pone a investigar sobre perros discapacitados, descubre que más quisiera un ser humano tener esa capacidad de autosuperación. Ellos desean vivir en situaciones en que un ser humano normal y corriente desearía el suicidio.

No obstante, hay animales, como los delfines, que aprenden a suicidarse por depresión al estar encerrados en delfinarios. Nuestro instinto de supervivencia prevalece siempre. Incluso aquellos humanos que se suicidan se arrepienten de haberlo hecho milésimas de segundo más tarde.

No ayuda en nada que un animalista trate de atemperar sus emociones ocultando la trascendencia de sus acciones. Una valoración racional nos exige eliminar las emociones y a pensar con cabeza fría. Que uno pretenda lo mejor para otros no significa que sus acciones sean éticamente correctas por defecto.

¡Derechos Animales ya! - Gatito subido a un árbolQue un animal sea —o parezca— indefenso ante el ser humano no significa que no pudiera sobrevivir solo o con otros humanos ni, por supuesto, su adopción o tenencia nos otorga potestad para decidir sobre sus vidas.

Conclusión

Quienes justifican el argumento de matar animales por propio su bien no han entendido, por desgracia, que la vida de sus animales importa por encima de todo, incluido el hipotético sufrimiento que pudieran experimentar después. Nosotros no somos responsables de lo que otros hagan ni tampoco de si ocurre un terremoto u otra desgracia natural; pero sí somos responsables de matar o de perjudicar a aquéllos que decimos amar si así lo hacemos.

Esta creencia deriva del bienestarismo y se expresa en sumo grado en quienes se autodeminan «sensocentristas». Para este colectivo utilitarista, los animales son objetos que el ser humano debe manejar y gestionar con el único fin hipotético de que no sufran. Si esta gente considera que un animal estará mejor muerto, lo matarán con sus propias manos. En este sentido, cabe recordar un buen artículo del activista Luis Tovar, titulado «El ángel de la muerte».

El veganismo se basa en el respeto hacia los animales para la defensa de los Derechos Animales. Quienes propugnan para los animales acciones que no aplicarían para sí mismos o para otros humanos incurren en un sesgo especista —y egoísta— derivado de su propio antropocentrismo.

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¡Derechos Animales ya! - Yegua tomada de la cabezada

¿Es ético el coaching con caballos?

¡Derechos Animales ya! - Yegua tomada de la cabezada - Coaching con caballosLos caballos y otros animales están expuestos a la demanda humana para distintos usos. En entrada hablo sobre el coaching con caballos.

Introducción

Este artículo deriva de un ensayo previo en el cual abordo el argumento de que sea correcto explotar a los animales por su propio bien. Recomiendo leerlo (enlace anterior) para entender éste.

En una entrada previa, he hablado sobre la equinoterapia y las explotaciones compasivas, y acerca de las reconversiones de la explotación animal según nuevas demandas sociales. En la misma línea que éstas se hallan algunos pocos tipos de explotación animal en que a los caballos y otros animales se los usa como recursos sin practicar violencia física.

En el ensayo presente, voy a centrarme en un ejemplo de explotación animal que puede ser beneficiosa para el propio animal. La pregunta es: ¿justifica eso su explotación al servicio de seres humanos?

¡Derechos Animales ya! - Potro y yegua ante públicoPotro y yegua ante un público observador.

¿Qué es el coaching con caballos?

Antes de hacerme vegano, conocí a una chica suiza que había reconvertido su centro ecuestre en un centro de coaching con caballos. El coaching con caballos engloba una serie de actividades comerciales en que se ofrece un servicio a humanos, con diversas necesidades e inquietudes, para mejorar su comprensión sobre un asunto personal o profesional por medio de su acercamiento y manejo directo de caballos amansados.

Por lo general, incluye actividades pie a tierra —sin montar a caballo— en que los participantes observan el comportamiento de los animales, se acercan y estudian las reacciones de éstos.

Esta joven, al parecer, atendía a empresarios que buscaban afianzar su carácter y capacidad de liderazgo en el sector profesional estudiando cómo se relacionaban con el acercamiento de los caballos. Ella se consideraba vegana y decía que, desde hacía un tiempo, ya no se los montaba y que se les dejaba la mayor libertad posible.

A pesar de que, entonces, mi comprensión de los Derechos Animales no era demasiado profunda, me chirriaba que el veganismo pudiera ser compatible con la explotación de animales.

Ella lo enfocaba en que el dinero ganado se retribuía en los propios caballos y que ello le había permitido recoger y adoptar a más caballos abandonados o que habrían acabado en el matadero. También señalaba que era la única forma de lograr que sus animales rescatados subsistieran.

Mantener caballos, y a otros animales, por su propio bien es una acción altruista. No obstante, al mismo tiempo, utilizar caballos y a otros animales en beneficio humano siempre incurre en explotación. ¿Una acción altruista justifica, a su vez, una acción explotadora? ¿Cuidar a alguien por su bien justifica obtener un beneficio por ello?

¡Derechos Animales ya! - Chica acaricia el hocico de un potroLos potros y los niños tienen mucho en común. Ambos muestran inocencia y empatía. Estos rasgos se ven perdidos durante el proceso de socialización humana como fruto del antropocentrismo.

La explotación animal es similar a la explotación infantil

En términos humanos, no sería ético —y sería ilegal— utilizar niños u otros humanos que no pueden brindar su consentimiento para recibir el acercamiento de otros, por cualquier motivo, mediante un intercambio monetario. La única excepción estaría en que dicho intercambio monetario tuviera como el fin el cuidado de tales sujetos —como una niñera—; no su uso.

No cabe imaginarse cosas feas, como una violación. De hecho, en distintos países está prohibido que los niños actúen en películas y conciertos porque se considera que, hasta que no alcancen una determinada edad, no son plenamente conscientes de sus acciones ni de las consecuencias de sus acciones. Aparte de que, en no pocos casos, sus padres y agentes se lucran a costa de tales niños.

Está meridianamente claro que, para un caballo, es bastante mejor estar en un albergue al aire libre y recibir unas pocas visitas de cuando en cuando que hallarse en la cuadra de una yeguada, o de un centro hípico, y estar explotado a cada rato por grupos humanos que se le suben al lomo o lo enganchan a un carro.

No obstante, practicar el coaching con caballos sería semejante a que padres humanos viniesen a un centro de acogida para conocer a los niños y aprender a educarlos mejor. Para dichos niños, el acercamiento de desconocidos no suele ser agradable, sobre todo, cuando ya han sufrido maltrato y rechazo. Lo mismo cabe decirse de estos animales y de sus experiencias con nuestra especie.

Querer lo mejor para nuestros animales o tenerlos muy bien cuidados no convierte tales acciones en un ejemplo de altruismo ni de justicia. La propia doma y los condicionamientos requeridos previamente para su uso ya implican coerción por sí mismos.

Si entendemos que los animales merecen el mismo respeto que otros seres humanos y el mismo que desearíamos para nuestras personas, comprendemos que no es justo utilizar a nadie ni que nos utilizaran a nosotros mismos.

¡Derechos Animales ya! - Manada de caballos blancosManada de caballos en un centro ecuestre de Centroeuropa.

¿Albergues o zoológicos?

Hay albergues —llamados «santuarios» por influencia del inglés— supuestamente veganos, que promueven y cobran por las visitas a sus animales recogidos y se lucran al ofrecer servicios con tales animales. Para comprender con profundidad la delgada línea entre un albergue y un zoológico recomiendo la lectura de un artículo maravillosamente escrito por el activista Igor Sanz.

Que un centro de coaching con caballos, un santuario o cualquier otro lugar abra sus puertas para la satisfacción personal de los propios humanos, e incluso cobrando una entrada por ello, sobrepasa la línea que los separa de un ser un bien para los animales para convertirse en una empresa que mercadea con sus vidas, experiencias y sentimientos.

Hay quienes aducen que tales visitas, incluso cuando existe lucro, contribuyen a concienciar a la gente sobre los animales y sus cuidados. La única concienciación compatible con los Derechos Animales sería hablarles sobre el imperativo ético de ser veganos y de no explotarlos. Esto puede lograrse al contar nuestras vivencias y las terribles historias con que tales animales han llegado al centro. No se necesita, ni se justifica, instrumentalizarlos con un fin supuestamente noble.

Posar y hacerse un selfie junto a un caballo o a oveja incurre en una cosificación que no se diferencia, en lo más mínimo, de lo que pasaría en un zoológico tradicional. ¿Los animales están aire libre y un paraje más natural? Sí, pero no son libres y se los usa como recursos o intermediarios para obtener dinero. Ahí está la explotación animal antedicha y la vulneración de los Derechos Animales.

Los caballos y otros animales son esclavos del ser humano, tanto en un sentido legal como tácito. Viven con nosotros porque nuestra especie los ha forzado a ello. No existe ni puede existir ninguna relación mutualista en que una de las especies condiciona todos los aspectos de la vida de la otra.

Los animales, con independencia del trato que reciben, no eligen ningún aspecto de sus vidas: alojamiento, alimentación, reproducción, contactos sociales, migración, etc. Toda forma de explotación animal, por definición, vulnera los intereses inalienables de las víctimas (vida, libertad e integridad) en tanto que establece unos parámetros o condiciones que el animal no puede vencer a pesar de que muestre oposición.

En el caso del coaching con caballos, tal actividad constituye una forma de explotación animal porque se los utiliza como servicio en beneficio de seres humanos y se vulnera la libertad e integridad de dichos animales.

Evidentemente, su falta libertad reside en que no pueden escoger qué comer o dónde vivir; y su falta de integridad radica en que, como consecuencia de la coyuntura generada por su explotación y domesticación, normalmente son castrados o reciben alguna manipulación para facilitar su manejo y estancia.

¡Derechos Animales ya! - Caballo en un redil - Coaching con caballosCaballo con una cabezada puesta dentro de su redil. Los animales sólo disponen de aquello que les damos, y solemos darles aquello que nos renta respecto al beneficio que nos granjea su explotación.

Conclusión

Muchos veganos piensan que es una completa pérdida de tiempo hablar con ganaderos y diversos explotadores de animales porque, cuando los ingresos económicos de alguien dependen de la explotación animal, se establece un fuerte bloqueo emocional que impide reconocer la injusticia de las acciones propias.

Por mi parte, creo que todos podemos cambiar si tenemos la voluntad de hacerlo. Ha habido y hay historias muy esperanzadoras de ganaderos que, tras haber estado durante generaciones criando animales y enviándolos al matadero, han decidido dejar de perjudicar y de matar animales. Si ellos pueden, ¿quién no?

La sociedad general se estremece a diario con sucesos como la matanza de caballos salvajes en Australia, el asesinato del caballo Jet Set, el uso de caballos en rituales satánicos en Francia, su mofa por parte de periodistas y otros muchos más ejemplos terribles y derivados de la explotación ecuestre.

Mientras nosotros, quienes nos preocupados por los animales, sigamos mostrándolos como objetos o usándolos cual recursos para fines humanos, la sociedad seguirán percibiéndolos de esa misma manera.

En definitiva, en un mundo especista, basado en el poder y el lucro por la explotación y miseria de los animales, somos nosotros quienes debemos romper ese paradigma e intentar vivir sin participar en ninguna forma de explotación animal. Ése, y no otro, es el significado del veganismo.

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¡Derechos Animales ya! - Cordero blanco y cordero negro

¿Explotar animales por su propio bien?

¡Derechos Animales ya! - Cordero blanco y cordero negro - Explotar a los animales por su propio bienEl ser humano ejerce la explotación animal por su propio interés. Sin embargo, a menudo encuentra excusas para explotar animales por su propio bien.

Introducción

En otros ensayos previos he argumentado sobre tipos de explotación animal, su definición, orígenes y por qué es injusta. A menudo, circunstancias muy complicadas o especiales propician que la explotación de un animal pueda servir en su propio beneficio, o bien, que el explotador lo interprete así por sesgos emocionales o de vinculación económica.

En esta entrada, quisiera transmitir algunas reflexiones y ejemplos sobre el argumento de explotar a los animales por su propio bien. Voy a exponer algunas situaciones reales y cotidianas para ofrecer razones acerca de cuál sería nuestro deber si nos consideramos personas humanas interesadas en velar por los animales y en ser justos con ellos.

Hay también un ensayo titulado de forma semejante, escrito por el activista Luis Tovar. No obstante, la finalidad de ambos escritos es muy diferente. En aquel texto, Luis Tovar hablaba sobre el argumento de manipular o explotar a los animales salvajes —aquéllos que no dependen o están supeditados físicamente a nosotros— con el fin de beneficiar a otros. En el caso presente, me refiero exclusivamente a cuando el ser humano participa en la explotación animal con el argumento de beneficiar a los propios animales explotados.

¡Derechos Animales ya! - CervatilloUn fin noble no implica que los medios empleados sean justos o coherentes con éste. Por ejemplo, salvar la vida de animales salvajes no justifica su encierro en zoológicos ni comerciar con sus vidas. Quienes justifican lo uno con lo otro utilizan a los animales como ‘alter ego’ de sus propios intereses.

El fin no justifica los medios

Para entender el punto central de la cuestión, se vuelve necesario comenzar por una serie de premisas teóricas. El famoso aforismo de «el fin no justifica los medios» nos señala, con acierto, que perseguir un fin bueno, justo o positivo no legitima automáticamente cualquier cosa que hagamos para conseguirlo. Tales fines como medios deben estar regidos por la ética, es decir, por una valoración racional sobre nuestras acciones.

En un sentido filosófico, decimos que un sujeto es un fin en sí mismo. Esto significa que su vida no está —ni debiera estar— al servicio de otros. Los animales son también sujetos de sus vidas —son personas— porque poseen conciencia, sentimientos y capacidad de sentir y experimentar.

Explotar animales —utilizarlos como medios para un fin— no deja de ser inherentemente injusto, aunque el propio sujeto sea un fin de su propia explotación. La razón para ello está en que el propio hecho de explotar, aun en beneficio del propio sujeto explotado, ya implica la vulneración de su voluntad e intereses inalienables.

¡Derechos Animales ya! - Cisne hembra con su cría en la espaldaCasi la totalidad de las relaciones que mantenemos con los animales son de tipo de explotador. La sociedad se empecina a buscar justificaciones, armonías y equilibrios naturales donde no los hay.

Diferencia entre altruismo y explotación

Con cierta frecuencia, mucha gente se percata de que los animales no pueden darnos su consentimiento libre e informado para participar en actividades con nosotros o para brindar algún servicio que se retribuya en ellos mismos. Ante estos hechos, incurren en la conclusión falaz de que, como no pueden decirnos «sí» o «no», entonces también decidir por ellos; ya sea buscando su bien o el nuestro. En términos humanos hablamos de la falacia «a silentio».

De hecho, la mayoría de quienes explotan animales —incluso ganaderos, cazadores o taurinossuelen alegar que sus actividades también benefician a sus animales explotados y a otros, apelando al bienestar animal, a que viven mejor de como lo harían en la naturaleza, o esgrimiendo el argumento conservacionista de que evitan la extinción de especies. ¿Son acaso estas acciones altruistas?

Acontece, pues, una confusión entre altruismo y explotación. Una acción altruista es aquélla que se hace sin esperar nada a cambio. Y una acción explotadora es aquélla que siempre genera un beneficio para quien la practica, con independencia de que el sujeto explotado también reciba algún beneficio.

Seamos claros, quien cría y explota animales no practicaría ninguna de tales acciones si no recibiera algo a cambio; ya sea dinero, diversión o cualquier otra cosa. Ello nos permite demostrar que no existe altruismo alguno. Además, argumentos como el de la conservación de animales son inherentemente antropocéntricos; pues el mantenimiento de la biosfera se plantea únicamente como un problema porque perjudica a intereses humanos.

Y, por supuesto, no hemos de incurrir en el error de pensar que sólo determinadas actividades, como las antedichas, sean los únicos ejemplos de explotación animal. Los propios animalistas participan a diario en la explotación animal de sus propios animales y de tantos otros.

Las organizaciones animalistas tampoco defienden a los animales ni sus derechos. Su enfoque se limita a condenar la violencia excesiva —sin cuestionar su origen— para lograr regulaciones sobre la manera de criar, explotar y asesinar animales para beneficio de los humanos y tranquilizar conciencias.

¡Derechos Animales ya - Gatitos recogidos en las manos de un hombreSi uno adopta animales por su propia conveniencia y no los respeta, no está siendo altruista ni justo con ellos.

¿Acción altruista o acción explotadora?

Para enredar un poco más el asunto, cabe recordar dos aspectos esenciales para valorar la moralidad de una acción:

  1. Una misma acción puede considerarse altruista o explotadora según cuál sea la motivación de quien la practica. Como ejemplo, tenemos casos como el de la castración o el de la tenencia de animales. Si uno castra a un animal porque quiere evitar aquellos comportamientos que considera molestos, entonces está obteniendo un beneficio por aquella acción. Y si uno tiene animales únicamente para disfrutar con su compañía o para presumir de su tenencia, entonces está obteniendo igualmente un beneficio. Ambas acciones son ejemplos de explotación animal.
  2. Una acción altruista puede ser injusta aunque no pretenda ningún mal hacia el animal. Por ejemplo, cuando alguien recoge a un polluelo que se ha caído del nido con la intención de salvarlo, está ejerciendo una acción altruista. Sin embargo, como ocurre en la mayoría de los casos, recoger animales salvajes sin ningún tipo de experiencia respecto a su manejo equivale a condenarlos a muerte. Si uno es culpable de su muerte por haber tomado una mala decisión, hablamos de una acción altruista pero injusta.

Criadero de perrosLas organizaciones y colectivos animalistas se acuerdan constantemente de la situación de perros y gatos mientras no van a la raíz del problema: el especismo. El Partido PACMA ha utilizado varios veces esta imagen en dominio público y otras semejantes para lucrarse a costa de la miseria de los animales.

Casos estudiados sobre el argumento de explotar animales por su propio bien

Este ensayo iba a contener originalmente mi reflexión sobre dos casos reales en que se esgrime el argumento de que sea correcto explotar animales por su propio bien. Sin embargo, la enorme longitud del escrito me hizo preferir que ambos casos aparecieran en entradas independientes para facilitar su lectura, indexación y búsqueda desde los motores de internet.

Podrá leer dichos artículos pulsando en los títulos inferiores:

Caso I: Coaching con caballos

Caso II: Perros asesinados por sus adoptantes

Conclusión

Nunca es correcto explotar a los animales por su propio bien porque el mero hecho de explotarlos ya implica vulnerar sus intereses inalienables. Debido al antropocentrismo y a la falta de reflexión moral sobre nuestras acciones, algunos de los mayores defensores de los animales son también algunos de sus mayores explotadores.

Queda en nuestra mano analizar y reflexionar sobre los razonamientos y ejemplos expuestos con anterioridad para ser justos con los animales. El veganismo trata simplemente sobre eso.

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¡Derechos Animales ya! - El juego del calamar

«El juego del calamar», crítica vegana

¡Derechos Animales ya! - El juego del calamar - Carreras de caballos - Serie surcoreana«El juego del calamar» (Squid game) es una serie surcoreana cuyo desarrollo sirve para hacer una crítica vegana a las carreras de caballos.

Introducción

La serie surcoreana titulada «El juego del calamar» (Squid game) está siendo este mes, septiembre de 2021, un exitazo en Netflix. En esta entrada me gustaría hacer una breve crítica vegana sobre dicha serie. Ésta no será una crítica cinematográfica: no daré detalles del argumento ni mencionaré nada que no se ajuste a este fin; pues tampoco deseo fastidiar el interés de alguien por verla.

Una crítica vegana a «El juego del calamar»

En esta serie se realiza una analogía entre la explotación humana y las carreras de caballos. Como sucede con el caso de los animales, nuestra sociedad cree que el poder nos otorga potestad para divertirnos a costa de los más débiles.

La humanidad se divierte por medio de las carreras de caballos porque podemos dominar (domar) a los caballos y usarlos para aportar y entretenerse viéndolos ejercer sus actividades.

De un modo análogo, en la serie tenemos a una serie de individuos cuyo enorme poder les permite someter a otros humanos para divertirse a su costa como si fueran caballos en una competición. Como a los caballos, a tales humanos se los numera, se los pone en fila, se los mantiene a raya y se les provee lo mínimo necesario para rentabilizar su uso y disfrute.

Si el poder humano sobre los animales está en nuestra inteligencia y herramientas; el poder humano sobre otros humanos está en el dinero (riqueza frente a pobreza) y en un vacío de poder ayudado por éste. En este sentido, podemos relacionarlo con la esclavitud negra y la no-persecución de ningún crimen cometido por blancos sobre negros en el siglo XIX.

A los animales de todo el mundo los discriminamos, los cosificamos, nos divertimos a su costa y les negamos cualquier tipo de protección legal usando las mismas razones que nos llevaron a perpetrar la esclavitud humana y las mismas razones que sustentan los juegos mostrados en esta serie de ficción.

El protagonista termina sintiéndose consternado por la impunidad de tales actos y la terrible cosificación con que son tratados por parte de los enmascarados. Tales hechos son la consecuencia de que la humanidad cosifique a otros individuos partiendo de criterios irrelevantes como el dinero, el poder, la raza y la especie.

¡Derechos Animales ya! - Participantes de El juego del calamarLos participantes son engañados y coaccionados para servir como instrumentos para la diversión de otros humanos. Lo mismo sucede con los animales explotados por entretenimiento en circos, zoológicos y otros centros de explotación animal.

[Fuente de la imagen]

La explotación humana y la explotación animal

En otras muchas entradas previas he explicado que, por desgracia, la humanidad tiene dificultad para percibir y entender analogías, incluso cuando, en el caso de «El juego del calamar» son evidentes y aparecen en boca de los personajes. De hecho, a pesar de las innumerables muertes, tres de los protagonistas aparecen en una escena comiendo carne que podía haber sido de cualquier de sus congéneres. Hacia el final de la serie, nuestro protagonista termina diciendo: «Yo soy una persona. No soy un caballo». Esto habría equivalido a decir en la época: «Yo soy un blanco. No soy un negro».

Entonces, el error estaba en creer que teníamos legitimidad para subyugar a otros individuos por pertenecer a una raza distinta. Y hoy, nuestro error sigue estando en creer que tenemos legitimidad para subyugar a otros individuos por pertenecer a una especie distinta. Tanto la raza como la especie son factores irrelevantes.

Todos los sujetos sentimos y padecemos con independencia de nuestras características biológicas; pues todo organismo dotado de células nerviosas puede experimentar emociones, tener deseos y buscar su libertad. Todos los animales somos personas (individuos con personalidad), ya seamos blancos, negros, caballos o cualquier otro.

El protagonista entendió que los malos han cometido crímenes contra centenares de gente pobre. Sin embargo, no llegó a comprender la propia inmoralidad de sus actos cuando, al comienzo de la serie, él mismo apostaba en carreras de caballos para su lucro y diversión. Condena a quienes los subyugaron a él y a otros por ser pobres, mientras ellos mismos también subyugan en la realidad a millones de caballos y de otros animales por no pertenecer a nuestra especie ni poder defenderse de nosotros.

¡Derechos Animales ya! - Captura del tráiler de El juego del calamarLa sociedad general se comporta hacia los animales del mismo modo en que lo hacen los enmascarados que visten de rojo: con indiferencia y violencia. Esta crítica vegana aspira a que muchos reflexionen sobre su manera de percibir a los animales.

[Fuente de la imagen]

Falacias y formas de dominación

Al mismo tiempo que establecemos la analogía entre «El juego del calamar» y las carreras de caballos, cabría desarrollar que la serie utiliza y fuerza algunas falacias comunes que se utilizan para justificar toda forma explotación animal.

Entre éstas destaca el «falso consentimiento» cuando a los participantes les hacen firmar una especie de contrato vinculante. Para que una actividad sea legítima no basta con que exista consentimiento. De hecho, dicho consentimiento ni siquiera es válido porque a los participantes nunca les dijeron previamente que iban a morir de verdad si se eliminaban del juego.

Luego, la trama busca retorcer este hecho justificando una especie de consentimiento global de los participantes, pero queda claro que quienes deciden no participar quedan vigilados de por vida.

La falacia del falso consentimiento se comete hacia los animales cuando el ser humano afirma que a un caballo —u otro animal— le gusta participar en carreras u otras actividades, simplemente porque se amolda o parece estar de acuerdo con algunas de nuestras acciones.

Los animales no pueden darnos su consentimiento porque ellos no son conscientes de las consecuencias de sus acciones para ellos mismos ni de nuestras intenciones reales sobre sus vidas. Ningún caballo participaría en carreras si entendiera su destino y ningún concursante de esta serie habría participado si hubiese sabido de antemano que terminaría muerto.

La psicología humana y de otros animales funciona igual en cuanto a sus instintos primarios y necesidades básicas: libertad, comida y manada. Estos tres elementos son también factores utilizados por los humanos para condicionar a los animales y conseguir que obedezcan.

En nuestros días, la mal llamada «doma natural» de caballos consiste en darles una falsa sensación de libertad, en ofrecerles premios para crear un condicionamiento operante y en brindarles un cierto bienestar social para que el condicionamiento del grupo reduzca las desobediencia y las ganas de escaparse.

Las coincidencias entre la explotación humana y la explotación animal, así como todo aquello que conocemos hoy sobre los animales, deberían hacernos cuestionar la moralidad de nuestros actos contra los animales. No podrá haber progreso social mientras nos sigamos creyendo con legitimidad para subyugar y esclavizar a otros sujetos tomando como criterio nuestras diferencias (dinero o especie) en lugar de nuestras semejanzas.

A todos los animales se los explota por las mismas razones día tras día: lucro y diversión. No necesitamos participar en ninguna forma de explotación animal (alimentación, vestimenta, recreación, etc.) para vivir plenamente. Sólo tenemos que cambiar nuestra mentalidad.

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El reciclaje de animales usados

¡Derechos Animales ya! - Cuidar la Tierra y cuidar la naturalezaEn este artículo lanzo una reflexión sobre cómo la cosificación de los animales implica su tratamiento como objetos en todas las etapas de sus vidas. En un mundo en que los animales están cosificados, se produce un reciclaje de animales usados similar al de otros objetos usados.

Introducción

El desarrollo de las civilizaciones humanas, unido al aumento paulatino de nuestra población, propició el surgimiento de lugares y métodos para la recogida, gestión y eliminación de desechos. Más recientemente, los avances científicos y técnicos han permitido volver a moldear diversos materiales y sustancias para darles nuevos usos. Este proceso se conoce en nuestros días con el término «reciclaje».

Como se ha explicado en otros artículos previos, los animales están catalogados legalmente al mismo nivel que cualquier objeto o mercancía porque el ser humano, desde el Neolítico, los trata como bienes o recursos a su servicio y disposición. Por ello, al igual que existe un interés por reaprovechar los recursos presentes en cualquier objeto, dicha expectación o deseo también se manifiesta respecto a los animales.

Hace un tiempo escribí sobre las reconversiones de la explotación animal. En esta entrada, en vez de centrarme en el tratamiento socioeconómico de los animales, me enfocaré en el propio tratamiento que reciben a nivel individual como objetos en nuestra sociedad especista. Voy a relacionar los procesos y centros que intervienen en el reciclaje de objetos usados con los procesos y centros que intervienen en el reciclaje de animales usados.

¡Derechos Animales ya! - VertederoMientras que los vertederos de objetos son visibles y despiertan preocupación social. Las fosas comunes en donde se queman y entierran animales asesinados conforman uno de los holocaustos más ignorados de nuestra sociedad.

Contenedores y puntos limpios para objetos usados

En cualquier urbanización humana, incluso en aquéllas que no se molestan en separar el papel y el plástico de los residuos orgánicos, hay cubículos para depositar o dejar aquellos objetos usados que ya no sirven. En muchas ocasiones, también existen multitud de puntos limpios repartidos por los municipios con el fin catalogar y separar correctamente los materiales constituyentes del objeto.

Los animales también experimentan un proceso de reciclaje, si bien, el procedimiento y las etapas cambian según si están vivos o ya se les ha despojado de vida. Y, por supuesto, depende de si su nueva función va ligada a que sigan vivos —reaprovechamiento de sus materiales y sustancias ordenadas químicamente de manera natural— o a que sean asesinados para reaprovechar sus materiales y sustancias de manera artificial.

Reciclaje de animales usados vivos

Si nos referimos a un animal vivo —como un perro o un caballo—, que ya carezca de utilidad para su dueño por cualquier razón, el propietario, como sucede con la basura, puede optar por abandonarlo en algún lugar indeterminado o dejarlo en un punto limpio. La sociedad sólo suele hablar del abandono de animales cuando a un animal se lo deja en la calle como un desperdicio. Sin embargo, miles de animales son dejados legalmente en puntos limpios.

El nombre de este «punto limpio» varía dependiendo de si el animal está catalogado, a su vez, como «animal de compañía» (mascota), «animal de producción» (ganado), «animal salvaje» (sólo puede pertenecer al Estado), etc, entre una ristra infinita de terminología antropocéntrica. Un punto limpio para animales vivos puede ser una perrera, una protectora o un centro de recuperación de especies amenazadas.

¡Derechos Animales ya! - Ovejas de madera - Reciclaje de animales usadosIncluso quienes se rigen por altos valores y principios pueden incurrir en terribles crímenes contra los animales y sus intereses inalienables.

Perreras, protectoras y centros de recuperación de especies

Los animales dejados en perreras y otros puntos limpios gestionados por el Estado terminan convenientemente desechados o eliminados en caso de que no haya adoptantes para el animal en un periodo de tiempo determinado. Al contrario de lo que puede pensar la mayoría de la gente, los animales recogidos en protectoras no suelen correr una mejor suerte.

Si las perreras reciclan animales mediante su muerte; las protectoras acostumbran a reciclar animales dándoles un nuevo uso en vida. Ambas comparten el mismo fundamento: reciclan animales usados cual objetos usados.

Resulta manifiesto que muchas protectoras ejercen una labor encomiable al rescatar, cuidar y atender animales abandonados y enfermos. Sin embargo, en no pocas ocasiones, como describo en el apartado inferior, tales grupos y organizaciones no manejan debidamente el concepto de «adopción responsable» y se convierten en cómplices de la violencia sufrida por éstos y otros animales.

A menudo, estos colectivos sólo se preocupan por el trato que recibirá el animal adoptado, sin cuestionar que el adoptante vaya a usarlo para su lucro o disfrute. De tal forma, en analogía con otros objetos, quedan convertidos en meros centros para el reciclaje de animales.

Sólo se salvan, relativamente, aquellos animales catalogados como «especie amenazada» porque, en este caso, el valor económico de estos objetos es superior en su forma natural —viva— que en una artificial —muerta— debido a la escasez de «ejemplares» (objetos representativos de un mismo modelo surgido de forma natural). Se trata de el mismo fundamento de por qué vale más una obra de arte en sí misma que sus propios constituyentes materiales.

En el otro extremo se sitúan los animales catalogados como «especies invasoras», a los cuales se los caza y extermina sistemáticamente porque su «uso natural» —regido por la propia voluntad dichos animales— se contrapone a los intereses humanos, generalmente, por conflictos con ganaderos.

¡Derechos Animales ya! - Contaminación del planeta y los ojos de un niñoLos ecologistas buscan un mundo mejor para nuestros hijos, en lugar de dejar unos hijos mejores para este mundo. La contaminación y la destrucción de hábitats son la consecuencia esperable de que nos creamos con legitimidad para reducir a cenizas las vidas de otros sujetos que no pertenecen a nuestra especie.

Reciclaje de animales usados muertos

Todo animal muerto antes estaba vivo. Cuando la sociedad humana tiene interés en aprovechar los materiales de sus cuerpos, procede a quitarles la vida. El reciclaje de animales muertos consiste en detener su homeostasis y separar mecánicamente sus constituyentes orgánicos para someterlos a un posterior tratado físico-químico. El propio hecho de asesinar y de comer a un animal ya constituye una forma de reciclaje.

Existen algunos tipos de animales a los que se explota en vida por sus cuerpos, secreciones y fuerza hasta que se los recicla en mataderos: vacas que ya no producen tanta leche, caballos que ya no sirven para galopar e incluso animales en zoológicos que ya están viejos, feos o no son rentables de mantener. Para los animales explotados no existe una jubilación feliz; los objetos no se jubilan, se desechan.

Hay múltiples tipos de centros para el reciclaje de animales muertos, entre ellos, cabe distinguir entre los que reciclan animales por primera vez —mataderos— o los que los reciclan sucesivas veces. En este último caso, su cosificación ha alcanzado el grado de que ya pueden contenerse en puntos limpios normales y transformarse como otros objetos que nunca fueron sujetos sintientes ni tuvieron sentimientos.

¡Derechos Animales ya! - Propaganda de un albergue de caballos explotados - Protectoras de animalesMuchos albergues de animales participan y promueven en la explotación animal. Esta imagen corresponde a la captura de un vídeo publicitario de la organización británica «Horse World», la cual recoge donaciones al mismo tiempo que adiestra y doma caballos para que sirvan a sus nuevos amos.

Extra: Mi experiencia en un albergue de caballos

Debido a que los animales están cosificados moralmente, se da la paradoja de que muchos humanos de a quienes les importan los animales incurren en los mismos errores de percepción que quienes los abandonan en la calle, en perreras, en protectoras y otros puntos limpios. Este fenómeno se da tanto entre los adoptantes como entre quienes gestionan tales centros.

De hecho, yo me hice vegano tras trabajar de voluntario con caballos víctimas de la explotación. Algo que rompió todos mis esquemas fue observar que dicho albergue rescataba caballos para, después, ponerlos en manos de otros humanos que los explotarían de nuevo como objetos. Según comentaban allí mismo, en más de alguna ocasión habían devuelto caballos al centro.

A menudo, las protectoras se convierten en cómplices de la explotación animal y del abandono de animales al reforzar los mismos prejuicios sociales que desembocan en tales actos. Si una protectora se dedica a promover la adopción de caballos y de otros animales ensalzando su utilidad, alegando argumentos como: «Tu hijo pequeño aprenderá mucho al montar en este poni» o «Montar a caballo es un ejercicio magnífico», ¿acaso se extrañan de que luego el propietario los deseche cuando ya no cumplen la finalidad que le prometieron antes de la adopción?

Al parecer, el albergue en que trabajé no extraía ninguna experiencia de esto. Y este suceso no es la excepción; sino la norma en España y en el mundo. A menudo, este fenómeno se ve reforzado por una vertiente personal y otra económica.

Quienes gestionan tales centros se obsesionan con luchar contra el «maltrato animal» y el «sufrimiento animal» mientras pierden de vista que ambos fenómenos derivan de la previa creencia humana de que tengamos legitimidad para usar y tirar a los animales como si fuesen objetos. Por esta razón, el movimiento animalista ha malgastado casi dos siglos de esfuerzos mientras, más que nunca, millones de animales en el mundo nacen, son vendidos y son reciclados.

Y, por desgracia, los gastos derivados de mantener animales recogidos se traduce en que sus cuidadores pasen a adoptar medidas más permisivas y a alentar los pensamientos especistas y antropocéntricos de sus donantes por una cuestión de interés personal.

¡Derechos Animales ya! - Oso de peluche usado - Reciclaje de animales usadosLos animales usados son juguetes doblemente rotos; se quebranta su voluntad y se moldea sus cuerpos hasta el fin de sus vidas. Y luego, cuando ya han perdido su existencia, el ser humano sigue regodéandose al comerciar y reciclar sus cuerpos.

Conclusión

El ser humano, alentado por un proceso de cosificación hacia los diferentes, valora y estima a los animales empleando exactamente los mismos criterios que con otros objetos. Hemos aprovechado nuestro poder para someter y convertir a los animales en nuestros esclavos y no deberían serlo.

En un mundo que ha cosificado a los animales durante generaciones, lo extraño no está en plantear las similitudes entre el reciclaje de objetos usados y el reciclaje de animales usados; lo verdaderamente preocupante está en que la sociedad general ni siquiera se plantee cómo ha ido forjando un paradigma de opresión, sometimiento y exterminio hacia quienes considera seres inferiores por no ser humanos.

Para ser justos con los animales debemos dejar de verlos y de usarlos como objetos que existan para servirnos. Ése, y no otro, es el significado del veganismo.

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