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Entrevista a Aranzazu (ambientalista vegana)

¡Derechos-Animales-ya-Aranzazu-con-un-aranAranzazu, una joven ambientalista vegana y asesora nutricional que dio el paso hacia el veganismo al ponerse en la piel de los demás animales.

Aranzazu, la ambientalista vegana

E: Hola, Aranzazu. Gracias por aceptar mi entrevista. ¿Cómo conociste el veganismo?

A: Descubrí el veganismo en 2014, tras llevar a «dormir» a uno de mis gatos. Fue algo que me abrió los ojos hacia cómo los humanos decidimos y actuamos por los animales. Nos creemos con derecho a decidir lo que hacemos con ellos, sin cuestionarnos acerca de los deseos del animal porque creemos que no existe tal cosa en ellos.

Llevar a «dormir» a Muffin fue muy doloroso e impactante para mí. El veterinario nos dio la opción de salir y esperar fuera a que estuviera hecho, mi pareja salió pero yo me quede allí. Fue lo que me hizo ser consciente de lo que estaba haciendo, aunque lo llamemos «dormir», lo que estamos haciendo es pagar a alguien para que mate al animal en nuestro lugar. Todo este suceso fue lo que me llevo a hacerme preguntas e indagando en internet encontré el veganismo.

¡Derechos Animales ya! - Gato MuffinFotografía inserta en un adorno hecho por Aranzazu en honor a su difunto gato Muffin.

E: ¿Cómo fue tu transición?

A: A día de hoy creo que aun continuo en «transición». Y con «transición» me refiero a que todavía hay mucha información que desconozco. No hablo aquí de la transición alimentaria que muchos llevan a cabo debido a la gran confusión informativa que existe sobre lo que es el veganismo y hace creer a la gente que es una dieta, sino que me refiero a la confusión que va mas allá por culpa de ONGs bienestaristas y la sociedad especista en que vivimos en general.

A pesar de que me considero vegana desde 2014, no fue hasta el año pasado más o menos que supe lo que significa el veganismo: el deber ético de respetar el derecho de los demás animales a no ser considerados recursos y por tanto a no ser explotados. Hasta entonces creía que era un poco de todo; principalmente no comer animales, estar saludable y no hacerles daño en la medida de lo posible…

Aun así, nunca hablo de mi transición porque es algo que no quiero fomentar ni reforzar, prefiero tratar de informar directamente con los conceptos que me hubiese gustado saber desde el primer momento: veganismo abolicionista, ética, Derechos Animales.

E: ¿En qué formas de explotación participabas antes de hacerte vegana?

A: Era una no vegana a la que le gustaban los animales —fui criadora de gatos un tiempo— pero participaba en la explotación animal porque no me había cuestionado ciertas cosas. Estudié salud ambiental y educación ambiental, pero todo desde el especismo. Cuando me hice vegana me decepcioné mucho al darme cuenta de la farsa del cuidado del medio ambiente. Ya que solía ser voluntaria en ONGs ambientalistas de mi pueblo, también he sido monitora ambiental, pero en ninguno de esos momentos conocía a nadie vegano y, claro, nadie que cuestionara el especismo remotamente.

¡Derechos Animales ya! - Pez espinoso (Gasterosteus aculeatus)Éste es el pez espinoso, una especie a la que Aranzazu intentó proteger. Mientras el especismo siga vigente, los animales carecerán de protección legal.

E: ¿Cuáles cosas especistas viste durante tus estudios en nutrición, salud ambiental y educación ambiental?

A: En salud ambiental hay una asignatura que es la de control de plagas. Diría que esa es la asignatura donde el especismo es más evidente. Todas las formas de deshacerse de las «plagas» que nos enseñaban eran básicamente el exterminio.

E: ¿Estuviste en alguna ONG?

A: Las ONGs con las que me he relacionado en mi vida han sido tipo «Ecologistas en acción», donde más que preocuparse por el medio ambiente se preocupaban por temas políticos no relacionados con el medio ambiente. Así que lo acabé dejando. Leía a Greenpeace y firmaba peticiones online. Con la asociación medioambiental de mi pueblo participé en la recogida de firmas a pie de calle para salvar al pez espinoso del río de mi pueblo por ser una especie en peligro de extinción, pero no conseguimos nada…

He sido monitora ambiental, pero era más bien un grupo de voluntarios con diferentes tipos de dificultades a quienes llevábamos de excursión a hacer actividades relacionadas con la jardinería. Hace años que hago donaciones a protectoras de animales y soy voluntaria en el grupo CES de mi pueblo. Todos son especistas. Son como era yo antes.

Es complicado salir de la mentalidad especista cuando ellos mismos refuerzan esas ideas y no permiten cuestionamientos. En el CES he hablado varias veces sobre veganismo, pero no suelo insistir demasiado porque cuando no están de acuerdo te «invitan» a irte. No creo que sea por el veganismo en sí mismo, sino que si no haces las cosas como los «encargados» creen que debe hacerse, ya no eres tan bienvenido, seas especista o no.

¡Derechos Animales ya! - Gato Muffin de Aranzazu - Ambientalista veganaAranzazu, la ambientalista vegana, realiza trabajos manuales muy interesantes para promover el veganismo de forma creativa.

E: ¿Cómo se lo tomó tu familia?

A: A mi familia no le cogió por sorpresa que les dijese que era vegana. Aunque, hasta la fecha, nada de lo que les he explicado ha hecho que decidan dejar de explotar animales. No espero que mis padres cambien, creo que si podrían hacerlo, pero no tengo la misma expectativa sobre ellos como la tengo sobre mi hermana. No entiendo sinceramente que no se haga vegana.

Cuando se trata de algunas amistades también espero más de ellos que de desconocidos. Conociéndolos, sabiendo que son personas inteligentes y respetuosas con otras causas no comprendo su ceguera especista cuando les explico el veganismo. Me frustra bastante y esa misma exigencia que tengo sobre ellos la tengo sobre mí misma al no ser capaz de hacerles entender que explotar a los demás animales no es justo.

E: ¿Cómo percibes actualmente el movimiento vegano?

A: Actualmente se me hace más duro el veganismo que en los primeros años de ser vegana. Antes estaba más centrada en mis propios cambios de hábitos que en la calidad de la información que recibía. Era vegana sin saber lo que significa el veganismo. Así que yo también promovía cosas y difundía información errónea pensando que así ayudaba a los animales.

Veo que esto mismo le pasa a la mayoría de la gente y lo malo es cerrarse y no hacer autocrítica. La falta de reflexión no es cosa únicamente de los no veganos. Creo que es importante tener una actitud de humildad con la que cuestionarnos nuestras ideas y formas de activismo y estar como en una especie de mejora continua permanente. Analizarnos, informarnos y educarnos continuamente. Estaría bien también que todos aprendiésemos a debatir y aportar información sin caer en cuestiones personales y también no perder el tiempo en discutir cuando no nos conduce a nada.

Canal de Youtube de Aranzazu, en el cual promueve el veganismo mediante explicaciones didácticas y breves.

E: He visto que difundes el veganismo a través de Youtube y que vendes accesorios relacionados con los animales, háblanos un poco de tu canal y de tu tienda.

Durante mis primeros años de vegana junté mi hobby de diseño y creación de accesorios de bisutería hechos a mano con el veganismo, elaborando pulseras, collares, pendientes y llaveros con pequeños mensajes veganos para que quien quiera pueda hacer y hacerse un bonito regalo con el que compartir y visibilizar el veganismo entre amigos, familia y demás personas de su alrededor.

Mas tarde, cuando empecé a aprender más sobre ética y Derechos Animales creé también un canal de Youtube (Vegan Aranzazu) donde poder hablar sobre educación vegana. También comparto recetas y hablo un poco sobre zero waste (vivir sin generar residuos) y así ayudar a que se sepa lo que el veganismo es realmente e invitar a la reflexión y profundizar en información que verdaderamente les suponga un cambio real a los demás animales.

Actualmente, cualquiera puede encontrar todo lo que hago y comparto (mi canal, mis redes sociales y mi tienda…) en mi pagina web Vegan Aranzazu. La verdad es que me complace muchísimo poder contribuir a la difusión del veganismo de una forma creativa y bonita. Espero con ello poder aportar mi granito de arena y que los derechos de los demás animales sean reconocidos lo antes posible en todo el mundo.

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¿Es ética la crianza en cautividad de animales?

¡Derechos Animales ya! - Lince ibérico - Crianza en cautividad de animales para la recuperación de especies en peligro de extinciónEl lince ibérico es una de las especies animales de la Península Ibérica en peligro de extinción. Como se practica con muchas especies vulnerables, el lince ibérico está sometido a programas de crianza en cautividad en centros de recuperación de especies.

La moralidad de la crianza en cautividad de animales

Desde los albores de la civilización humana, nuestra especie se ha autoproclamado con legitimidad para señorear la Tierra, regir a los demás animales e incluso desplazarlos de sus hábitats y exterminarlos conforme nuestra población crecía y lo hacían nuestros intereses antropocéntricos. Hoy, millones de animales están en peligro de extinción y algunos grupos humanos —científicos y organizaciones ecologistas— participan directamente o indirectamente en la crianza en cautividad de animales con el fin de aumentar sus poblaciones previamente mermadas por las acciones humanas y de reintroducirlos en sus hábitats naturales.

Dado que la mayor parte de la humanidad percibe a los animales como objetos —razón por la cual se los ha llevado al borde de la extinción—, no es de extrañar que las medidas tomadas para la recuperación de una especie en peligro de extinción puedan incurrir en injusticias y aberraciones morales iguales o peores a aquéllas cometidas años antes que fueron causantes de que la especie animal en cuestión esté ahora al borde del abismo. Poniendo el dedo en la llaga, cabe analizar el fenómeno de la crianza en cautividad de animales y preguntarnos: ¿es ética?

La crianza en cautividad vulnera los intereses inalienables de los animales

Muchos humanos en la actualidad se oponen a los zoológicos porque implican el encierro de animales inocentes. No obstante, ven perfectamente bien que se los encierre en centros de recuperación de especies y se los someta a programas de crianza en cautividad.

La razón es simple: cuando la mayoría de los humanos rechaza los zoológicos no lo hace porque comprenda que los animales valoran su libertad y merecen vivir libres; sino que se oponen a aquellas formas de encierro que no brindan un «beneficio aceptable» (percepción bienestarista). Para algunos, el hecho de que sus hijos puedan contemplar a un gorila o a un león tras pantallas de metacrilato es un beneficio que justifica la esclavitud de tales animales; mientras que, para otros, sólo se justifica la crianza en cautividad cuando, supuestamente, va en beneficio de los afectados.

Algo similar sucede cuando los consumidores justifican el consumo de explotación animal apelando que el sufrimiento de dichos animales queda justificado por el beneficio que les brinda a ellos mismos. En todos estos casos se evidencia una contradicción flagrante y una actitud negacionista. A los animales se los percibe como «ejemplares» representantes de una especie, no como individuos con intereses propios.

Buite negro (Aegypius monachus) enjaulado en un centro de recuperación de especiesBuite negro (Aegypius monachus) enjaulado en un centro de recuperación de especies.

Los centros de recuperación de especies

Para el caso de animales en peligro de extinción o aquéllos especialmente vulnerables en un contexto determinado, existen centros dedicados a su cuidado y atención. Un «centro de recuperación de especies» es, a menudo, un término bastante vago que puede aludir tanto a una reserva como un zoológico tradicional. Si entendemos que nos referimos a un centro destinado a la atención de animales vulnerables, cabe distinguir si tales animales llegan al centro por razones caprichosas o de fuerza mayor, si son privados de libertad temporal o permanentemente o si se los llega a reproducir artificialmente.

Si el animal llega a un centro porque ha recibido daños por causas humanas y necesita atención para salvar su vida o no comprometer su superveniencia, no es contrario a la ética que allí se lo retenga el tiempo necesario para asegurar que podrá sobrevivir. En este caso, si nosotros hemos sidos los causantes de sus males, tenemos el deber moral de hacer lo posible por salvarles la vida. En cambio, esta situación no es equivalente a la crianza de animales en cautividad y de terceros con el argumento de evitar su extinción. Mi argumentación para justificar esta postura se fundamenta en tres puntos que están íntimamente relacionados con la base argumental expuesta en este artículo del activista Luis Tovar titulado «¿Explotar a otros animales por su propio bien?».

  1. Sólo tenemos la obligación moral de intervenir cuando nosotros, a nivel individual —deber moral— o colectivo —deber circunstancial— somos causantes de los daños sufridos por tales animales debido a que somos responsables morales de sus circunstancias.
  2. Intervenir supone, muchas veces, atentar contra su voluntad, autonomía y someterlos sin su consentimiento a ser dependientes de nosotros. No tenemos legitimidad para intervenir a menos que sea la única opción viable para salvarles la vida cuando nosotros hemos sidos responsable de su suerte.
  3. Toda forma de explotación animal es injusta. Incluso cuando, aparentemente, beneficia al animal. Así ocurre porque un centro de recuperación de especies sólo tiene en cuenta del interés de un animal en vivir o sobrevivir al mismo tiempo que les niega otros intereses inalienables como la libertad o la integridad física. Tenemos la obligación moral toda forma de explotación animal y otras violaciones morales que nosotros cometemos contra los demás animales. Cualquier recurso que dediquemos a otras cosas que no tenemos el deber de hacer se lo estamos quitando a lo que sí debemos hacer.

¡Derechos Animales ya! - Conejos criados en cautividad para favorecer a especies animales en peligro de extinciónConejos criados en cautividad. Muchos animales criados en cautividad tienen el único fin de ser el alimento de otros animales criados en cautividad y favorecer a especies en peligro de extinción. Al mismo tiempo, los humanos nos llenamos la boca diciendo que «preservamos la naturaleza». ¿Cuál naturaleza?

¿Salvar a unos a costa de otros?

Como biólogo, me inculcaron durante la carrera que podíamos desempeñar una labor muy «gratificante» y casi «altruista» al tratar de recuperar especies en peligro de extinción mediante crianza en cautividad. Resulta bastante comprensible que si los humanos hemos sido causantes del desplazamiento y del exterminio de ciertas especies, tenemos la obligación moral circunstancial, como colectivo, de refrenar y de paliar esta situación aun cuando la hayan causado otros humanos y no nosotros a nivel individual. La justificación para ello radica en que, si vivimos en sociedad y participamos en actividades sociales en una sociedad especista, si no actuamos y concienciamos a otros humanos, no lograremos minimizar y evitar que se sigan cometiendo tales daños.

Sin embargo, debido al especismo y nuestra visión cosificadora de la naturaleza, tanto en la ciencia como en la sociedad se evalúa este asunto de la crianza en cautividad a granel o a bulto sin considerar poco más que objetivos y resultados. Un fin no justifica los medios. Tanto los fines como los medios han de ser coherentes y ajustarse al principio de igualdad.

Cuando hoy se establecen medidas legislativas y proyectos para la recuperación de especies en peligro de extinción —en España el caso más popular es el del lince ibérico por ser una especie patria—, se considera a los propios individuos afectados y a terceros como simples piezas de un rompecabezas ecológico que debemos armar para que todo vuelva a fluir como lo hacía antes de que alterásemos el ecosistema. Los científicos y relacionados no tienen en cuenta, en ningún momento, si para recuperar una especie en peligro de extinción van a causar todavía más daño a otros animales igual de inocentes. Esto ocurre, sí o sí, cuando se pretende aumentar artificialmente la población de un animal carnívoro. Como expliqué en un artículo previo titulado «Asesinato de animales como alimento para otros animales», la sociedad humana no parece plantearse la moralidad de asesinar a unos animales con el pretexto de salvar a otros.

Distribución geográfica actual del lince ibérico tras décadas sometido a programas de crianza en cautividad.

El caso práctico de la crianza en cautividad del lince ibérico

En España, desde hace unas décadas, existe un ingente y costoso programa para recuperar el lince ibérico y evitar su extinción. El interés en esta especie, sobre tantas otras —como el quebrantahuesos— que no despiertan tanto furor social, no es initencionado.

Como se observa en las banderas de ciertos países, los humanos tendemos a aplicar nuestros sentimientos grupalistas —regionalistas y nacionalistas— en torno a símbolos que sean característicos, exclusivos y definitorios de nuestra tierra. Si a este fenómeno sociológico le sumamos el hecho de que vemos a los animales como simples objetos y elementos del paisaje, no es de extrañar que los lugareños de un lugar guarden especial interés en «preservar su símbolo», lo que aplicado a un organismo vivo se traduce en evitar su extinción y creernos que ya tiene el futuro resuelto mientras atentamos contra su hábitat y contra todo el planeta en su conjunto. Y si la preservación del símbolo llena centenares de estómagos con proyectos investigadores y una turba de trabajadores subcontratados, el grupo se satisface el doble. Vaya que sí.

El lince ibérico, precariamente repartido en pequeñas poblaciones a lo largo del sur peninsular, requiere una serie de recursos para sobrevivir que, actualmente, vuelven prácticamente inviable su supervivencia sin intervención humana. Al grupo esto le da igual mientras el dinero siga fluyendo, pero a sus víctimas no tanto. La crianza en cautividad del lince ibérico conlleva, al mismo tiempo, la crianza en cautividad del conejo —la presa por excelencia del lince— para así alimentarlos y que así su población crezca. Si bien, a diferencia de en condiciones naturales, aquí no existe una curva de Lotka–Volterra; sino, en términos ecológicos, una inyección artificial de biomasa en consumidores primarios (conejos) para que dicha biomasa pase a los consumidores secundarios (linces) y así crezca su población artificialmente sin quedar supeditada a la capacidad de carga (K) del medio.

¡Derechos Animales ya! - Evolución de la población de lince ibérico en la Península Ibérica - Animal en peligro de extinciónEvolución de la población de lince ibérico en la Península Ibérica desde comienzos del siglo XX.

Conclusiones sobre la crianza en cautividad

Los linces, conejos y otros animales afectados, como ya se ha expresado, son esclavos y cautivos del ser humano. Su libertad es nula o relativa según el momento y las circunstancias. El lince se beneficia tímidamente del ser humano debido a la crianza en cautividad de conejos, al mismo tiempo que él mismo es cautivo de su propia crianza en cautividad y dependencia del ser humano para vivir en libertad. A menudo, la crianza en cautividad, lejos de practicarse por un equivocado convencimiento ético, se ejerce por simples intereses económicos y asociados a la simbología etnocéntrica de un país o región. Los animales criados en cautividad se encuentran en la irónica tesitura de que un aumento de su población no garantiza su pervivencia a largo plazo a tenor de la presión humana sobre el medio. Es decir, de nada les sirve recuperar el «esplendor de antaño» si sólo podrán vivir recluidos porque ya les hemos arrebatado su hábitat.

Utilizar a un animal como recurso para un fin —explotación animalsiempre es injusto con independencia del fin. Incluso si dicho fin es supuestamente beneficioso para sí. En este artículo sólo se han tenido en cuenta los casos de animales que son criados en cautividad con el argumento de «recuperarlos». Lo mismo se aplica cuando los animales predadores y presas son criados en cautividad para su «mantenimiento» con fines comerciales (zoológicos, acuarios, etc.). Que la población de una especie animal aumente no es beneficioso siquiera para el individuo; pues al animal de turno le importa un bledo —ni lo comprende— que su especie vaya a extinguirse en varias décadas. Las especies son un concepto abstracto para permitir el estudio de sus relaciones filogenéticas mediante la cladística. Al lince ibérico, como a los seres humanos, puede importarles sus congéneres por una razón sentimental, pero a ninguno de nosotros nos quita el sueño si dentro de miles o millones de años no existimos sobre este planeta.

Las especies ni sienten ni padecen. Sólo existimos los individuos con independencia de que nuestros genes se aproximen más o menos a los genes de terceros. De esto parecen olvidarse muchos biólogos expertos científicos a raíz de un prejuicio fijista casi religioso. Lo que desean los animales es que sus intereses inalienables sean respetados. Solamente los centros de recuperación de especies pueden ser éticos mientras vayan destinados a la recuperación de animales heridos y afectados por causas humanas y no impliquen perjuicio alguno para los intereses de otros animales.

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¿El veganismo es de izquierdas? ¿El veganismo es interseccional?

Bandera del comunismo junto con el símbolo del veganismo - El veganismo es de izquierdasMuchos creen que el veganismo es de izquierdas. La sociedad actual está muy confundida por la falta de información y la actitud desinformante de supuestos veganos que llegan a hablar de «veganismo interseccional» o de «veganismo blanco» entre otras lindezas posmodernas. A los animales les da igual nuestra ideología política, merecen respeto por encima de todo.

¿El veganismo es de izquierdas?

Vivimos en una sociedad en constante evolución y bastante convulsa desde que nuestros antepasados bajaron de los árboles. Los humanos, como animales sociales, mostramos una tendencia innata hacia el colectivismo: tendemos a juntarnos con gente que comparta nuestras creencias e ideales, por muy estúpidas o equivocadas que estén. Este fenómeno afecta a todos los aspectos de nuestra vida: ética, política, religión, etc.

La política envuelve todos los aspectos de nuestra vida, aunque no deseemos ser militantes políticos. Cuando una serie de ideas empiezan a resonar en la opinión pública, los partidarios y detractores de una determinada ideología o conjunto de ideologías preexistentes —ya fuere adrede o por mera inercia— empiezan a asociarla con otras determinadas ideas preexistentes, con algún tipo de colectividad o con cualesquier rasgos socio-políticos o económicos.

Es un secreto a voces que el veganismo ha calado más entre gente que se autoconsidera «de izquierdas» que «de derechas» pero… ¿significa eso que el veganismo es de izquierdas?

Imagen censurada por autora fanática y posmodernaBasta con escribir «veganismo interseccional», «vegan feminismo interseccional» o «veganismo blanco» en cualquier buscador para que aparezcan figuras como la presente [en la imagen aparecía una chica «vegana» que afirma que los hombres veganos blancos oprimen a los veganos de otras razas y sexos; es legalmente legítimo mostrar la captura de un vídeo; pero retiré la imagen por no aguantar sus amenazas]. Esta imagen representa la postura reaccionaria, fanática, irracional, identitaria y femisexista que muchos individuos vierten sobre el veganismo y los Derechos Animales al afirmar que «el veganismo es interseccional» o al hablar de «veganismo blanco», para introducir sus propios ideales como si a los animales les importase algo que los explote un hombre, una mujer, un blanco o un negro…

Relación entre el veganismo y el progresismo

Este artículo no pretende realizar un análisis exhaustivo ni nada detallado sobre posturas políticas ni sus evoluciones a lo largo del tiempo. Su intención no es otra que la de tratar de circunvalar y esclarecer ciertos alegatos y mantras —que se repiten desde uno y otro lado del espectro político— para reflexionar si tiene sentido relacionar el veganismo con la izquierda política. Con este fin, cabría empezar por tratar de acotar el significado de lo que entendemos por «ser de izquierdas». Decir que algo o alguien es «de izquierdas» se refiere, en principio, a que refleja los ideales del progresismo.

El progresismo, entendiéndolo en sus inicios como parte y consecuencia del movimiento de la Ilustración, defendía el progreso social mediante el uso de la razón y la adquisición de valores universales. El concepto de «izquierda», nacido durante la Revolución Francesa, ha ido transformándose desde el siglo XVIII hasta nuestros días y su significado sufrió severas alteraciones por la influencia directa del marxismo y su propagación de la idea sobre las luchas de clases que se desarrollaron entre finales del siglo XIX, y comienzos y primera mitad del siglo XX.

Y, en fechas más recientes, se ha visto también influenciado por el posmodernismo. Existiendo tantos matices e interpretaciones posibles, apenas podemos separar dos vertientes dentro de lo que llamamos «izquierda»: una vertiente moral y una vertiente política.

Si entendemos la «izquierda» como sinónimo de progresismo en su sentido moral —es decir, como la defensa de la razón y la búsqueda de valores universales—, podemos afirmar que el veganismo es un principio ético que recoge el testigo del progresismo y de los primeros movimientos de izquierda.

En cambio, si entendemos la «izquierda» como sinónimo de progresismo en su sentido político —es decir, como la defensa de unas estructuras sociales y económicas vinculadas a la existencia o no de un Estado y del individuo como carente de valor intrínseco—, entonces el veganismo no puede ser de izquierdas por dos razones:

  1. Pertenece a otra categoría. El veganismo es un principio ético y, como tal, se refiere a las acciones del individuo al margen de la sociedad y de cualquier estructura socio-económica. El respeto que merecen los animales es independiente de que los humanos vivamos bajo un régimen social, político y económico en específico.
  2. El actual movimiento político de izquierdas rechaza los pilares que lo fundaron. Si en un origen se apostaba por el uso de la razón y la adquisión de valores universales, las actuales corrientes de izquierdas incurren de lleno en el tribalismo —defensa egoísta de los intereses de un colectivo— y en el relativismo moral e identitariola creencia dogmática de que la verdad es relativa, de que no hay valores universales y de que nuestra identidad está por encima de los hechos objetivos—.

Imagen censurada por autora fanática y posmodernaComo fruto esperable de la tercera ola feminista y el adoctrinamiento posmoderno que ya se produce y reproduce en las universidades de Occidente, encontramos a individuos que sacan palabros [en la imagen figuraban unos ejemplos propuestos por la autora para acusar y vilipendiar a hombres veganos blancos] a la palestra como «veganismo blanco» —parte de su lucha por un «veganismo interseccional»—, como si alguien pudiera ahora ser vegano o no, o ser más o menos vegano según su color del piel o un «medidor de privilegios». Los animales merecen respeto y necesitan que los respetemos. Estas cuestiones identitarias son tanto una aberración como un insulto a las propias víctimas. A los animales les urge una sociedad vegana, no un corrillo de adolescentes haciéndose ‘selfies’ antes de entrar a su clase de estudios de género… 

¿El veganismo es de izquierdas por su relación con la izquierda actual?

Muchos de quienes hoy se consideran veganos también dicen ser «de izquierdas». A partir de lo que uno puede observar en su día a día, hablando con la gente en persona y en las redes, existe una enorme diferencia, al menos en apariencia, entre el número de veganos de que dicen ser «de izquierdas» y «de derechas», o bien que no se identifican con ningún lado del espectro. Hasta la fecha ha habido algunos estudios en distintos países y contextos. Como curiosidad, uno reciente ha sido sobre si hay veganos que hayan votado al presidente estadounidense Trump. Tales datos muestreados y sus resultados hay que atenderlos con precaución, pues algunos estudios —por no decir la mayoría— toman una muestra poblacional baja o hacen ciertas preguntas que polarizan los resultados.

Partiendo desde la premisa de que, verdaderamente, la mayoría de los veganos actuales sean «de izquierdas» o simpatizantes del socialismo, el marxismo o determinadas políticas identitarias, deberíamos detenernos un momento a averiguar un posible origen de esta realidad y preguntarnos si esto conlleva que, entonces, el veganismo es de izquierdas.

El origen del veganismo vinculado a otros movimientos sociales

Como han explicado maravillosamente otros autores, el veganismo surgió hacia la mitad del siglo XX. Este periodo estuvo marcado por el auge y apogeo de los movimientos sociales: la primera era del ecologismo y de la lucha homosexual, la segunda era del feminismo, entre otros hitos relevantes.

El veganismo, como principio ético seguido por humanos con metas e ideales propios, ha encontrado desde hace décadas una mejor aceptación «relativa» entre aquellos individuos que, a su vez, están sensibilizados con otras injusticias padecidas por humanos. Así ocurre porque, como explica el divulgador científico Steven Pinker, existe un fenómeno de causa-efecto por el cual un avance o progreso moral allana el camino para otro sucesivo. Por ejemplo, la abolición de la esclavitud negra facilitó el reconocimiento del sufragio femenino y, éste a su vez, supuso el reconocimiento de los derechos del menor, y así, sucesivamente, hasta la actualidad.

Por ende, apelando a una «lógica social», cabe comprender que en nuestro contexto actual, caracterizado por la discriminación sistemática de otros animales por una razón de especie transmitida de generación en generación, haya más humanos proclives a adoptar el veganismo si conocen bien o son partícipes en otros movimientos sociales vinculados tradicionalmente a la izquierda política.

¡Derechos Animales ya! - Logo del veganismo interseccional tachado - Veganismo es de izquierdasÉste es uno de los muchos logos que los grupos posmodernos difunden por redes sociales. Se ven a sí mismo como héroes y justicieros a la par que discriminan y adoptan actitudes y acciones irracionales y, muchas veces, violentas contra quienes rechacen o refuten sus dogmas identitarios. Hacerse vegano no tiene ningún misterio ni implica adoptar determinados ideales políticos.

Pero entonces… ¿El veganismo es de izquierdas? ¿Sí o no?

La respuesta es no y ya aparece en los párrafos anteriores. El veganismo no es ni puede ser de izquierdas porque no es un principio político; sino ético. No tendría ningún sentido afirmar que el veganismo es de izquierdas ni aun suponiendo que la mayoría de sus practicantes fuesen militantes de izquierda. Creer que los seguidores de algo condicionan la naturaleza de ese algo incurre en la llamada «falacia de asociación».

Alguien de derechas y muy, muy de derechas puede ser vegano perfectamente en tanto que, como individuo, comprenda que los animales merecen respeto por sí mismos y no participe en ninguna forma de explotación animal. Justo como cualquier otro humano con plenas facultades. El alegato de que alguien no puede ser vegano si es de derechas —una afirmación gratuita que me indigna— evidencia el interés de un particular o colectivo por tergiversar, manipular, adueñarse y apropiarse del significado y alcance del veganismo para promover sus propios intereses.

Y esto es justo lo que está ocurriendo: miles de individuos y colectivos que ven el veganismo como un simple instrumento de moda para encauzar sus propios intereses, obsesiones e ideas enfermizas. Los individuos de izquierda intentan politizar el movimiento y lo promocionan como una reivindicación política. Y, por su parte, los individuos de derechas oyen llover sin saber dónde y responden estupideces creyendo que el veganismo es la nueva locura posmoderna de unos cuantos comunistas, feministas o femisexistas con el pelo rosa.

¡Derechos Animales ya! - El objetivo de una discusión o argumento no debe ser la victoria, sino el progresoCuando algunos militantes de izquierda se apropian del veganismo y lanzan apologías del «veganismo interseccional» o «vegan feminismo interseccional», o van contra lo que ellos llaman «veganismo blanco», lo que hacen es polarizar y enfrentar a la sociedad entre buenos y malos —¡y luego dicen que nosotros somos divisivos!— debido a una interpretación y a una percepción maniquea, reduccionista y patológica de la realidad y de por qué los humanos cometemos injusticias, ya sea contra otros humanos o contra los animales.

¿Y por qué el veganismo tampoco es transversal o interseccional?

Cuando se dice que un movimiento es «transversal» significa que afecta y va destinado a combatir injusticias en todos los niveles de la sociedad. El veganismo es un principio ético referido exclusivamente a los animales. Y no, no vale decir que los «humanos también somos animales» para excusar que el veganismo también se refiera a nuestra especie porque el veganismo no se refiere a los animales por ser animales; sino porque los humanos hemos reducido a los demás animales —otros seres sintientes—, al estatus de propiedad y a la condición de esclavos.

Los humanos podemos estar oprimidos según nuestros rasgos biológicos en determinados lugares del mundo, pero ningún ser humano es esclavizado sistemáticamente por ser humano. En cambio, los demás animales son esclavizados sistemáticamente por no pertenecer a nuestra especie y carecen de ningún tipo de derechos reconocidos.

Defender un «veganismo interseccional» implica difuminar la definición de veganismo para abarcar cuestiones ajenas al mismo. Claro que son importantes las luchas obreras, feministas y homosexuales; pero eso no conlleva que el veganismo se refiera o deba referirse a estas luchas. Dado que la sociedad actual es especista y tendemos a marginar los intereses de los demás animales, un «veganismo interseccional» se traduce en la marginación de los animales dentro del propio principio ético que se refiere a ellos en pos de los intereses colectivistas, políticos e identitarios de algunos humanos.

Y, por supuesto, ir contra lo que algunos llaman «veganismo blanco» significa, ni más ni menos, que crear una barrera discriminatoria —dentro de un principio contrarias a las discriminaciones morales— para juzgar, condenar y marginar a veganos según sus rasgos identitarios, juzgados y evaluados por otra gente que cree tener otros rasgos identarios oprimidos por estos primeros. Menuda aberración irracional.

El veganismo no es de izquierdas ni puede serlo

El veganismo no es una dieta, no es un estilo de vida, no es una moda, no es fruto del posmodernismo —el posmodernismo ni existía en 1951— ni nada ajeno a los Derechos Animales. Cualquier agente moral —adulto con plenas facultades— puede ser vegano con independencia de su raza, sexo, orientación sexual, credo, religión, etnia, ideales políticos, de su equipo de fútbol favorito o de cualquier otra razón social, política y económica ajena a la cuestión moral de los animales. Por tanto, a la pregunta tan manida de si el veganismo es de izquierdas, la respuesta es un «no» rotundo. Cualquier etiqueta y adjetivo que deje al margen el significado del veganismo y el respeto que merecen las víctimas se convierte en parte del problema. ¡Ya está bien de decir y propagar sandeces como «veganismo interseccional o «veganismo blanco»! Se precisa madurez, honestidad, seriedad y ganas de formarse y transmitir un mensaje veraz por los animales.

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Asesinato de animales como alimento para otros animales

¡Derechos Animales ya! - Dos gatos comiendo pienso cárnico en un cuenco - Asesinato de animalesLos humanos consideramos que los demás animales son simples objetos o recursos a nuestro servicio (especismo). En consecuencia, los «administramos» y discriminamos entre animales según la utilidad esperada. El asesinato de animales para alimento de otros es una realidad. Millones de ellos acabarán como piensos para animales de otras especies, otros tantos terminarán criados como alimento de especies en peligro de extinción en centros de cría o recuperación de especies y otros miles serán sacrificados por una razón de rentabilidad o como exhibición en zoológicos, acuarios y otros lugares.

Introducción

A menudo nos comentan a los activistas por los Derechos Animales que está mal decir «asesinar animales» porque sólo se puede «asesinar personas», lo cual es un argumento doblemente errado. Antes de comenzar esta disertación, conviene aportar una serie de argumentos sobre por qué es válido, correcto y justo hablar de «asesinar animales».

Asesinar, con independencia del diccionario que uno consulte, presenta acepciones más específicas que el verbo «matar» en alusión a la existencia de un sujeto que recibe la acción, así como a la intencionalidad y la premeditación de quien le quita la vida. Decir «asesinar animales» es correcto porque los animales también son sujetos y los humanos, en los casos descritos a continuación, les quitamos la vida con intencionalidad y premeditación derivadas de un prejuicio moral. Basta con eso para legitimizar tal uso aun cuando le suene mal a mucha gente porque tenemos cosificados moralmente a los animales y discriminamos entre ellos.

Asesinamos animales para alimentar a otros animales

Al igual que vemos a muchos animales como alimento para humanos, también llegamos a discriminar entre animales y a pensar que algunos animales existen en la Tierra con el único propósito de alimentar a otros. Tal creencia procede de la llamada «falacia naturalista», la cual podría resumirse en «la confusión entre el ser y el deber ser».

Este artículo es una ampliación de otros ya escritos sobre manifestaciones del especismo, el especismo en la ciencia, el especismo ecologista, creencias y prejuicios entre animalistas y ecologistas, y la gestión ambiental. Por tanto, se evitará repetir en la medida de lo posible y se recomienda consultar los diferentes enlaces para ahondar en cada punto mencionado. En este caso, el artículo presente hará hincapié en las que, a mi juicio, son las tres formas de explotación animal más comunes cuando se destinan animales a alimentar a otros animales.

Los tres casos más comunes de asesinato de animales como alimento para otros animales son:

  1. El asesinato de animales considerados como «ganado» o «de granja» para alimentar a otros animales catalogados como «domésticos» por medio de piensos cárnicos.
  2. El asesinato de animales considerados como «presas» de una especie predadora para su mantenimiento en cautividad o en peligro de extinción para favorecer el crecimiento de su población.
  3. El asesinato de animales considerados «sobrantes» o «inviables» para reducir costes de mantenimiento, «equilibrar ecosistemas» o «educar en el ciclo de la vida».

¡Derechos Animales ya! - Dibujo de gato que desea comerse un pavo Discriminar entre animales carece de justificación lógica y ética. Si un gato viviera en un hábitat apropiado y obtuviese su propio alimento, no nos concerniría que cazara. Sin embargo, si un animal vive con nosotros, debemos responsabilizarnos de sus acciones y de su alimentación siguiendo exactamente la misma ética que con nuestros hijos. Por ende, en lugar de alimentarlos con los típicos piensos para animales hechos con carne, debemos de alimentarlos con piensos 100% vegetales.

El asesinato de animales para alimentar a otros animales catalogados como «domésticos»

El caso más típico y usual es de alimentar a perros y gatos con piensos para animales hechos con carne porque los humanos vemos a los «peluditos» como animales que merecen vivir para darnos compañía; mientras que catalogamos a vacas, ovejas, cabras, gallinas, pavos, gansos, y un largo etcétera, como «animales de granja» cuyo único fin es ser criados, engordados, hormonados y manipulados por todos los medios posibles para servir como alimento a humanos y a aquellos animales que nosotros consideremos como más valiosos, bellos o admirables. Este hecho —que reduzcamos a ciertos animales a ser la carne de otros animales— sirve para demostrar que no es coherente hablar de «carnismo», sino de simple y llano especismo.

Es injusto e injustificable que asesinemos a unos animales para alimentar a otros simplemente porque nos caen más simpáticos o los consideremos «de la familia». ¿Acaso las vacas, ovejas, cabras, gallinas, pavos, gansos, etc., no desean vivir? El «bienestar animal» no existe para aquellos animales que tienen etiquetado en una oreja el día que irán al matadero. Como se explica en este artículo previo, se trata de un ejemplo de especismo de preferencias. Los piensos para animales puede ser 100% vegetales sin riesgo para su salud ni implicar ningún tipo de explotación animal.

No valen las excusas ni nadie, por muchas manifestaciones o vigilias a las que vaya, es vegano o vegana mientras considere que hay víctimas de primera y de segunda, y vea a unos animales como simples recursos para otros alegando que «así es la naturaleza». Ya me imagino a algún feminista excusando las violaciones sufridas por mujeres alegando que los leones violan a las hembras de su especie. La doble vara de medir del animalismo especista en todo su esplendor.

¡Derechos Animales ya! - Delfín con mandíbula entreabiertaDiscriminamos entre animales según la simpatía que nos causan. Los delfines y otros animales carnívoros que están esclavizados consumen como alimento a distintos animales, criados muchas veces en sus propios centros explotadores.

El asesinato de animales para alimentar a animales predadores

Ni siquiera en la universidad se cuestiona el dogma de que sea coherente discriminar entre animales y de por qué destinamos a unos para un fin y a otros para un fin distinto. Recuerdo aquellos días, durante mis estudios en la facultad, en que nos enseñaban a calcular cuántos ejemplares de una especie «presa» había que criar por unidad de tiempo para alimentar a un predador. Dicho predador podía ser un lince ibérico criado en un centro de recuperación de especies (o «centros para la manipulación de especies con fines especista-ecológicos»), un cocodrilo hacinado en una granja peletera o un delfín explotado como «bufón» en un acuario.

A modo de ejemplo, en el examen me tocó calcular cuántas lagartijas había que criar para alimentar a una serpiente metida en el terrario de un zoológico. Pues, al parecer, los humanos consideramos justificable no sólo el tener a un animal metido en un caja de cristal para que un público variopinto y vulgar acerque sus mugrientas caras enchurretadas; sino que también vemos bien eso de confinar animales en otra caja con la única finalidad de reproducirse y echárselos vivos a la serpiente.

El caso de los animales asesinados para alimentar a predadores es, al mismo tiempo, de los más comunes en la explotación animal y de los menos mentados, tanto por animalistas particulares como por las grandes y fraudulentas organizaciones animalistas. Cuando tales organizaciones convocan manifestaciones a las puertas de un zoológico o acuario, nunca, nunca, nunca, se acuerdan de los cientos o miles de animales que se encuentran cerrados al públicos para alimentar a los predadores. Sus «victorias» son mera propaganda. Buscan llamar la atención y acaparar doinaciones. Los animales les importan en la medida en que les granjeen dinero. Todos los bienintencionados animalistas piden libertad para los delfines y otros cetáceos mientras les dan olímpicamente igual las sardinas u otros animales que están en el mismo recinto para ser comidos por los primeros. Sirva esta mención como evidencia de lo confundido y la carestía de razón que existe dentro del mal llamado «movimiento animalista».

Jirafa sacrificada en zoológico de DinamarcaEl asesinato de animales como alimento para otros animales adquiere a veces matices que rozan la más absoluta aberración. Hace un tiempo, un zoológico de Dinamarca decidió sacrificar a una cría sana de jirafa y montar un espectáculo para que adultos y niños vieran cómo la anestesiaban, degollaban y descuartizaban por no ser un perro, un gato y, ni mucho menos, un humano.

El asesinato de animales considerados «sobrantes» o «inviables»

Relacionado directamente con el punto anterior se halla el asesinato de animales porque «sobran» en una explotación o industria determinada. Este caso se extiende desde la matanza y sacrificio de animales sanos de un zoológico para dárselos de comer a otros animales, a ejemplos más generales como el de camadas de determinados animales que han salido más numerosas de lo esperado y no entran en el presupuesto de mantenimiento.

Hace cierto tiempo, como bien señaló el activista Igor Sanz, hubo un escándalo por el asesinato de una cría de jirafa en un zoológico de Dinamarca. Si la propia descripción de los hechos y las excusas del zoológicos ya son, de por sí, repugnantes, todavía mayor repugnancia me causa leer en ciertos medios de comunicación algunas explicaciones sensacionalistas. La BBC se llevó la palma al trivializar el fragrante especismo de asesinar a una cría de jirafa por dinero alegando que «fue condenada a muerte por sus genes». No, amigos de la BBC, fue condenada a muerte por el especismo de quienes gestionan el zoológico y el vuestro al escribir semejante basura.

También se incluye en esta categoría a aquellas intervenciones humanas destinadas a mermar o exterminar adrede una población animal al catalogarla como «especie invasora» o porque atenta contra los intereses económicos de la ganadería. De tal forma, «solucionan dos problema a la vez», se quitan un estorbo de encima y les sacan rédito de otra manera.

Conclusión

Discriminar entre animales y los asesinamos sistemáticamente según fines predispuestos para ellos. Existe una discriminación sistemática entre animales derivada del especismo que nos lleva a considerar que unos animales existen como simple alimento para otros. No puede haber ningún tipo de justicia para los animales mientras a la sociedad general le parezca normal la existencia de una visión jerarquizada de la naturaleza en la cual nosotros nos autocolocamos en el centro y discriminamos entre animales según nuestra conveniencia.

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La falacia naturalista como argumento para excusar la explotación animal

Esquema de la falacia naturalista para excusar la explotación animalLa falacia naturalista consiste en la confusión entre el ser y el deber ser. Desde tiempos inmemoriales se ha empleado para excusar la explotación animal y el consumo de animales. Para profundizar en la ética kantiana y cómo refutó al relativismo de Hume respecto a la falacia naturalista, recomiendo estas diapositivas didácticas.

¿Qué es la falacia naturalista?

La falacia naturalista es una de las falacias dialécticas más usuales y omnipresentes para excusar la explotación animal. De un modo sencillo, esta falacia podría resumirse en «la confusión entre el ser y el deber ser». Ocurre cuando los seres humanos observamos qué ocurre en la naturaleza y lo usamos como argumento para excusar nuestras acciones. Se trata de una falacia —argumento inválido— doble. En primer lugar, que algo ocurra en la naturaleza no significa que sea bueno o malo. Y, en segundo lugar, que algo suceda en la naturaleza no significa que «deba» ocurrir ni que debamos imitarla.

La naturaleza es un ente abstracto conformado por la existencia y acciones continuas de millones de organismos amorales. Los seres humanos con plenas facultades, a diferencia de otros seres, sabemos distinguir el bien del mal y somos responsables de nuestros actos. Y, en segundo lugar, la falacia naturalista se convierte en un arma antojadiza cuando el ser humano sólo se basa en la naturaleza para tratar de justificar aquellas acciones que le conviene, como comer carne, explotar animales bajo el argumento de hacerlo con bienestar animal o subyugarlos de todas las formas posibles.

En cambio, a nadie se le ocurriría —o no públicamente— apelar a la naturaleza para excusar las violaciones, el infanticidio o la esclavitud humana apelando a que hay animales que violan a miembros de su especie, que los esclavizan y que matan a sus crías propias o a las de otros congéneres. Para tales casos, la naturaleza pasa de ser un ejemplo de virtud moral al que imitar —para situarnos en la cúspide de la «cadena alimentaria»— a algo hostil, aberrante e irracional del que debemos despegarnos en pos del progreso social. Curioso… ¿no?

Manifestaciones habituales de esta falacia

Partiendo de su definición básica «la confusión entre el ser y el deber ser». La falacia naturalista se manifiesta cotidianamente de múltiples maneras y en contextos muy heterogéneos para excusar la explotación animal. A veces aparece como argumento unitario y, otras, como una falacia envuelta entre muchas otras. Básicamente, nos sirve a los seres humanos como comodín para justificar todos nuestros prejuicios inculcados desde la niñez (especismo). En los siguientes puntos se resumen algunas de las excusas habituales amparadas o basadas en la falacia naturalista junto con algunas explicaciones de por qué carecen de siquiera un sentido lógico o —concretamente— científico.

¡Derechos Animales ya! - Cadena alimenticia con el ser humano en el centro - Falacia naturalista de que sea natural el consumo de animalesÉsta es la interpretación humana de la «cadena alimenticia» por apelación a la falacia naturalista. Básicamente es un reduccionismo de nuestro profundo antropocentrismo para justificar el consumo de animales.

La falacia naturalista para justificar el consumo de animales

La sociedad parece empecinada a creer que si algunos animales —una minoría sobre el conjunto total— depredan y comen a otros animales, entonces está bien que nosotros hagamos lo mismo. La mayor parte de los animales del mundo son consumidores primarios —herbívoros— por una razón de termodinámica: las plantas y otros organismos autótrofos generan energía y la mayor parte de la energía sólo puede aprovecharse si se toma directamente de tales organismos.

Un animal carnívoro sólo llega a aprovechar en torno al 10% —o menos— de la biomasa acumulada por el animal herbívoro porque éste invierte la mayor parte de su energía consumida en la homeostasis. Por ello, siempre los animales carnívoros son y serán una minoría frente al total; pues no disponen de energía para que sus poblaciones alcancen proporcionalmente el mismo acúmulo de biomasa, y se alimentan naturalmente de otros animales como parte de la selección natural; la cual, en términos ecológicos, tiende hacia la maximización del aprovechamiento de la energía.

La apelación a la omnivoría

Los humanos somos biológicamente omnívoros. Esto significa que podemos digerir un amplio espectro de biomoléculas con independencia de su origen; no que necesitemos ingerir forzadamente ningún producto de origen animal para estar sanos. No podemos, pues, excusar la explotación animal y el consumo de animales en que lo «necesitemos».

A su vez, la mayor parte de los animales del mundo no se comen a otros, o no como fuente primaria de biomasa. Por ende, nuestro empecinamiento en justificar el consumo de animales se debe a un intento de sentirnos especiales al vernos a nosotros mismos como los dueños y señores de la naturaleza. Un prejuicio que no se corresponde científicamente con la realidad. No poseemos adaptaciones morfológicas, anatómicas ni fisiológicas para el consumo de animales y, ante todo, no justo asesinar animales porque podemos entender que ellos sienten y padecen como nosotros y valoran sus vidas tanto como nosotros.

Pienso vegano para gatos de la marca 'Veggie animals' - Falacia naturalista de que los gatos deben comer carne - Ya no hay excusas para la explotación animalHoy en día existen piensos 100% vegetales con que alimentar a perros y gatos sin explotar a otros animales. La falacia naturalista lleva a creer que alimentar animales con piensos vegetales va «contra natura». No es justo —ni tiene sentido lógico alguno —asesinar a unos animales para alimentar a otros. El consumo de animales no pasa a estar justificado si buscamos alimentar a otros animales.

La falacia naturalista para justificar los piensos cárnicos

Una versión especialmente sangrante de la falacia naturalista la encontramos entre animalistas y supuestos veganos. Acontece cuando el individuo de turno rechaza que los humanos comamos carne a la par que excusa el asesinato de unos animales para alimentar a otros apelando a que ésa es «su naturaleza». Curiosamente, muchos animalistas insisten en que, aunque sea sano, deben darles piensos cárnicos a sus perros y gatos porque es lo «natural». Y me pregunto yo: ¿Acaso es natural que convivan con humanos? ¿Es natural que estén castrados o esterilizados? ¿Es natural que se alimenten de animales que nunca cazarían en la naturaleza? ¿Es natural que sean sacrificados cuando les conviene a su propietario?

La discriminación entre animales

Los perros son omnívoros como los seres humanos, ocurre que su espectro es algo más estrecho y presentan intolerancia a determinadas sustancias comunes en la dieta humana, como el chocolate. Y los gatos, aunque carnívoros, pueden vivir perfectamente con piensos suplementados con taurina. Los piensos veganos están avalados científicamente. Ni perros ni gatos necesitan comer carne forzadamente ni se justifica de ninguna manera que asesinemos a unos animales en beneficio de otros. Esto es simple y llano especismo de preferencias.

¡Derechos Animales ya! - Campos de concentración animal - Vista aérea de ganado vacuno esclavizado - Falacia naturalista de que sea natural criar animales y excusar la explotación animalSegún la falacia naturalista es algo «natural» que miles de millones de animales sean criados, hacinados, hormonados y asesinados sistemáticamente mediante uso de maquinaria industrial para alimentar a una sobrepoblación humana que hace tiempo sobrepasó la capacidad de carga (K) del medio. El antropocentrismo extermina a los animales salvajes y esclaviza a los domesticados.

La falacia naturalista para justificar la esclavitud animal

La sociedad general ha olvidado que uno de los grandes argumentos usados en la época colonial para tratar de excusar la esclavitud humana. Se decía entonces que los negros eran descendientes del segundo hijo de Noé y que habían sido maldecidos por Dios a la esclavitud eterna por el crimen cometido contra su padre. Cada cultura y religión ha esgrimido diferentes argumentos para excusar la esclavitud humana. Sin embargo, los humanos no hemos sido tan, tan creativos respecto a la esclavitud animal.

Como se explica largo y tendido en el artículo: «La discriminación moral: historia, sociología y psicología humana», los seres humanos nos hemos dado cuenta desde antaño de que somos teóricamente más inteligentes que otros animales y que podemos dominarlos gracias a nuestro ingenio. En consecuencia, hemos llegado a la conclusión falaz de que «el poder genera el derecho» —definición del fascismo desde el punto de vista ético— de una manera muy similar a cómo los imperios de la Antigüedad, como Grecia o Roma, excusaban la esclavitud de pueblos conquistados o de soldados vencidos en la batalla.

La apelación ad baculum

Que seamos supuestamente más inteligentes o poderosos que otros animales no nos otorga ningún derecho sobre sus vidas. Está igual de mal explotar o encerrar animales que hacerlo contra seres humanos. Justo al igual que el mayor poder, inteligencia y madurez de un adulto frente a un infante no le concede ningún derecho sobre éste. Debiera suceder justo lo contrario: los seres humanos debemos comprender que los animales tienen, científicamente, la conciencia de niños pequeños y que merecen derechos reconocidos para poder recibir protección ante las aberraciones que cometemos contra ellos.

El ser humano sufre de un grave complejo narcisista. Necesita estar buscando constantemente rasgos y detalles que nos diferencien de los demás animales para tratar de darle sentido a nuestra insignificante existencia.

La falacia naturalista para justificar la «excepcionalidad humana»

Cuando el ser humano observa —sesgadamente— la naturaleza y cree percatarse de que nuestras acciones, ingenios y construcciones son más complejos, elaborados y eficientes que los de otros animales, la falacia naturalista se utiliza entonces como argumento de que el ser humano representa el mayor exponente o el máximo grado de desarrollo de aquello cuanto existe en la naturaleza. De esta manera, concluye que todo cuanto ocurra en la naturaleza debe estar presente en nosotros o responde al plan de una divinidad que nos eligió como vicarios para señorear la Tierra a nuestro antojo.

¡Derechos Animales ya! - Zorro descansando sobre un tocónLos bienestaristas más extremos, autodenominados «sensocentristas» emplean la falacia naturalista para excusar la explotación animal de una forma menos común: explotarlos y esclavizarlos por su propio bien. Esta postura vulnera los propios intereses de los animales.

La falacia naturalista para justificar el intervencionismo en la naturaleza

Una versión característica de bienestaristas y neobienestaristas (sensocentristas), y cada vez más común, es la de apelar a la falacia naturalista para esgrimir que la naturaleza es «mala» y «cruel» en sentido absoluto para concluir que los humanos tengamos el supuesto deber de intervenir en la naturaleza para «ayudar a los animales». Expresado de esta forma, muchos se preguntarán: ¿y qué tiene de malo ayudar a los animales?

El problema reside en que su visión de lo que significa «ayudar a los animales» es muy diferente de lo que significa dicha expresión para el resto de los mortales. Para un bienestarista o sensocentrista, «ayudar a los animales» no se limita a atender o salvar la vida de cualquier animal al que hayamos lastimado sin querer o accidentalmente; sino que ellos se refieren al control absoluto de sus vidas, a privarlos de libertad y a encerrarlos en zoológicos o análogos bajo el argumento de que «así sufren menos que siendo libres».

De esta forma, la falacia naturalista converge con la falacia paternalista y tales humanos llegan a la aberrante conclusión de que los humanos tengamos legitimidad para decidir sobre la vida de otros animales y de privarlos de libertad «por su bien».

Los individuos que esgrimen la falacia naturalista en este sentido se vuelve especialmente problemáticos; pues, a diferencia de otros humanos comunes y corrientes, quienes tratan de justificar el encierro y manipulación de animales por su bien han transformado su antropocentrismo tradicional y supremacista —el punto anterior— a una suerte de antropocentrismo animalista y armonioso con que satisfacer sus propias obsesiones personales.

Conclusión

La falacia naturalista es un argumento falaz demasiado común y extendido, tanto entre humanos corrientes y molientes como entre humanos supuestamente sensibilizados con las injusticias que padecen los animales. En todos los casos, dicha falacia es una herramienta con que excusar la explotación animal y autolegitimar el consumo de animales según cómo lo hayan normalizado nuestras creencias prejuiciosas más arraigadas.

Un vegano es quien respeta a todos los animales por igual porque todos valoran sus vidas aunque nadie más lo haga. No importa que alguien se considere vegano si discrimina entre animales o participa en su explotación de alguna forma.

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