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La industria láctea y la esclavitud de las vacas lecheras

¡Derechos Animales! - Ubres de una vaca - Industria lácteaEn la industria láctea, las vacas lecheras son meros objetos desechables. Son víctimas exprimidas hasta la última gota de leche.

Introducción

Los seres humanos asumimos, sin pensarlo, que las demás especies con quienes compartimos el planeta existen para servirnos y satisfacer nuestros intereses más triviales. Creemos, erróneamente, que somos los únicos seres con inteligencia y conciencia. Ello nos lleva a despreciar, a exterminar y a esclavizar a todos los demás animales por no pertenecer a nuestra especie.

A raíz de nuestra mentalidad especista, hemos domesticado a miles de especies animales. La domesticación, como se explica en otros artículos, es un proceso biológico complejo con que hemos esclavizado a otros individuos según sus rasgos en beneficio de nuestra especie.

Entre los millones de animales que hoy están domesticados y esclavizados, las vacas —bóvidos en sentido amplio— se llevan la peor parte junto con las aves y la industria del huevo. Esta afirmación responde a una interpretación cuantitativa de los datos registrados hasta la fecha.

Vacas, terneros y análogos viven en un ciclo perpetuo de manipulación, confinamiento y asesinato. En este artículo ahondaré en algunos aspectos reseñables de la industria láctea, la explotación de las vacas y los enfoques antropocéntricos que posponen e impiden el cese del perverso sistema de la esclavitud animal.

¡Derechos Animales! - Vacas lecheras conectadas ordeñadores automátizados - Industria lácteaLa industria láctea utiliza toda clase métodos automatizados para extraer la leche de las vacas como si ellas fueran simples máquinas. ¿Aceptaríamos esto para hembras humanas? Se trata del vivo ejemplo de la máxima cosificación.

El ciclo de la industria láctea con las vacas lecheras

Las vacas son animales rumiantes, seleccionados desde hace miles de años, para distintos usos. Una de las explotaciones vacunas más comunes es la producción de leche. A las vacas seleccionadas con tal fin se las denomina vacas lecheras, un epíteto especista, como fruto de la cosificación sistemática que practicamos contra los animales.

Como ocurre en toda forma de ganadería, desde las granjas intensivas hasta las itinerantes, la industria láctea requiere la continua procreación de nuevos individuos —cosificados como «ejemplares»— para suplir una demanda humana basada en la costumbre y el engaño. A pesar de que los seres humanos no necesitamos consumir lecheni ningún producto de origen animalpara vivir y estar perfectamente sanos, la publicidad y la presión social generan una inercia que desemboca en actos atroces y en una vida miserable para estos animales.

El ciclo de las «vacas lecheras» comienza con la inseminación forzada de estas hembras para obligarlas a parir constantemente. Dicha fecundación puede producirse con un toro semental o, más frecuentemente, vía artificial con un catéter que un veterinario les introduce hasta el cuello uterino para fecundar sus óvulos. Tras un largo embarazo, se las separa de sus crías a las pocas semanas mediante técnicas de coacción y se las vuelve a inseminar 2 o 3 meses después del parto. Mientras tanto, sus cuerpos siguen produciendo leche, una secreción que sus crías —algunas ya enviadas la matadero— nunca probarán de sus madres.

Para describirlo, citaré la traducción de un artículo titulado «Humane animal farming? Take a closer look»:

Algunas madres vacas intentan luchar contra sus agresores, otras tratan de proteger a sus bebés con sus propios cuerpos, algunas salen corriendo desesperadas detrás de los camiones, algunas lloran de tristeza, otras se retiran en silente angustia. Algunas siguen confiadamente a sus guardianes sólo para llegar a un establo vacío. Todas ruegan por sus bebés en un lenguaje que no requiere traducción: gritan, lloran, gimen. Muchas continúan llamando a sus bebés durante varios días y noches. Algunas dejan de comer y beber. Buscan con febrilidad. Muchas se niegan a darse por vencidas y vuelven una y otra vez al vacío lugar. Algunas se marchitan bajo un dolor silencioso.

Sus hijas son criadas de forma aislada para reemplazar a sus propias madres en la línea de producción. Algunos de sus hijos son asesinados de inmediato. Muchos otros son masacrados para convertirse en «carne de ternera» entre 4 y 6 meses después de haber sido separados de sus madres. Cuando estos frágiles huérfanos son arrastrados por el suelo del matadero, aún siguen buscando a sus madres, desesperadamente necesitados aún de su cariño, en especial en ese momento oscuro en que están aterrorizados y necesitan más protección que nunca, en medio de terribles visiones y sonidos, y el olor a muerte a su alrededor, llegando muchos de ellos, en su desesperado deseo de una pizca de consuelo y protección, a intentar succionar los dedos de sus asesinos.

Este proceso se repite cada 18 meses aproximadamente hasta que, con una edad variable entre los 4 y 6 años, su producción de leche decae, y son enviadas al matadero junto con las vacas y otros bóvidos criados para la producción de carne. Durante sus cortas y miserables vidas, las «vacas lecheras» están sujetas a ciclos anuales de violación, embarazo, parto, secuestro y asesinato de sus hijos, antes de que se las considere improductivas y se las envíe a una muerte horrible.

¡Derechos Animales! - Vacas lecheras aparcadas en batería para ordeñarlas - Industria lácteaComo consecuencia directa de la cosificación más absoluta, a muchas vacas lecheras las aparcan en batería como si fueran vehículos para rentabilizar al máximo el uso del espacio. Aunque se las dejara sueltas, no por ello pasarían a ser libres.

La desvergüenza de las organizaciones animalistas y ecologistas

Ante este panorama tan desolador, alguien con un mero atisbo de ética buscaría abolir la esclavitud a la cual están sometidas las vacas lecheras y otros animales. Lejos de ello, las organizaciones animalistas y ecologistas dejan a las víctimas de lado para adoptar posturas antropocéntricas y bienestaristas.

Cuando se habla de la industria láctea, las organizaciones animalistas suelen lanzar campañas para de bienestar animal para que a las vacas las traten mejor mientras las marcan, inseminan y las separan de sus crías, o proponen nuevas maneras de «sacrificio» —grabadas, eso sí— para darles una muerte más rápida o, incluso, apoyan y promueven los mataderos móviles para descuartizarlas allí mismo junto al resto de sus congéneres.

Todo muy ético y coherente… escudado en la sempiterna falacia de que «el mundo no se hará vegano de la noche a la mañana». Se les olvida mencionar, por supuesto, que cuanto más tarde la sociedad en dejar de consumir lácteos y otros productos, más dinero pueden ganar vendiendo sellos de bienestar animal y haciendo pactos con la industria. Esto ya lo hace incluso el propio gobierno de España con nuestros impuestos. Lo que queda claro es que, con tales reivindicaciones, la sociedad jamás comprenderá la injusticia fundamental ni las vacas dejarán de ser esclavas. No existe ningún bienestar compatible con la esclavitud. El bienestarismo supone una traición a los animales.

Las organizaciones ecologistas, por su parte, suelen lanzar reivindicaciones sobre el impacto ambiental por las emisiones de metano —propia de los rumiantes— o se aduce al ingente gasto de agua que implica el consumo de carne o lácteos. Sin embargo, se obvia siempre lo más importante: toda forma de explotación animal es injusta en sí misma porque ninguno de lo esclavos —las vacas y terneros en este caso— desea ser privado de sus intereses inalienables: vida, libertad e integridad.

¡Derechos Animales! - Hombre ordeñando a una vaca lecheraUn hombre africano ordeña a una vaca. A menudo se tiende a justificar o a romantizar la explotación animal ejercida por culturas minoritarias u oprimidas.

El futuro de la industria láctea

Como resultado de una economía insostenible, sumada a una sociedad antropocéntrica, muchos perciben la industria láctea como algo «malo» no porque ejerzan las acciones ya señaladas sobre vacas y terneros; sino porque dista de ser lo suficiente «natural» o «ecológica». Por ello, todavía se tiene una visión romántica de la esclavitud animal y se cree que bastaría con que el ser humano retornase a una ganadería extensiva y a un modelo similar al que todavía existe en África y Oriente.

Con la nueva publicidad ya visible en la televisión y otros medios, la industria actual busca limpiar su imagen tratando de «reconvertirse», en apariencia, a como era antes de mediados del siglo XX. Resulta tanto un fraude ético como inviable desde el punto de vista de la huella ecológica; pues el terreno necesario hoy sólo para las 10.000 millones de vacas esclavizadas que hay en el planeta requeriría el doble de la superficie total de la Tierra si todas se dejaran al «pastoreo».

La clave está en que todos los animales son legalmente esclavos de nuestra especie porque los humanos nos creemos ser los únicos animales con derecho a la vida, a la libertad y a la integridad. Aunque reciban un buen trato, todos los animales esclavizados padecen distintas injusticias a lo largo de sus vidas y terminan asesinados. Queda en nosotros ser conscientes de esta injusticia y dejar de participar en toda forma de explotación animal. Ése es el significado del veganismo.

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Los derechos individuales y el software libre

Derechos Animales ya - Cocodrilo saliendo de la pantalla de un ordenador portátil - Derechos individualesLos derechos individuales representan la protección moral y legal que todos merecemos como individuos. Debemos preocuparnos también por las implicaciones éticas de nuestro papel como activistas, usuarios o creadores de software. El software libre es ideal para la sociedad del mañana. Y esto lo sabe incluso este cocodrilo que sale de la pantalla de un ThinkPad.

La importancia de los derechos individuales

Los Derechos Animales, al igual que los Derechos Humanos, toman su base en el individuo. Esto significa que sus fundamentos y campo de acción se enfocan exclusivamente en cada sujeto de una vida; pues cada sujeto posee intereses inalienables propios que se diferencian de los intereses de terceros. Si los derechos se construyeran sobre un colectivo o sociedad, estaríamos homogeneizando y negando las diferencias e intereses propios de quienes conforman dicho colectivo o sociedad. A tenor de ello, hablamos de «derechos individuales» para aludir a la protección moral y legal de los intereses inalienables de cada sujeto.

Partiendo desde la premisa de que debemos promover y proteger los derechos individuales y de que, como sabemos científicamente, los seres humanos no somos los únicos individuos o personas —seres con intereses inalienables—, llegamos a la conclusión de que deberíamos proteger también los derechos individuales de los demás animales con quienes compartimos el planeta. Sin embargo, se torna a menudo muy difícil explicar y argumentar por qué los animales merecen respeto en un contexto social en que los derechos individuales se tornan una entelequia o algo incomprensible.

Tras esta introducción sobre la trascendencia global y universal de los derechos individuales, quisiera arrojar un poco de luz relacionando la repercusión y la falta de asunción de los derechos individuales con la importancia y carestía de conocimiento sobre qué es el software libre y por qué deberíamos promoverlo como principio ético dentro del marco de los derechos individuales. En los artículos enlazados se ahonda en aquellos conceptos mencionados, por ello, recomiendo consultarlos para facilitar la comprensión de esta entrada.

Derechos Animales ya - Gato echado sobre un Macbook Air - Software libreEste gato está enfadado contigo porque te has gastado un riñón —y parte del otro— en un MacBook Air y ahora no puedes pagarle el veterinario. Haz caso a tu gato y rompe las cadenas de software privativo tanto como deseas romper las cadenas del especismo.

El utilitarismo y la percepción social de los derechos individuales

La sociedad avanza, pero lo hace lentamente. Nuestro mundo evoluciona en tecnología mucho más rápido que en un sentido moral. La prueba de ello radica en que, mientras hoy podemos viajar y comunicarnos con otros humanos situados en el extremo opuesto del globo, la mayor parte de los problemas ético-sociales vinculados a la humanidad desde sus orígenes (pobreza, asesinatos, gobiernos dictatoriales, dogmas religiosos, guerras, etc.) siguen presentes en la actualidad. Muchas veces, incluso hoy se presentan en un grado muy superior y aberrante que en épocas pasadas. Como ejemplo tenemos la vigencia del prejuicio especista y la explotación animal.

Aun cuando hemos progresado en minimizar injusticias como la discriminación y la desigualdad entre seres humanos, todavía no se han reducido en absoluto las injusticias ni la discriminación que padecen los animales. Tanto el caso de los no-humanos como el de las injusticias exclusivas de la sociedad humana, la causa radica en una educación ineficiente en una sociedad creciente que tiende hacia el individualismo (la satisfacción del yo) en lugar de a la individualidad (el reconocimiento de una justicia universal basada en el individuo).

Son innumerables los autores contemporáneos, desde académicos a divulgadores aficionados, que critican y condenan la acuciada ausencia de valores en nuestra sociedad actual. Lejos de citar frases grandilocuentes de pensadores reputados, prefiero quedarme con un comentario que hizo mi compañero activista Luis Tovar respecto a la noticia de que, según una encuesta realizada en España, sólo uno de cada tres españoles pondría límites éticos a la ciencia:

No me ha sorprendido la aparición de una encuesta que indica un mayoritario desprecio hacia la ética en España. Un país en el que ‘bueno’ es considerado sinónimo de ‘tonto’. Aparte del hecho de que cada vez más gente va depositando en la ciencia las mismas esperanzas que abandonaron en la religión, como las de lograr la inmortalidad y el paraíso. Así pues, no quieren que se restrinja su actividad.

Uno de los factores que considero limitantes en cuanto a la comprensión de los derechos individuales radica en la amplia extensión del utilitarismo moral. A modo de explicación breve, el utilitarismo es una doctrina dogmática que, surgida de la fusión entre el consecuencialismo y el hedonismo, considera que la moralidad de una acción depende únicamente de la relación entre el beneficio o placer de quien la realiza frente al perjuicio o sufrimiento de quien la padece. De esta manera, un utilitarista moral considera que acciones contrarias a los derechos individuales —como robar o asesinar— estarían bien y serían aceptables si el ladrón o asesino tuviesen alguna «necesidad» o «justificación».

Opino que esta mentalidad es el origen último de todas las acciones injustas cometidas por seres humanos; pues si supeditamos la ética a los gustos y a la subjetividad de cada quien, entonces todo estaría permitido y pasaría a ser «correcto». En lo que respecta a los derechos individuales, el utilitarismo sería culpable de fomentar dos tipos de comportamientos:

  1. La desconsideración hacia a los intereses inalienables de terceros cuando existe un conflicto de intereses. En lo tocante al veganismo y los Derechos Animales, esto se traduce en la esclavitud y exterminio de animales no-humanos.
  2. La percepción de que sus actos son una «elección personal» y que no deben enjuiciarse a la luz de cómo afectan a terceros. Qué vegano no ha oído alguna vez eso de «comer carne es una decisión personal», ¿verdad?

En referencia al software libre, ambas razones desembocarían en el porqué la sociedad no considera, mayoritariamente, un deber su desarrollo y fomento. En las siguientes líneas trataré de justificar por qué el software libre compete a la ética en general y a los derechos individuales en particular.

El utilitarismo es una monstruosidadPeter Singer, célebre filósofo utilitarista, es bien conocido en nuestro ámbito por rechazar los Derechos Animales apelando a que el beneficio humano se sitúa por encima de sus vidas.

¿Por qué el desarrollo del software libre sería un deber moral?

Si entendemos un principio ético o deber moral como la fundamentación lógica de algo que debemos o no hacer, entonces la sociedad debería fomentar el uso y desarrollo del software libre porque es un requisito necesario —aunque no suficiente— para el respeto de los derechos individuales de quienes usan programas informáticos.

Los programas informáticos, como quizás se sepa, son un conjunto de instrucciones aritmético-lógicas destinadas a la resolución de un problema mediante el procesamiento de datos. Esta definición general, la cual podría complicarse hasta límites insospechados, sirve tanto para explicar el funcionamiento de un sistema informático complejo como el de un pequeño videojuego.

Debido a la naturaleza intangible de un programa y a la forma en que la computadora los procesa, cuando el usuario ejecuta un programa no puede ver ni ser consciente realmente de cuáles instrucciones está cumpliendo la computadora o de si alguna de tales instrucciones vulnera sus intereses fundamentales.

Pongamos el ejemplo de un usuario que ejecuta un programa para escribir un texto en su propio ordenador, el usuario, mientras lo ejecuta, no tiene —o potencialmente no tiene— maneras de saber si el programa sólo y exclusivamente está procesando los datos que introduce para cumplir el fin para el cual ha brindado su consentimiento —al tomar su decisión de usar el programa— o si, por el contrario, el programa está vulnerando su consentimiento al realizar otras tareas que desconoce o que atentan directamente contra sus intereses inalienables. ¿Enviará el programa una copia de ese texto a un tercero? ¿Enviará el programa datos de geolocalización que les facilitarán a terceros el control sobre este individuo? ¿Perjudicará este programa al usuario de algún modo?

Derechos Animales ya - Perro con gafas junto a un ordenador MacEl software privativo, como sucede con la industria de la explotación animal, se basa en la publicidad para darles una buena imagen a sus productos y ocultar su falta de escrúpulos.

Software libre contra software privativo

Si nos referimos al software privativo —aquél en que el usuario carece de las cuatro libertades definidas por Richard Stallman a través de la Free Sotware Foundation—, la respuesta corta es que ni el usuario ni ningún experto bienintencionado podría responder a esta pregunta porque el código que constituye el programa únicamente lo conocen los programadores que lo han creado o los depositarios legales de tal derecho. Por tanto, un programa privativo puede, a expensas de la ley, vulnerar sistemáticamente los derechos individuales y seguir haciéndolo sin delito punible ante la carencia de una posible prueba o evidencia.

En cambio, el software libre —del inglés free software—, cuyo código es visible y puede ser conocido por cada usuario del programa, solventa este conflicto ético —yo lo llamo «inopia ética»— al poderse demostrar fehacientemente qué hace y no hace el programa en cuestión. Cuando un usuario ejecuta un programa libre, puede estar seguro —o potencialmente seguro— de que ejecuta el programa no sólo con su consentimiento aparente, sino con su consentimiento verdaderamente informado y con plena información de su acción y riesgos.

Atendiendo a estos argumentos, todo programa informático debería, al menos, permitir el estudio y la revisión de su código en tanto que esto sería requisito indispensable para garantizar los derechos individuales del usuario. Dicho estudio y revisión no habría de estar reservada a un grupo exclusivo de individuos o depositadores de derechos en tanto que, al faltar un control «democrático», esta situación podría desembocar en fraude por conflicto de intereses.

Un programa cuyo código sea visible y obtenible por todos, pero sin necesidad de brindar ninguna libertad al usuario —de acuerdo con las cuatro libertades definidas en la Free Software Foundation— recibe el nombre común de «código abierto» —proveniente del inglés open source—. Alguien podría afirmar que un programa con estas características ya cumpliría la condición argumentada de que todo programa informático debería ser transparente al usuario. Sin embargo, en las siguientes líneas expondré por qué no basta con que un programa sea de código abierto para garantizar los derechos individuales del usuario.

Derechos Animales ya - Gato sentado sobre un ordenador portátil - Software libreEste gato ya está hasta la coronilla de ti porque todavía usas Windows 7. Para colmo, te oyó decir que ibas a pasarte a Windows 10 porque te gusta la voz de Cortana.

¿Por qué no basta con que un programa sea de código abierto?

Si un programa privativo supone, en todos los casos, un riesgo potencial para la intimidad y el consentimiento del usuario por falta de transparencia —y, por esta razón, debemos rechazar su uso y dicho modelo de desarrollo—, un programa de código abierto también conlleva otra violación de los derechos individuales: la libertad del usuario para alterar tal software.

Si entendemos un programa como una herramienta a raíz de que siempre está destinado a cumplir una función —a tener una utilidad— para un sujeto, cualquier usuario debería tener la libertad legal de alterar o modificar dicha herramienta. Esto puede justificarse con una sencilla analogía: si compramos un martillo, ¿no tenemos acaso la libertad moral de transformarlo, romperlo o venderlo? Sí, ¿verdad? Así ocurre porque se entendemos, por medio de la lógica, que cualquier manipulación humana sobre una herramienta de su propiedad corresponde a necesidades básicas como la creatividad, la recreación o la libertad de expresión mediante los cambios efectuados.

Un programa de código abierto no tiene por qué cumplir u ofrecer las cuatro libertades definidas para el software libre. Esto significa que no tiene por qué permitir, por ejemplo, que un usuario copie el código del programa y lo modifique para satisfacer sus propios deseos o necesidades.

En consecuencia, para respetar los derechos individuales del usuario, todo programa debería, cómo mínimo, brindar legalmente la posibilidad de que el usuario pudiera tanto ver como modificar el código. Esto es, por definición, compatible con el software libre pero incompatible con el software de código abierto.

Este planteamiento, sin lugar a dudas, nos llevaría de pleno al vasto mundo de las leyes de propiedad intelectual y de los derechos de autor, y sus infinitas interpretaciones a lo largo de la historia y del presente. Si nos ceñimos a enjuiciar si las cuatro libertades del software libre son compatibles con los derechos individuales, debemos destacar, empero, que pudiera darse el caso de que su aplicación vulnerase la libertad de los creadores del software para ser los únicos moralmente legitimados para publicarlo u obtener un lucro a través de éste. En este sentido, no cabría, a mi juicio, una discriminación justificada entre la creación de una herramienta u objeto con un fin utilitario —software— o una obra artística en el sentido estricto de la palabra, aun cuando, a menudo, la división entre ambos resulta muy difusa.

Derechos Animales ya - Estafas informáticas - Software privativoEl software privativo supone un riesgo real y evidente para la seguridad e intimidad de los usuarios. Libérate con el software libre. Puedes encontrar información y consejos en el magnífico blog de Más Linux.

¿Cuándo el software respeta los derechos individuales?

En conclusión, tomando como referencia la diferencia filosófica entre un deber moral y una virtud moral, resumiré lo expuesto en los siguientes puntos:

  1. Tenemos el deber moral de garantizar la transparencia y el pleno conocimiento del usuario acerca de qué ejecuta en cada momento. Sólo así puede existir un consentimiento moralmente legítimo respecto al creador o beneficiario del software.
  2. Tenemos el deber moral de garantizar la manipulación y la —potencial— publicación por parte del usuario de cualquier software como fruto de su interés intrínseco en la plena libertad de su expresión creativa y la resolución de sus propias necesidades. Desde el punto de vista de los derechos de autor, para juzgar el derecho del usuario a publicar o a arrogarse la autoría sobre un programa, cabría estudiar si las modificaciones llegarían o no a conformar la identidad de una obra propia.
  3. El cumplimiento de las cuatro libertades definidas para el software libre podría entrar en conflicto con los intereses del creador y con su libertad; pues los dos deberes morales anteriores no alcanzan para justificar que todo software debiera permitir la distribución de copias exactas o mínimamente modificadas. Por ende, no puede existir una obligación moral respecto a los autores del programa más allá de garantizar la no-vulneración de los intereses de terceros.
  4. Como conclusión, en el seno de nuestra sociedad, sería una virtud moral promocionar el software libre y aliviar las limitaciones de los derechos de autor para brindar una mayor facilidad a la manipulación y publicación de software —y obras de toda índole— con objeto de construir una sociedad de futuro que respete los derechos individuales de humano y no-humanos, y en la que juntos progresemos mediante la solidaridad y el bien común.
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Traicionamos a los animales

Derechos Animales ya - Una oveja come de la mano de un humanoLos animales confían en nosotros y en nuestra buena voluntad aun cuando sólo busquemos causarles daño y muerte. Cuando traicionamos a los animales ignoramos nuestra empatía natural y despreciamos la justicia elemental que merecen.

Introducción

Los animales sienten, padecen y tienen consciencia. Poseen intereses inalienables que son tan importantes para ellos como para nosotros los nuestros. La única diferencia crucial entre las demás especies animales y los seres humanos radica en el grado de cognición. El alto grado de cognición humana nos permite que, una vez alcanzada la edad adulta, podamos ser —potencialmente— agentes morales, es decir, seres con conciencia sobre sus actos.

La agencia moral es el rasgo que conlleva nuestra obligación de ser justos con los demás y de respetarlos como personas, lo cual incluye a los restantes animales con quienes compartimos el planeta. Los animales, como los niños humanos, son pacientes morales, es decir, merecen respeto pero no son plenamente conscientes de sus actos. En consecuencia, no pueden ser enjuiciados ni juzgados moral ni jurídicamente.

Esta diferencia radical ha desembocado a lo largo de la historia en las diferentes manifestaciones del dominio humano sobre los demás animales y la vulneración sistemática de sus intereses. Los explotamos y los esclavizamos utilizando un conjunto variopinto de herramientas y métodos, y no dudamos en aprovecharnos de ellos. A veces lo hacemos con plena conciencia de nuestros actos y, otras, siguiendo un mero prejuicio de supremacía.

Si en el seno de la sociedad humana comprendemos que no resulta justo atentar contra quienes se encuentran en una situación de vulnerabilidad, ¿por qué acaso encontramos correcta la explotación animal y las miles de formas en que atentamos contra sus vidas, libertad e integridad? ¿Por qué la sociedad ha normalizado la crianza, manipulación y exterminio sistemático de otros animales aun cuando ninguno de nosotros querría experimentar tales acciones ni las justificaría para sus semejantes?

Si hemos logrado vencer —al menos en buena parte— el racismo y el sexismo, ¿por qué no luchamos también contra el especismo mediante la educación para concienciar acerca de esta realidad?

Este artículo busca argumentar algunas de las razones de cómo y por qué traicionamos a los animales con el propósito de replanteemos nuestro modelo social. A lo largo del artículo se mencionan aspectos que trascienden el fin del mismo, los cuales señalo con el propósito de suscitar la reflexión individual o para enlazar a referencias externas relacionadas.

Derechos Animales ya - Un perro come de la mano de un humano - Traicionamos a los animalesLos animales no dudan en comer de nuestra mano e incluso en hacernos favores por bondad. No se trata de estupidez o servilismo, sino de una empatía genuina que en niños llamamos «inocencia». Traicionamos a los animales cuando, en lugar de darles algo, les arrebatamos sus vidas, libertad e integridad.

Los animales nos ven como sus iguales

Debido a la menor cognición media de los animales —aunque hay especies especialmente inteligentes—, junto con algunas características morfológicas humanas —bipedismo, dedo oponible, endotermia, etc.—, el ser humano ha conseguido expandirse desde la antigüedad y someter a las demás especies con las que ha ido entrando en contacto. A raíz de la utilidad, nuestros prejuicios discriminatorios y nuestra falta de reflexión ética, fuimos subyugando a los demás animales a la condición de esclavos. Sin embargo, no son conscientes de que son esclavos ni de que nosotros los cosificamos como meros objetos.

Los animales son conscientes de que hacemos cosas contra sus intereses: de que los privamos de libertad, de que les hacemos daño, de que los obligamos a trabajar, etc. Pero no pueden comprender el porqué de su situación. No pueden comprender por qué existen, por qué han nacido, por qué los han metido ahí ni por qué nosotros no los vemos como iguales aun cuando sí nos ven como sus iguales.

Esta afirmación de que los animales nos perciben como sus iguales podría malinterpretase; pues cabría argumentar que en todos los animales existen discriminaciones endogrupales y exogrupales como fruto de la selección natural. Eso es evidente y está bastante bien estudiado en etología. Dicha mención no va en ese sentido. Al afirmar que los animales nos ven como sus iguales pretendo señalar dos evidencias:

  1. Muchos animales no-humanos son potencialmente susceptibles de encariñarse y sentir apego a los seres humanos cuando éstos trata con ellos y los alimenta.
  2. Muchos animales, cuando nacen y se crían en un ambiente humanizado, no parecen mostrar prejuicios contra nosotros ni nos discriminan por ser de otra especie.

Un perro, un gato o un caballo y otros animales —salvajes o domesticadossaben que no somos iguales en un sentido físico o comportamental, pero no dudan en mostrarnos la misma consideración que tendrían con un congénere. Nos referimos, pues, a que nos ven como iguales en un sentido moral o protomoral.

Un ser humano, por su parte, también puede sentir y mostrar lo mismo hacia un animal de otra especie. No obstante, en nosotros existe un prejuicio supremacista que, o bien no existe tal cual, o no se manifiesta con la misma rotundidad en otros animales. Considero que todos los animales compartimos la capacidad de sentir empatía. La única diferencia real estaría en que la empatía de la mayor parte de la humanidad está anulada por efecto del especismo con que nos adoctrinan desde pequeños hasta perderla cuando va dirigida a miembros de otras especies.

Derechos Animales ya - Mujer acaricia a un caballo en los establosA pesar de que los privemos de libertad, los animales no son conscientes de que su esclavitud —en el sentido de que no pueden comprender que son legalmente propiedades del ser humano—, ello los lleva, en muchas ocasiones, a la resignación y autosubyugación a los intereses de sus amos. Así logramos, por ejemplo, que se dejen montar o que den vueltas a un picadero con los ojos tapados. Un fenómeno similar —la autodespersonificación— ocurría también en esclavos humanos durante la esclavitud humana. Cuando traicionamos a los animales, traicionamos nuestra propia historia de los horrores cometidos por nuestros antepasados.

La vil traición

La empatía de los animales, unida a la acción continuada de tratarlos bien (alimentarlos, acariciarlos, cepillarlos, ayudarlos, protegerlos, arroparlos, etc), genera en ellos un sentimiento de amor y de confianza.

Tras los sentimientos de todos los animales —incluido el ser humano— se hallan involucrados una serie de factores bioquímicos. Aunque sería muy interesante y didáctico, no creo necesario entrar a explicar cómo se desarrolla fisiológicamente el mecanismo por el cual nos acostumbramos a la presencia de alguien, su compañía y contacto, prefiero omitirlo porque, quizás, daría lugar a una mayor descomprensión y cosificación de la que ya padecen los animales. Tal vez verse sobre este tema en un artículo futuro.

Volviendo al punto en cuestión, la presencia y buen trato de los humanos hace que se vuelven confiados y, a veces, dependientes. Este fenómeno tiene su lógica si nos imaginamos a los demás animales como niños pequeños. No son exactamente niños, en tanto que pueden y deberían valerse por sí solos; pero lo son en el sentido de que tienen una tendencia innata hacia la curiosidad, el juego, la protección, el amor fraternal y la confianza en la guía y manejo de a quienes estiman y consideran como sus «padres», «manada», «alfas», etc. Aludo estos términos para crear una representación de la realidad, no sucede, por supuesto, que un animal nos perciba de esa manera.

El hecho de que los animales confíen en nosotros se trueca en una sangrante sensación de miedo, terror, desconcierto, inseguridad y toda clase sufrimiento cuando nuestra especie los abandona, los vende, los separa de sus crías, los golpea, los envía al matadero —o trae un camión donde lo descuarticen— o incurre en cualquier acto deleznable contra sus personas. Dado que los animales nunca se esperan estas acciones por nuestra parte, debemos llamarlo «traición» y admitir que traicionamos a los animales. Decimos que traicionamos a los animales cuando no tenemos en cuenta sus sentimientos y emociones a la hora de ejercer acciones contra su voluntad y albedrío.

Lo más llamativo, si cabe, radica en que quienes hemos trabajado con animales maltratados llegamos a descubrir que, a pesar de las terribles calamidades que han sufrido, los animales sí saben distinguir entre seres humanos como individuos distintos y pueden volver a confiar en miembros de nuestra especie como cuando lo hacían antes de verse en aquella circunstancia. Sin dudas, a menudo nos superan en valores o virtudes como el perdón, la solidaridad y la autosuperación.

Derechos Animales ya - Un caballo le lleva heno a otro que está atadoEl caballo de la izquierda posiblemente no comprenda por qué está atado —o tomado del ronzal— el caballo de la derecha, ni tampoco el caballo de la derecha comprenda por qué no lo han dejado suelto como al de la izquierda. Algo evidente, empero, es que ambos sujetos presentan empatía y quisieran ser libres de la dominación humana para poder satisfacer sus necesidades y deseos en libertad. Cuando traicionamos a los animales, traicionamos sus vidas en sí mismas.

Dejemos de traicionar a los animales

Si somos conscientes de nuestros actos y, al mismo tiempo, de la injusticia de tales acciones que perpetramos contra los animales, ¿por qué no dejamos de traicionarlos? El único modo de devolverles la empatía y los miramientos que sí tienen con nosotros reside en respetar sus intereses inalienables y en dejar de verlos como simples recursos para nuestros fines. Ése es el significado fundamental del veganismo y la base de los Derechos Animales.

Por desgracia, entre los mayores traidores actuales hacia los animales se encuentran las organizaciones animalistas, las cuales actúan como relaciones públicas de la industria de la explotación animal y crean sellos de bienestar animal con los que lucrarse mientras tranquilizan la conciencia de los consumidores y de aquellos que se preocupan realmente por los animales.

No habrá justicia posible mientras, cual seres sintientes, despreciemos sus intereses y sentimientos. No podrá haber justicia mientras traicionemos a los animales.

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La Dirección General de Derechos Animales no respeta a los animales

Entrevista a Sergio García Torres - Director general de Derechos AnimalesSergio García Torres, Director General de la nueva Dirección General de Derechos Animales, no defiende los Derechos Animales. El veganismo se opone al especismo. Este señor dice «incluir a los animales dentro del núcleo familiar» en referencia exclusiva a perros y gatos, mientras blanquea la esclavitud de los animales que están fuera del «núcleo familiar» y promueve la explotación animal en general mediante leyes especistas de Bienestar Animal y de Protección Animal.

La institucionalización del Bienestar Animal

A principios de este año, el Gobierno de España ha abierto un nuevo departamento llamado «Dirección General de los Derechos de los Animales». Irónicamente, dicha oficina no tiene la intención ni el fin de defender los Derechos Animales. Puedes ahondar en este concepto en el apartado de «¿Qué son los DD.AA?».

El Gobierno se ha apropiado del término «Derechos Animales» para confundir intencionalmente a la sociedad mientras promociona el Bienestar Animal. La doctrina del Bienestar Animal, a pesar de lo que uno podría entender a raíz de su nombre, no persigue el bienestar de los animales. Ésta se refiere a aquellas medidas para regular la forma en que gestionamos a los animales con objeto de aumentar la productividad, incrementar el consumo y tranquilizar la conciencia de los consumidores. Este concepto, en lugar de «Bienestar animal», debiera llamarse «Bienestar del consumidor».

Esta nueva oficina del Gobierno, dirigida por García Torres —quien afirma ser vegano y no lo esapenas le ha faltado tiempo para blanquear la ganadería y para esgrimir todas y cada una de las falacias conocidas en el sector para obtener el apoyo de explotadores y animalistas a partes iguales. Resulta, pues, que la Dirección General de Derechos Animales fomenta, legisla y promociona la explotación animal.

Primeras medidas de la dirección general de Derechos AnimalesLas medidas de la nueva Dirección General, dirigida por Sergio García Torres, son un despropósito para los animales y los derechos que debiera tener; pues tales regulaciones parten desde la base de que los animales son y deben ser objetos. Esta nueva dirección sólo promueve leyes de Bienestar Animal —o de Protección Animal— que discriminan entre animales promueve explícitamente la explotación animal.

La Dirección General de Derechos Animales propone medidas contrarias a los Derechos Animales

La nueva Dirección General de Derechos Animales, a pesar de su nombre, no defiende los Derechos Animales. Sólo pretende ejercer algunas regulaciones sobre el uso de la propiedad animal. Las leyes de Bienestar Animal sólo regulan la forma en que se los cría, hacina y asesina con fines meramente humanos (utilitaristas). Es injusto partir desde la premisa de que está bien hacerles a ellos lo que nunca querríamos para nosotros. No existe ningún bienestar animal durante el marcaje, el descorne, el despique, la separación de crías o el triturado de pollitos macho. No basta con rechazar el «maltrato animal» ni tampoco con mostrar compasión.

La nueva Dirección General propone algunas medidas interesantes, como la reducción del IVA veterinario, pero extremadamente insuficientes. No obstante, el grueso de sus propuestas actuales y futuras son y serán un fraude para los animales y sus derechos. Casi tanto como el fallido código deontológico veterinario.

El abandono de animales

Por ejemplo, dicha Dirección General se ha pronunciado hace unos días respecto al abandono de animales domesticados usados como compañía (mascotas). En vez de señalar las causas evidentes de estos sucesos y tratar de enmendarlos, propone aumentar las multas y sanciones al cometer estos delitos. La sociedad no abandona animales porque no esté lo suficientemente penado, sino porque no percibe que esté mal tratar a los animales como simples objetos.

Las medidas de la nueva Dirección General con un completo sinsentido; pues no puede evitarse el abandono mientras la crianza y compra-venta sean legales. Se abandonan animales por la misma razón por la que se dejan frigoríficos en mitad de un parque: la gente percibe a los animales como objetos a causa de sus prejuicios antropocéntricos. El argumento de la «tenencia responsable» es exactamente el mismo que esgrimían los negreros en la época colonial para excusar la esclavitud negra: no existe virtud ni protección para quien está considerado como un objeto a ojos de la ley y de la sociedad imperante.

Y, además, carece de sentido que acciones como el abandono sean punibles y, en cambio, no lo sea la caza. De hecho, el propio Gobierno puede asesinar a cualesquier animales sin ningún problema —como a las cotorras y otros animales tachados de «especies invasoras»—debido a que carecen de derechos legales.

Los sellos de bienestar animal de Sergio García Torres

Para completar el colmo del despropósito, esta nueva Dirección propone sacar al mercado un sello unitario de Bienestar Animal para tranquilizar a los consumidores al informarlos de que el trozo de cadáver que ven en una badeja provino de un animal que pudo haber sufrido más antes de ser descuartizado. Sólo le falta promover los mataderos móviles y las grabaciones en mataderos para completar el súmmum de la hipocresía defendida por organizaciones sin escrúpulos como Igualdad Animal.

El nueva Dirección General de los Derechos Animales, con el falso vegano Sergio García Torres, hará simplemente lo que marquen los intereses de distintos colectivos respecto a los animales. Las víctimas, como tales, quedan y quedarán en segundo plano.

Por ejemplo, dicha Dirección General se ha pronunciado hace unos días respecto al abandono de animales domesticados usados como compañía (mascotas). En vez de señalar las causas evidentes de estos sucesos y tratar de enmendarlos, propone aumentar las multas y sanciones al cometer estos delitos. La sociedad no abandona animales porque no esté lo suficientemente penado, sino porque no percibe que esté mal tratar a los animales como simples objetos.

Las medidas de la nueva Dirección General con un completo sinsentido; pues no puede evitarse el abandono mientras la crianza y compra-venta sean legales. Se abandonan animales por la misma razón por la que se dejan frigoríficos en mitad de un parque: la gente percibe a los animales como objetos a causa de sus prejuicios antropocéntricos. El argumento de la «tenencia responsable» es exactamente el mismo que esgrimían los negreros en la época colonial para excusar la esclavitud negra: no existe virtud ni protección para quien está considerado como un objeto a ojos de la ley y de la sociedad imperante.

Y, además, carece de sentido que acciones como el abandono sean punibles y, en cambio, no lo sea la caza. De hecho, el propio Gobierno puede asesinar a cualesquier animales sin ningún problema —como a las cotorras y otros animales tachados de «especies invasoras»—debido a que carecen de derechos legales. El nueva Dirección General de los Derechos Animales hará, simplemente, lo que marquen los intereses de distintos colectivos respecto a los animales. Las víctimas, como tales, quedan y quedarán en segundo plano.

Sergio García Torres reunido con grupos animalistasSergio García Torres se reúne con distintos colectivos relacionados con los animales (protectoras, ecologistas, cazadores, etc.) para buscar regulaciones legales que satisfagan los intereses de cada uno mientras los animales siguen sin derechos legales y continúan siendo asesinados y exterminados cada día con el beneplácito de todos ellos.

Conclusiones

La nueva Dirección General de los Derechos de los Animales sólo busca regular la explotación animal para cumplir con una agenda que se adecúe a los intereses de ciertos grupos ecologistas (proteccionistas), animalistas (bienestaristas) y explotadores de animales en general (ganaderos, cazadores, taurinos, etc.). Aspira a institucionalizar el Bienestar Animal para tratar de acallar voces críticas y contentar a colectivos animalistas que no conocen los Derechos Animales. En ningún momento aspiran a proteger de verdad los intereses inalienables de los animales.

El Bienestar Animal busca reconducir la sensibilidad de los animalistas y otros individuos preocupados por los animales hacia consumidores «tranquilos» que continúen sosteniendo un paradigma basado en la crianza, manipulación y asesinato de animales por simple gusto y placer.

Para que los animales puedan recibir derechos legales se necesita, por coherencia, dejar de participar en toda forma de explotación animal, es decir, se requiere asumir el principio ético del veganismo.

Si realmente nos importan los animales, debemos hacernos veganos y promover el veganismo. Es tan sencillo como eso.

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Una visión romántica de la esclavitud animal

¡Derechos Animales ya! - Una visión romántica de la esclavitud animal - Cita de William Lloyd Garrison sobre la esclavitud negraDecimos que acontece una visión romántica de la esclavitud animal cuando la sociedad humana da por sentado que los animales criados, seleccionados, coaccionados y manipulados por el ser humano viven bien o son felices mientras se los explota como simples recursos o medios para nuestros fines. La explotación animal, por definición, implica instrumentalizar a un sujeto como si fuese un objeto. Tal como argumentó el escritor y filósofo William Lloyd Garrison, este mismo fenómeno sociológico se producía en tiempo de la esclavitud negra.

Introducción

En nuestros días, cada vez más humanos son conscientes de la realidad que viven los animales y se oponen a la violencia que ejercemos contra ellos (maltrato animal). Sin embargo, pocos cuestionan el origen de este fenómeno (el especismo) ni aplican este principio humanitario en los diferentes contextos que envuelven la explotación animal.

Todavía hoy impera una visión romántica de la esclavitud animal cuando el ser humano ejerce explotaciones que no implica un sufrimiento directo para el animal, o bien, cuando dicha explotación la ejerce un colectivo oprimido o minoritario. A estas explotaciones, a menudo, se las percibe como positivas, bellas o parte de la cultura o la historia de una sociedad, o se las excusa apelando a que el individuo humano lo necesita para subsistir o por alguna razón excepcional.

Como ejemplo de lo primero tenemos a la equitación o hípica, y, para la segunda situación, a las explotaciones ejercidas por humanos que viven en la probreza, refugiados o colectivos minoritarios. La desgracia de un ser humano no justifica que cometamos injusticias contra los animales porque ellos poseen sus propios intereses inalienables. La necesidad no es justificación moral. Y la cultura o la tradición sólo indican que algo lleva haciéndose mucho tiempo, no que tenga legitimidad para continuar haciéndose.

No tiene justificación, por ejemplo, que se valide la caza de leones ejercidas por las tribus Masai ni la pesca ni caza de osos o focas por parte de las tribus Inuit porque forme parte de su cultura. Lo paradójico del asunto radica en que, cuando se habla de rasgos culturales occidentales, como la tauromaquia o la caza de cetáceos en las Islas Feroe, muchos ciudadanos no dudan en oponerse a pesar de que sea parte de la cultura de estos países. Esta doble vara de medir, que incluso acontece entre veganos, responde a un sesgo identitario y propio del marxismo cultural.

Derechos Animales ya - Retrato de William Lloyd GarrisonWilliam Lloyd Garrison fue uno de los pensadores, periodistas y discursistas más relevantes en la lucha abolicionista de la esclavitud negra.

La visión romántica de la esclavitud animal coincide con la visión de la esclavitud negra

Esta visión romántica de la esclavitud animal es el fruto esperable de dos fenómenos interrelacionados: la cosificación que padecen y el autoconvencimiento de que las víctimas reciben un buen trato. Para reflejar el pensamiento especista en la actualidad, basta con citar un discurso de William Lloyd Garrison, realizado el 22 de abril de 1845 en Boston, respecto a la percepción de los estadounidenses de aquella época sobre la esclavitud negra:

Hay personas tan profundamente ignorantes de la naturaleza de la esclavitud que se muestran obstinadamente incrédulas cuando leen o escuchan cualquier relación de las crueldades que a diario se inflige a sus víctimas. No niegan que se considera a los esclavos una mera propiedad. Pero este terrible hecho no parece suscitar en sus mentes ninguna idea de injusticia, ultraje o barbarie.

Hablémosles de crueles azotes, de mutilaciones y marcas a fuego, de escenas de corrupción y sangre, del destierro de toda luz y conocimiento y fingirán una gran indignación ante tan enormes exageraciones, tan inmensas tergiversaciones, tan abominables calumnias en torno al carácter de las plantaciones sureñas.

¡Como si todas estas espantosas atrocidades no fueran producto de la esclavitud! ¡Como si fuera menos cruel reducir a un ser humano a la condición de simple objeto que flagelarlo severamente o privarle de los alimentos y vestimentas necesarios! ¡Como si los látigos, cadenas, empulgueras, palizas, sabuesos, capataces, mayorales, patrullas no fueran indispensables para mantener bajo control a los esclavos y proteger a sus despiadados opresores! ¡Como si abolir la institución del matrimonio no conllevase un aumento del concubinato, el adulterio y el incesto!

Cuando se aniquilan todos los derechos humanos, no hay ya ninguna barrera que proteja a las víctimas de la furia del expoliador. Cuando se asume un poder absoluto sobre la vida y la libertad, se ejerce de modo destructivo. Este tipo de escépticos abundan en la sociedad. En casos contados, su incredulidad surge de una falta de reflexión, pero por lo general es indicativa de un odio a la luz, de un deseo de proteger la esclavitud de sus enemigos, de un desprecio de la raza de color, ya sea libre o esclava.

Derechos Animales ya - Campesino africano conduce una yunta de mulasEn muchos lugares del mundo dependen de la esclavitud animal como modo de vida para el transporte de pasajeros y víveres. Que haya humanos en situación de injusticia, marginación y pobreza no justifica la explotación animal ni los legitima a tener esclavos que les sirvan.

Nuestra ética para los animales no ha avanzado desde el siglo XIX

Estamos en el siglo XXI y esos argumentos expuestos por William Lloyd Garrison siguen más vivos que nunca. Lo resumiré en estos tres puntos:

  1. La sociedad general no percibe que haya nada malo en el hecho de que los animales sean legalmente propiedades de los seres humanos, como hace dos siglos no veía nada malo que en los negros fuesen propiedades de los blancos.
  2. Tanto entonces como ahora, la sociedad sólo se compadece de las víctimas cuando se les habla y se les muestra la realidad; pero resulta mucho más fuerte la necesidad social de justificar la injusticia por tal de tranquilizar sus conciencias. Se trata de una negación nihilista con que obviar una reflexión ética.
  3. La sociedad sigue sin comprender que no es justo que nadie sea esclavo de algún otro. Sigue sin comprender que los animales no desean ser criados, hacinados, manipulados, domados ni asesinados para alimentarnos ni servirnos de ningún modo. Y sigue sin comprender que todas estas acciones derivan de su propio prejuicio y desprecio hacia los animales, tal como en épocas pasadas se despreciaba a la raza negra.

La analogía entre la pasada esclavitud negra y la esclavitud animal es total. Y esta misma visión romántica se ha mantenido sin ningún cambio.

Derechos Animales ya - Tuit que justifica la explotación de burros - Visión romántica de la esclavitud animalEl autor de este tuit se ofrece una visión romántica de la esclavitud animal como si tales burros desearan cargar mercancías o trabajar para el ser humano. Los burros y otros animales que están junto a los seres humanos han sido domados y domesticados para servir como simples herramientas de transporte. No hay nada romántico en la guerra ni en la explotación animal. Todos los animales merecen respeto y son víctimas también de esos pobres seres humanos, quienes son víctimas de sus circunstancias.

La creencia de que los animales son esclavos por voluntad

Como parte inherente del romanticismo que envuelve la esclavitud animal, no es de extrañar que, como ocurría en el siglo XIX, también se incurra en la creencia de que los animales trabajan para ser humano por propia voluntad. William Lloyd Garrison y otros abolicionistas denunciaban la fantasía generalizada de que los negros eran felices en las plantaciones y de que cantaban de júbilo mientras recogían las cosechas. La misma similitud se esgrime frecuentemente en lo tocante a los animales. Una de las manera más efectivas de anular a las víctimas consiste en presuponer que su voluntad, casualmente, coincide con las de su amo.

Cuesta imaginar cómo un animal podría desear ser encerrado en un corral, en un zoológico, ser castrado o separado de sus crías; pero esto es lo que piensa mucha gente e incluso lo que promociona la nueva Dirección General del Gobierno.

Todos los animales están catalogados como bienes muebles semovientes —objetos con movimiento autónomo— y dicha consideración no cambiará mientras la sociedad, como ocurría con la esclavitud negra, se autoengañe creyendo que sólo haya un problema con la forma en que los tratamos y no con el hecho mismo de que sean esclavos. Por desgracia, más grave resulta que sus propios defensores participen, excusen y defiendan alguna clase de explotación animal.

El origen de los males que padecen los animales está en el especismo, en la creencia de que está bien discriminar y hacer con otros animales lo que nunca aceptaríamos ni veríamos bien para seres humanos. El especismo, a su vez, proviene de nuestra concepción antropocéntrica de que el ser humano es el único ser valioso que existe o la asunción de que los intereses de los demás animales quedan por debajo de los nuestros y de que sólo existan en la Tierra para servirnos.

Para ser justos, debemos promover los Derechos Animales y ello nos exige, por coherencia, hacernos veganos.

Derechos Animales ya - Mujer birmana lleva a vacas del narigón - Visión romántica de la esclavitud animal - William Lloyd Garrison - Esclavitud negraEsta fotografía, que les evocaría a algunos un ambiente bucólico y respetuoso con la naturaleza, no tiene nada de romántico para las víctimas no-humanas. La mujer lleva a un par de vacas tirándoles de unas cuerdas que les atraviesan el cartílago nasal. Al igual que explicaba William Lloyd Garrison respecto a la esclavitud negra, ningún animal quieren ser coaccionado por el ser humano ni existe justificación alguna para vulnerar sus vidas, libertad e integridad. Se produce una visión romántica de la esclavitud animal cuando se asocian dichas acciones a la belleza, la cultura o se presupone una relación mutualista entre el ser humano y tales animales.

Conclusión

Los activistas veganos entendemos que hemos llegado a esta situación por la transmisión histórica de un prejuicio inculcado desde la infancia. Para ser justos, debemos promover los Derechos Animales. A las víctimas no les basta con recibir un mejor trato ni cabe autoengañarse con que sea correcto utilizarlos como si fuesen objetos.

El respeto que merecen los animales nos exige, por coherencia, hacernos veganos y defender la liberación de todos los animales esclavizados. Nuestra formación hace hincapié en el activismo educativo —este artículo se incluye esa categoría— para tratar de concienciar a la sociedad sobre la realidad de la esclavitud animal. Nuestro alcance a otros países es muy limitado; pero en España podremos hacer mucho con tu voto y apoyo.

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