Archivo por meses: agosto 2018

La-epidemia-del-alter-ego

La epidemia del alter ego

La epidemia del alter ego hacia los animales

Cuando el ego se disfraza de altruismo por los animales

El alter ego es la actitud psicológica, a menudo inconsciente, por la cual uno actúa en beneficio de sí mismo al mismo tiempo que dice o cree estar haciéndolo por los demás. De tal forma, traslada sus intereses a un otro-yo (alter ego) que le permita sentirse mejor y autojustifique los medios y fines de sus propios actos. El fenómeno del alter ego abunda dentro del movimiento vegano y de la lucha por los Derechos Animales.

Este estado psicológico condiciona toda clase de irracionalidades y comportamientos narcisistas que podemos observar. Se evidencia cuando el activista en cuestión no quiere escuchar ninguna crítica ni atenerse a ninguna prueba de la realidad que pueda destrozar su creencia en la legitimidad e idoneidad de sus acciones.

A alguien que sufre un sesgo de alter ego le importa muy poco si hacer esto o lo otro será inútil, no salvará vidas o incluso puede ser peligroso, ilegal o perjudicial para las víctimas; aún así lo justificará porque el origen de sus acciones no se enfoca en el sufrimiento de las víctimas sino en el suyo propio al ser consciente de la situación en que viven. Quien padece este estado intenta realizar y justificar cualquier acto que considere «bueno» para calmar su sufrimiento a pesar de que no sirva para eliminar el sufrimiento de las víctimas reales.

Los individuos con alter ego quieren hacer y creer todo aquello que les reduzca el dolor psicológico provocado por el conocimiento de la situación actual respecto a los no-humanos. Así, cuando donan o asisten a una manifestación no luchan por mejorar el paupérrimo estado en que moran las víctimas; sino en poder decirse a sí mismos que ya han cumplido o cumplen con las acciones necesarias para «cambiar la realidad» aun cuando no hayan hecho nada lógico, coherente o viable en esa dirección.

Debido a este hecho, un individuo sumido en el alter ego mostrará una enorme aversión y violencia (gritos, insultos, etc.) a quien señale qué tal o cuál acción no ayudará a las víctimas. Esto explica por qué hay tantos comportamientos violentos ante las críticas, por qué se vierten tantas falacias unionistas («todos estamos en el mismo barco») y por qué hay miles de veganos que siguen donando y creyéndose a pies juntillas las «victorias» de las grandes organizaciones animalistas.

Origen, actualidad y remedio del alter ego

El efecto del alter ego aparece por una serie de razones biológicas y contextuales. Habría que estudiar a fondo por qué acontece. Por un lado, los demás animales no hablan en nuestro idioma ni usan algún lenguaje que el ser humano pueda reconocer fácilmente. Tampoco conocemos tan bien —como en humanos— qué sienten, qué piensan o si algo puede causarles malestar o sufrimiento; lo cual puede derivarse en que uno confunda la realidad con sus propias inferencias e interpretaciones.

Y, por otro, estamos inmersos en una cultura especista que confunde nuestro sentido de la justicia y la situación de los no-humanos resulta tan lamentable, bochornosa y aberrante que cualquier mínimo cambio o mejora genera enormes expectativas y una sensación de autorecompensa muy intensa con independencia de que las víctimas se sientan igual de mal.

La lucha por los Derechos Animales podría avanzar más rápido si muchos veganos dejaran de limitarse a seguir sus impulsos y a realizar aquellas acciones que solamente les brinda satisfacción en su día a día aunque, en la práctica, no sirvan de nada a los animales esclavizados y torturados. Un vegano es, por definición, aquél que ha entendido el deber moral de respetar y defender a las víctimas. Por el contrario, si uno las defiende únicamente por su propio interés de considerarse «mejor persona», entonces no puede entender la base del problema y llegará un momento en que sus intereses incluso entrarán en conflicto con los de las víctimas.

Quizás sea ésta es una de las razones fundamentales, aparte del argumento lucrativo, de la corrupción en organizaciones animalistas que en su día empezaron como abolicionistas (p. ej: Igualdad Animal) y que ahora son bienestaristas totales y, además, uno de los motivos entre quienes integran grupos de acción directa. Estas organizaciones emplean la compasión instintiva y el sesgo de la confirmación para alentar comportamientos irracionales que se desprenden del alter ego.

En conclusión, no somos perfectos y resulta increíblemente mantener la objetividad —y casi la cordura— en una lucha tan ignorada y minusvalorada; sin embargo, si queremos el bien de las víctimas y un futuro mejor, no caben las actitudes irracionales o ególatras que sitúen nuestras esperanzas por encima de sus realidades diarias. Un activista siempre debe querer formarse, mejorar como persona y tener claro cómo lograr el fin de la explotación animal. Esto se resume en la consecución de que la sociedad entienda por qué merecen respeto más allá del trato que reciban. Para ello, debemos hacernos veganos y promover los Derechos Animales conociendo de primera mano la realidad y cómo podemos tratar de cambiarla.

Artículos relacionados
Masacran-a-cerca-de-300-cocodrilos-en-Indonesia-en-venganza-por-la-muerte-de-un-vecino

Masacre de cocodrilos en Indonesia

Masacran a cerca de 300 cocodrilos en Indonesia en venganza por la muerte de un vecino - Animales asesinados por el especismo - Masacre de cocodrilos en Indonesia

Noticia publicada en El Mundo que recogía el suceso de que un grupo de campesinos había cometido una masacre de cocodrilos al asaltar una granja dedicada a la conservación de estos animales en peligro de extinción.

Una masacre de cocodrilos en Indonesia cometida como venganza

El otro día llegaba la noticia, publicada en El Mundo, de que un grupo de campesinos en Papúa Occidental, Indonesia, había asaltado una granja de conservación de cocodrilos en peligro de extinción para exterminar a todos los cocodrilos que allí se encontraban en venganza ante la muerte de un hombre de la localidad que falleció tras haber entrado en dicho recinto.

Ante estos hechos tan atroces cabe plantearse si la humanidad tiene remedio o si alguna vez existirá un futuro más justo para con los demás animales, más allá del infierno que actualmente viven. Quisiera arrojar algunas reflexiones veganas sobre esta masacre de cocodrilos. Pues, la verdad, me desespera ver y leer siempre las mismas reacciones estúpidas, viscerales y faltas de autocrítica —como siempre— y la incapacidad evolutiva humana a nivel social.

Enfoques erróneos y desconocimiento de las causas

Tras esta masacre de cocodrilos en Indonesia, distintos medios de comunicación y particulares se han hecho eco de la noticia para verter sus propias interpretaciones antropocéntricas y especistas sobre los animales:

1) Tenemos a quienes se escandalizan porque han masacrado ejemplares de una especie en extinción (todas las especies de cocodrilo lo están o rozan esa consideración) mientras obvian que estaban metidos en granjas porque, de todos modos, su supervivencia es incierta ante un hábitat ocupado y devastado por los habitantes de la región. La mayoría de éstos se lamenta porque se ha desaprovechado y desaparecido para siempre un acervo genético (como el código de un programa informático, ni más ni menos). Casi nadie piensa en individuos que querían vivir (y libres a ser posible); para la gente culta son genes.

2) Tenemos a quienes justifican el asesinato de estos animales bajo el argumento de posibles precedentes, tales como que los lugareños estuvieran muy hartos o no recibieran atención o apoyo ante sus necesidades. Cuando una injusticia la padecen no-humanos, siempre hay quienes le sacan una justificación debido a que no ven sujetos ni tampoco genes o muebles (sí así fuera entrarían en la categoría anterior), sólo unos objetos molestos y potencialmente peligrosos.

3) Tenemos a quienes se tiran de los pelos porque han matado a estos animales por venganza —nunca se considera algo bueno en ninguna fe— y porque no se les ha dado un uso. Si esta masacre de cocodrilos hubiera sido para comérselos o para subsistir vendiendo sus pieles, este suceso ni siquiera sería noticia. Pues el motivo de la misma que no es que hayan sido asesinados 300 cocodrilos a martillazos, hachas y palos —sus vidas, pensarán, no valen moralmente una mierda—; sino que unos vecinos lo hacen hecho por venganza en contra de ordenanzas estatales. O sea, el enfoque es de carácter cultural y político para analizar la brecha de desarrollo, etc. Y sirve a los medios para ahondar en las mismas estupideces de siempre que son el entretenimiento de unos y otros grupos políticos para hacer campaña.

Juveniles de cocodrilo vistos de perfilJuveniles de cocodrilo vistos de perfil.

4) Tenemos a quienes, en una muestra de compasión y sabiduría, recuerdan que los animales no humanos tienen «derechos legales» apelando a la manida carta de la ONU que data desde hace más de 20 años con un desconocimiento completo de que dicho documento no protege legalmente a nadie; sino que se limita a describir cuáles serían las recomendaciones generales respecto al trato que debemos darles de acuerdo con nuestra propia moral. Es decir, el reconocimiento que hizo la ONU es bienestarista y rechaza el sufrimiento extremo por el simple hecho de que ningún ser humano acepta infringir sufrimiento sin obtener un beneficio a cambio (principio humanitario). No es un logro ni progreso; sino el consenso de una protomoral cuasigenética que va acompañado de beneficios económicos y una tranquilidad social beneficiosa para todos menos para las víctimas.

5) Tenemos a quienes, crédulos e ignorantes, apelan a partidos, organizaciones y otras entidades para que «arreglen» el desaguisado que han causado a los animales, o dialoguen con los lugareños para evitar otra futura masacre de cocodrilos sin entender que, más allá del propio sentimiento de venganza humano que también se expresa contra miembros de nuestra especie, el problema de fondo radica en el antropocentrismo que nos lleva a creer que sus vidas no valen nada por pertenecer a otra especie (especismo).

Por tanto, cuando sucede un accidente en que un animal mata a un humano, nos acordamos de repente de que es un «objeto semoviente» y decidimos quitarlo de en medio porque nos estorba. La solución a este problema moral no viene con los incentivos o con que convenzan a los pueblerinos de que la granja de cocodrilos les generará dinero.

Lo que soluciona el asesinato sistemático que padecen todos los animales no humanos es la empatía y comprensión de que sus vidas valen tanto como las nuestras. Sin embargo, para ello se requiere reflexionar y ser capaz de analizar la realidad en su conjunto, no trozos aislados de la misma. En esto son profesionales las organizaciones bienestaristas; pues si enseñaran la base, mucha más gente sumaría 2+2 hasta concluir que directamente se alimentan de un problema (el especismo) que no desean solucionar porque si lo hicieran se les acabaría el negocio gracias a los «animalistas comprometidos» que no tienen ni la menor idea e interés por saber sobre qué demonios defienden ni por qué.

Bienestarismo y proteccionismo, lo mismo de siempre

Debemos apostar por el activismo educativo para enmendar el origen y la actual trayectoria de estas aberraciones sin fin. El veganismo es justicia; pero solamente llegará a serlo si la sociedad humana lo entiende antes de que hayamos exterminado a cada animal sobre la Tierra.

En fin… no veo progreso, solución ni esperanza. O, al menos, no espero llegar a observarlo en vida. Sólo atisbo miseria, ignorancia, maldad y muchos individuos humanos cuya racionalidad roza el cero a pesar de que nos creamos la especie más inteligente sobre la Tierra.

Artículos relacionados
Vaca-marrón-en-el-prado

El fraude del bienestar animal y de la carne ecológica

Vaca-marrón-en-el-pradoEl bienestar animal y la carne ecológica son unos conceptos meramente publicitarios y un instrumento lucrativo de las organizaciones animalistas para vender sellos de bienestar animal. Que esta vaca esté en un prado verde no significa ni que sea libre ni que sea feliz. No existe ningún bienestar en ser marcada, inseminada, separada de tus crías y terminar en el matadero. Todos los animales domesticados son esclavos, tanto en un sentido legal como biológico.

¿Qué es el bienestar animal?

En ciencias aplicadas, el bienestar animal se refiere al estudio empírico del bienestar objetivo (corporal) y subjetivo (mental) de los animales no-humanos esclavizados para intentar asegurar que sus condiciones materiales permiten el buen desarrollo de la explotación y la calidad del producto que se pretende conseguir. Es un área de estudio que se practica dentro de la veterinaria o la zootecnia.

En muchos lugares lo llaman, sin pudor, una «nueva ciencia». Eso es falso. En primer lugar, porque no tiene nada de nuevo aplicar la ciencia a la productividad de una industria; ya hablemos de objetos o seres cosificados. En segundo lugar, porque el fin de la veterinaria, desde su origen en la Antigüedad, siempre ha sido velar por el bienestar animal para permitir o garantizar la explotación de los animales. Y, en tercer lugar, una ciencia pudiera definirse como un campo de estudio realizado mediante una metodología y unas técnicas que buscan recabar y estudiar datos objetivos.

El bienestar animal se convierte en una consideración completamente subjetiva cuando se pretenden establecer relaciones entre variables fisiológicas y psicológicas para concluir que el bienestar del animal de turno es bueno o malo.

¿Están afirmando tales «expertos» que conocen una fórmula mágica para evaluar la felicidad animal frente a la esclavitud? ¿En qué se basan? ¿En los niveles de cortisol en sangre? ¿Les dice el cortisol en sangre qué siente la vaca cuando la separan de su cría? ¿Se pondrán a hacer estadísticos multivariantes para tratar de entender qué siente un cerdo en la línea del matadero? ¿Dirá un estudio de hormonas en sangre si la carne obtenida puede denominarse «carne ecológica» o no?

Resulta cuestionable la tendencia, tanto pasada como actual, de aplicar la ciencia a cualquier asunto sin mayor reparo ni pretensión que el lucro sin cuestionar primero la moralidad de nuestras acciones. Una ciencia sin ética va abocada a cometer la peor de las aberraciones.

¡Derechos Animales ya! - La mentira del bienestar animal - Las organizaciones animalistas promueven la carne ecológicaLa industria de la explotación animal y sus aliadas —las organizaciones animalistas— promueven la idea de que existe un paradigma ético en la esclavitud animal y que sea posible explotarlos con cariño, amor y compasión. Todos los animales, con independencia del tipo de crianza, reciben el mismo trato y obtienen el mismo final. Que su cadáver pueda ayudarse «carne ecológica» o no, es una estupidez.

La mentira del bienestar animal

A diario nos encontramos con anuncios publicitarios que tratan de mostrarnos un supuesto bienestar animal en las granjas, ganaderías y otras explotaciones ganaderas; muchos de los cuales reciben el apoyo, la colaboración y difusión explícitos de organizaciones animalistas (por ejemplo, PETA). Si bien los humanos acostumbramos a criticar supuestos casos de sexismo o racismo en la publicidad, no somos tan conscientes de cuándo nos venden especismo, una mentira para que el consumidor siga financiando un negocio aberrante.

En el caso de la explotación animal, esa mentira reconfortante se llama «bienestar animal». No existe tal cosa como la «ganadería ecológica», la «carne ecológica» o ni tampoco los productos con «garantía del bienestar animal» conllevan ningún tipo de respeto a los animales. El bienestar animal es un fraude para tranquilizar conciencias. En los enlaces que aparecen a lo largo del artículo podrá ahondar en argumentos y casos específicos.

El «bienestar animal», como ocurrió igualmente —aunque con menos tecnología— hace siglos con el «bienestar negro», se presenta con dulces palabras, una sonrisa ante las cámaras, caricias y elementos rimbombantes (danza, música clásica, masajes en el lomo, etc.) que se practican «en favor» del ganado o de otros animales.

La sociedad ha olvidado que, no hace mucho, bien entrado el siglo XIX, se vendía todavía la imagen tranquilizadora, mostrada en periódicos y folletines, de que los negros esclavos en plantaciones de azúcar vivían incluso mejor que la mayoría de los blancos. Eso comentaban nuestros antepasados tan alegremente.

Para entonces, las organizaciones humanitarias asumían el mismo rol depravado que las actuales organizaciones animalistas: colaboraban para perpetuar el statu quo de la industria por motivos económicos. A tenor de que los humanos no suelen aprender de la historia o tan siquiera llegan a conocerla, hoy demasiados consumidores de «carnes ecológicas» creen una vaca «vive bien» porque un supuesto ganadero la acaricia en un anuncio o porque aparece «libre» en un prado verde y lozano, entre innumerables ejemplos similares.

Es para echarse las manos a la cabeza y preguntarle a la sociedad: ¿te gustaría a ti ser un esclavo bien tratado? ¿Qué crees que pensaban los esclavos humanos cuando se vendía esta imagen de ellos mismos en los campos de algodón desde la época colonial?

Los animales con quienes compartimos el planeta están subyugados por nuestra especie y sólo se diferencian de los seres humanos de antaño en que a ellos también los explotamos como alimento. El hecho de que los animales son nuestros esclavos se evidencia en que los usamos como simples medios para nuestros fines, y en que los criamos y asesinamos (fabricar y destruir) como cualquier objeto creado por el ser humano. Entonces, partiendo desde la premisa palpable de que son criados, manipulados (marcados, castrados, descornados, etc.) y asesinados, ¿cómo cabe esperar que entre estas acciones haya un «buen trato»?

Es más, ¿cómo calza eso de un trato ético con que finalmente terminen en el matadero? ¿Forma parte dicho destino final de una «ética humanitaria»? ¿Cómo es posible que las autodenominadas organizaciones animalistas defiendan y promuevan tales aberraciones?

Un anuncio penoso de Leche Pascual con el tema de su campaña «You are so beautiful». No aparecerá, por supuesto, la realidad de su día a día y ni tampoco las organizaciones animalistas mencionarán los múltiples ingenios humanos para coaccionar a los animales. Incluso los medios de comunicación generalistas se están apuntando al carro del sensacionalismo animalista para lucrarse.

La esclavitud humana frente a la de otros animales

Comparar la esclavitud humana y la esclavitud animal no es un capricho de los activistas veganos. El veganismo y los Derechos Animales están basados en los mismos argumentos racionales que forjaron los Derechos Humanos, a saber, que tanto un humano como otro animal valora su vida, defiende su integridad y no quiere ser privado de libertad. En ambos casos se produce que grupos humanos con poder determinan que únicamente los miembros de su grupo tienen derechos.

Todos los humanos, por el simple hecho de contar con unas altas habilidades cognitivas, podemos aprovecharnos de los demás animales. Sin embargo, si no consideramos justo abusar de otros humanos más débiles (p. ej: niños) o con una deficiencia cognitiva, ¿por qué acaso va a estar bien aprovecharnos de de los animales?

La empatía, que motiva y alienta a multitud de animalistas, debiera llevarlos a profundizar en las razones de por qué cometemos tales actos contra otros sujetos por pertenecer a una especie diferente. Cabe basarnos en nuestra propia sintiencia (sensibilidad) para ponernos en su situación y así comprender por qué merecen respeto en lugar de sólo «bienestar». El «bienestar animal» es un paradigma engañoso que pretende mejorar la productividad e imagen pública de la explotación animal.

Las organizaciones animalistas intentan asumir el rol de «agencia moral» de los animalistas y entran en complicidad con la industria para tratar de suavizar y manipular la opinión pública para que el consumidor medio mantenga su conciencia tranquila mientras no hace nada o creer salvar animales siendo antitaurinos.

En consecuencia, nada puede cambiar si la sociedad continúa cerrando los ojos ante aquello que le disgusta o prefiere desconocer para calmar su conciencia ni mientras los animalistas, en su conjunto, no quieren informarse con el fin de respetar a todos los animales por igual y saber defenderlos con conocimiento de causa.

Mientras esto suceda, las argucias de las organizaciones animalistas seguirán acaparando socios y fieles fanáticos que creen haber descubierto a sus salvadores y la publicidad seguirá triunfando, dichos animales morirán entre cuatro paredes ensangrentadas y, para colmo, los consumidores continuarán valorando un «estándar» de bienestar animal que no aceptarían para sus propias personas ni en la peor de sus pesadillas.

Becerro recién nacido - Bienestar animal - Carne ecológicaTernero recién nacido y marcado en la oreja. La mayoría de los machos terminará en el matadero a los pocos meses sin haber probado una gota de la leche de su madre. En la industria del huevo, otro ejemplo típico, los pollitos macho son triturados el mismo día en que eclosionan. Para las organizaciones animalistas, estos hechos no existen o forman parte del «bienestar animal». Los consumidores tratan de tranquilizar sus conciencias pensando que alguno de esto es «natural».

Ignorancia voluntaria y fe en el bienestar de los esclavos

Como ya se ha explicado, el bienestar animal es un concepto subjetivo y vacío, un aforismo comercial, un reclamo para incautos, crédulos y gente que se necesita encontrar un sentido a sus acciones ególatras y su mentalidad especista cuando participa, trabaja o paga para que un animal sea criado, hacinado, manipulado y asesinado sin sentirse culpable por ello.

Por muy educado y asertivo que uno intente ser, basta con explicar esto mismo en público y siempre saltan vegetarianosu otros hipocritarianos— y veterinarios que se ponen prepotentes y violentos cuando, además, se critica a los zoológicos porque ellos trabajan o quieren especializarse en ellos. A todos ellos les sale su vena irracional y especista por un claro conflicto de intereses.

Resulta desolador que la sociedad general no quiere saber adónde va el dinero que paga y prefiere creer que existe esa entelequia llamada «bienestar animal». No quiere saber si el dinero va destinado a separar familias, a inseminar forzosamente a hembras, a vender crías recién nacidas, a comprar o fabricar herramientas de tortura o asesinato, o a encerrar, electrocutar o descuartizar individuos que querían seguir viviendo y un largo etcétera. No quiere saber que los humanos estamos exterminando a todos los animales sobre la Tierra.

Más lamentable, si cabe, es que muchos de los autodenominados «animalistas» rechazan el «maltrato animal» mientras comen carne (¡y dicen que las plantas sienten!) y participan en otras formas de explotación de animal. Pensar que se puede respetar a un animal cuyo destino final es el matadero equivale a creer que, hace apenas dos siglos, los negros eran tan felices siendo esclavos o que la esclavitud era ética si contaban con el suficiente «bienestar».

En el caso de los demás animales, la mayoría de la gente considera que a ellos les valen las simples caricias cuando su vida se basa en ser un producto de consumo cuya fecha de caducidad está marcada en una oreja desde el nacimiento. Las organizaciones animalistas, ni cortas ni perezosas, se limitan a reforzar este prejuicio para sacar tajada.

No existe una igualdad práctica entre humanos y otros animales porque no existe una asunción de igualdad moral, es decir, es imposible en la práctica que exista un trato igual de justo para un miembro ajeno a nuestra especie porque los humanos consideramos dogmáticamente que sólo los miembros de nuestra especie merecen consideración moral.

Este fenómeno, tan bien descrito por múltiples autores, es el especismo, un prejuicio moral que lleva a la sociedad a pensar que los demás animales sean seres inferiores y que, por ende, no merecen el mismo respeto que aplicamos a otros seres humanos. La analogía con el racismo es evidente.

No a la esclavitud animal. Es hora de evolucionar - ¡Derechos Animales ya!Mucha gente se indigna ante estas «comparaciones odiosas» cuando condenamos el concepto de «bienestar animal» y de «carne ecológica» pero ninguno de tales individuos es capaz de argumentar por qué, según ellos, la esclavitud animal sea excusable. Pensar que existe una ética para nosotros y otra diferente para ellos ha causado las mayores aberraciones de la humanidad. Y, por supuesto, las organizaciones animalistas jamás publicarían un cartel semejante. No sólo porque consideran igualmente que los animales son seres inferiores, sino porque hacer sentir culpable a la gente no da dinero.

Una revisión histórica sobre la esclavitud humana

Comencemos con la historia de la esclavitud humana: evidentemente, los esclavos no hubieran podido por sí mismos abolir su esclavitud si no hubiera habido otras personas que se solidarizaran con su causa. Es cierto que hubo revueltas violentas y acciones políticas; pero éstas no habrían tenido lugar ni efecto hasta nuestros días si un porcentaje de la población no afectada (blancos) no hubiera transformado, en algún un momento, su visión acerca de la moralidad de la esclavitud. Primero, hubo movimientos de divulgación en la sociedad, y esta información caló en un pequeño grupo de gente, el suficiente para, por ejemplo, organizadas jornadas y boicots para la liberación de esclavos, unas liberaciones clandestinas en que participaba gente de raza blanca.

Antes de estos hechos y mientras tanto, también había reformistas que abogaban por solamente mejorar las condiciones de los esclavos negros. Sin embargo, los reformistas no condenaban la injusticia de la explotación y, por ello, no concienciaban a nadie sobre por qué era injusto tener esclavos o aprovecharnos a su costa.

El cambio aconteció cuando se alcanzó un porcentaje poblacional tal que provocó las movilizaciones sociales que propiciaron la abolición de la esclavitud. Aunque hoy en día siga habiendo individuos racistas (y quizás siempre los haya), la sociedad general rechaza de pleno el racismo y la esclavitud, es decir, el prejuicio por el cual una raza se siente superior a otra y el fenómeno por el cual explotamos a otros sujetos por dicho prejuicio.

Lo mismo hacemos los activistas veganos en la actualidad: buscamos crear una masa social que cuestione nuestro prejuicio de supremacía humana (antropocentrismo), el cual genera la creencia de que los demás animales sean inferiores a nosotros (especismo), hasta alcanzar el fin de la esclavitud animal. Según se estima por estudios estadísticos, basta con que el 10 % de una sociedad asuma un principio ético para que éste se convierta en mayoritario.

Cabe señalar que la liberación directa de animales, aunque legítima como el caso de los esclavos negros, es un asunto más complejo y delicado que en el de los humanos porque tales animales, muchas veces, carecen de hábitat o no pueden valerse por sí solos. Por ello, el boicot a las granjas de explotación animal, entre otros, es algo que rechazamos generalmente los activistas educativos porque no sirve para generar esa masa social consciente que se necesita.

¡Derechos Animales ya! - Sello de bienestar animal avalado por ANDA - Las organizaciones animalistas crean sus sellos publicitariosLas grandes organizaciones animalistas son aliadas de la industria o sus «agentes de relaciones públicas» para alentar cambios en el consumo que las enriquezcan a ambos sin cambiar en absoluto la situación de los animales esclavizados. No dudan en crear sus propios sellos con que señalar que el animal de turno tuvo una muerte hipotéticamente menos dolorosa que la media de sus congéneres.

La historia del negocio animalista y su relación con el fraude del bienestar animal

Al igual que durante los largos siglos de la esclavitud negra, las organizaciones animalistas y las empresas de la actualidad afirman seguir unos «estrictos protocolos» de «bienestar animal» basados en «compasión» y «respeto» hacia los animales «para consumo humano», lo cual, cualquiera con estudios en zootecnia sabe que no son sino directrices y regulaciones pertinentes que permiten incrementar la producción animal y los ingresos de venta.

Tales beneficios se producen directa o indirectamente, por un incremento de la productividad, un incremento del valor del producto o de la demanda por parte de consumidores que están dispuestos a pagar más por una pegatina sobre un envoltorio de plástico que les diga que los tejidos descuartizados de ese animal («carne ecológica») están en una bandeja con film porque lo mataron a cosquillas o fue el propio animal el que voluntariamente decidió poner fin a su vida, se subió al camión y avanzó en la línea del matadero sin necesidad de que les dieran con una porra eléctrica en las grupas y nalgas para hacerlo avanzar…

Frecuentemente, las organizaciones animalistas de corte neobienestarista —ya que ninguna actualmente se atreve a asumir públicamente su bienestarismo— abogan por el «bienestar animal» y argumentan que las regulaciones son un medio para conseguir la abolición de la explotación animal.

Otros más escépticos y, por ende, bienestaristas implícitos, se resignan a que nunca llegará el día de la abolición de la explotación de animales no humanos, y por ello, justifican las regulaciones alegando que el «bienestar animal» ayuda a los animales y que es lo mejor y mayor que podemos conseguir por ellos. Ahora bien, ¿hay alguna evidencia histórica que nos señale que regular la explotación de individuos trae como consecuencia la abolición?

Las primeras leyes de bienestar animal datan de 1824 en Inglaterra. En aquella época, se constituyeron asociaciones de bienestar animal que recibían donativos de gente «compasiva» y «sensibilizada» que se dedicaban a detectar formas de «maltrato animal» y denunciarlo. Fueron bastante vehementes, por ejemplo, con la tracción animal y el maltrato a los caballos que entonces se explotaban cotidianamente en las calles de las grandes ciudades. Sin embargo, no condenaban el propio hecho de que se los montase o se los obligase a arrastrar cargas. Hasta hoy, la explotación ecuestre y de otros animales sigue siendo vigente.

¿Se requieren más pruebas para demostrar que los animales seguirán sufriendo injusticias mientras la sociedad participe en su explotación? Si no se promueve un cambio de conciencia, las regulaciones habidas o por haber no solucionarán nada para los animales.

¿Cuál ha sido desde 1824 la aportación más importante del bienestar animal?, ¿jaulas más grandes?, ¿sin jaulas?, ¿asesinatos «humanitarios» para obtener «carne ecológica»? Si dichas organizaciones animalistas hubieran promovido el abolicionismo, como en el caso de la esclavitud negra, ya habría en el mundo un porcentaje mucho mayor de veganos conscientes del problema de la cosificación de los animales no humanos, conscientes de su estatus de propiedad, ante la ley y ante la sociedad, y que estaríamos luchando codo con codo para educar a más y más personas humanas.

Así no ha sucedido porque las organizaciones animalistas obtienen mucho más dinero pactando con la industria y porque, si desaparecieran las injusticias que padecen los animales, se les acabaría el chiringuito. Sólo cuando los seres humanos queramos entender y reconocer el valor de la vida en los demás animales, entonces habrá algún tipo de justicia práctica. El desconocimiento, la fe y la credulidad no son buenas conductas que permitan el progreso social en ningún sentido.

Dado que la práctica depende primero de la ética y ésta depende a su vez de los razonamientos lógicos, no cabe tampoco ese desprecio generalizado entre muchos presuntos activistas hacia la teoría vegana o sus puntos más controvertidos por prejuicios especistas.

Tal desprecio les nace a raíz de que quieren ejercer acciones para salvar vidas sin asumir primero la necesidad de formarse. Los animales esclavizados están desprotegidos por partida doble: quedan a merced de la industria y de activistas que quieren acabar con la injusticia sin siquiera entender conceptos básicos ni conocer el origen de la explotación animal. Los animales no necesitan «héroes», sino a gente con las ideas claras.

Cabra montesa La «ganadería ecológica» es tanto igual de injusta para los animales como menos viable para el medio ambiente. Cabe recordar que la ganadería intensiva surgió para solventar una crisis de productividad a mediados del siglo XX. La carne ecológica no existe, como tampoco un «asesinato justo».

La mentira de la carne ecológica

La última gran maniobra de la industria, dirigida a quienes nos les importan los animales sino si su consumo puede suponer un gran impacto en el medio ambiente, es la propaganda de la mal llamada «carne ecológica». No existe tal cosa por dos razones.

En primer lugar, todo animal criado por el ser humano, incluso cuando el ganadero evita el uso de antibióticos, hormonas y otras sustancias comunes, todos están obligados por ley, o por un sentido de la rentabilidad, a alimentarlos con todo tipo de sustancias que llegan a ser perjudiciales para los consumidores y más, si sabe, cuando se infiltran en las tierras a partir de sus deposiciones. Y, en segundo lugar y más importante, conviene recordar que la FAO hizo hace poco un estudio titulado «La larga sombra del ganado» sobre el impacto de la ganadería y en éste expuso:

En total, a la producción ganadera se destina el 70 por ciento de la superficie agrícola y el 30 por ciento de la superficie terrestre del planeta.

La ganadería intensiva es la culpable directa de más de la mitad de los gases de efecto invernadero, eutrofización de aguas y ocupación de tierras fértiles. Y, para colmo, frente a la publicidad de la «carne ecológica», muestra que la ganadería extensiva y tradicional supone una ocupación todavía mayor de tierras que, dada la población humana, es absolutamente inviable.

Así pues, el fraude es nuevamente doble: ni la ganadería puede ser justa para los animales ni ésta puede ser ecológica, en tanto que siempre conlleva una impacto entre 10 y 100 veces mayor por hectárea que el consumo directo de plantas (organismos productores). Dejemos de alimentar esa antítesis, hermana del «bienestar animal», que han decidido llamar «carne ecológica» por ponerle algún nombre.

¡Derechos Animales ya! - El bienestar animal es como permitirles elegir a los esclavos el tipo de alambrada que los confinaComo trata de representar este cartel activista, el bienestar animal equivale a permitirles elegir a los esclavos el tipo de reja, alambrada o vallas que los mantengan confinados y cautivos.

El bienestar animal y la carne ecológica es la crónica de una muerte anunciada

La industria de la explotación animal tiene miedo. Ha de entenderse que nos endosan su publicidad especista y bienestarista porque palpan un gran temor ante el avance del veganismo y ven peligrar sus intereses egoístas. El veganismo es imparable, les guste o no. Algunas empresas ya está optando por adaptarte ante un cambio inevitable, pero las que no tienen pensado hacerlo darán todavía mucha guerra. Ya ha llegado a la calle y está penetrando también en el debate académico.

El miedo al cambio es una realidad a todos los niveles, ya esté el individuo sujeto a un conflicto de intereses más o menos acusado. Millones de humanos participan en la explotación animal por prejuicio, ignorancia o intereses personales. En ningún caso se justifica el uso de otro concepto erróneo y popular en nuestros días, empleado para condenar el consumo de carne o de quienes promueven la carne ecológica: el carnismo.

A pesar de nuestro pasado, la razón siempre termina imponiéndose y lo hará por nuestras obras. Decenas de miles de familias vivían de la trata de esclavos negros en el siglo XIX. También temían como los que más el cese de la esclavitud negra, pero, por fortuna, la ética está por encima de los intereses de quienes «viven del ganado». Únicamente les quedará cambiar su modelo de negocio a uno que no implique explotar animales o desaparecer.

El veganismo ha llegado para combatir una injusticia histórica. Y esto no lo decimos (argumentamos) «cuatro fanáticos», sino algunas de las mentes más brillantes de nuestro tiempo. Hacerse vegano es dar un paso hacia la justicia universal. No tiene ningún misterio.

Declaración de Cambridge - ¡Derechos Animales ya!

Artículos relacionados
Biomasa-de-animales-terrestres

La biomasa y el exterminio de los animales salvajes

Biomasa de animales terrestres - ¡Derechos Animales ya!

El estudio de la biomasa revela una extinción global

Desde que el ser humano empezó a manipular el medio ambiente por fines utilitarios, ha ido desarrollándose un grave desequilibrio natural que se refleja en la biomasa. Ésta se refiere a la razón cuantitativa de compuestos orgánicos que componen a los seres vivos. A partir del Neolítico, tras el inicio de la ganadería (esclavitud animal), ha llegado a nuestros días una tendencia caracterizada por la crianza de unos animales por los beneficios obtenidos y el exterminio perpetrado contra muchos otros por su aparente falta de utilidad.

Debido a nuestro antropocentrismo, heredado a lo largo de generaciones, la humanidad no piensa que los demás animales tengan siquiera derecho a habitar este planeta y vivir sus propias vidas libremente. Ejercemos contra ellos una discriminación sistemática basada en la especie y creemos dogmáticamente que sus vidas no tengan el mismo valor que las nuestras. Conforme nuestra población crece, construye y se erige sobre sus cadáveres, están cada vez más cercados y comprimidos por la expansión del animal bípedo.

Así ocurre hasta el punto de que ya alrededor del 90% de la biomasa de animales terrestres —a excepción de los insectos— y el 96% de la biomasa de vertebrados pertenece exclusivamente a humanos y animales domesticados. ¿Por qué sucede? Pues porque desde entonces estamos utilizando como recursos el espacio, la desaparición y la propia muerte de unos animales para hacer nuestra vida más fácil, apacible y darles de comer a nuestros esclavos no-humanos.

En pleno siglo XXI existe la creencia de que haya millones de animales no humanos en libertad. Los documentales de la BBC o National Geographic, entre otros, sacan la belleza que todavía queda en la naturaleza a pesar de la destrucción humana. Sin embargo, los animales que aún sobreviven pueden considerarse los últimos supervivientes o víctimas ante el previsible final muy próximo de sus poblaciones y especies en aquellos hábitats en donde moraban antes de que el ser humano bajase de los árboles.

La ciencia ya vaticina que nuestras acciones van a causar la sexta gran extinción planetaria, un cataclismo para la biota tan grave como la que hubo en el periodo Pérmico. Es decir, se calcula que los humanos causaremos la muerte masiva del 97% de todas las especies existentes. Las evidencias respecto a la biomasa revelan una devastación a todos los niveles y estratos con independencia del ecosistema.

Una cifra muy simbólica es el caso de los leones (Panthera leo), quienes han pasado de una población superior al millón hace aproximadamente 2000 años a una de tan sólo 20.000 ejemplares mientras escribo estas líneas. Todos los animales, desde los grandes a los pequeños, han sufrido una hecatombe similar o incluso con cifras más horrorosas.

¡Derechos Animales ya! - Ilustración de vertidos de plásticos y tóxicos al mar - Exterminio de animales debido a la contaminación

El estudio de la biomasa viene a confirmar el  exterminio de la vida y los daños evidentes causados por las acciones humanas. No sólo la contaminación mata a los animales sino, ante todo, el hecho de que a diario los criemos, hacinemos, cacemos y asesinemos para engullir sus cadáveres por placer e indiferencias. Podemos y debemos vivir sin causarles daño a adrede a otros animales.

¿Cabe alguna esperanza frente al exterminio?

La desproporción encontrada en la biomasa demuestra que estamos aniquilando sistemáticamente a los animales silvestres por falta de ética hacia ellos. Sin embargo, entretanto, los colectivos ecologistas (proteccionistas) se limitan a esgrimir el mismo antropocentrismo que los condena. Hablan de «conservación» y plantean argumentos utilitaristas para tratar de salvarlos: una ingenuidad que alcanza el grado de cinismo cuando muchos participan en el mismo crimen que condenan.

Cometen así el mismo error que las organizaciones animalistas cuando lanzan sus críticas contra el mal llamado «maltrato animal» o promueven sin pudor el fraude del «bienestar animal». Si de verdad queremos detener esta mera consecuencia de la explotación animal, primero deberemos obligatoriamente aceptar la injusticia que supone la crianza de unos y el exterminio de otros.

Un problema intrínseco a nuestra sociedad actual, por su configuración y planteamiento sobre el terreno, radica en que nuestra mera existencia impide, reduce o condiciona la vida de otros animales. A diferencia de quienes aún viven en tribus, somos el único animal que, por su modo de vida, altera con mayor alcance la superficie, área o volumen de espacio que requieren otros animales para vivir o moverse con libertad. Y, cuando no, la única especie que somete y esclaviza genéticamente a otros animales.

Para solucionar el extermino global que estamos causando —incompatible con la vida plena y libre de otros animales— debemos plantear un modelo semejante al de las sociedades tribales pero con las tecnologías y necesidades del mundo desarrollado.

Por ejemplo, a título personal se me ocurre reducir la duplicidad de carreteras, que todas cuenten con medios alternativos para el desplazamiento de animales salvajes a lo largo de sus hábitats, que se permita la vida de animales silvestres en parques con la debida precaución y, en definitiva, que las ciudades no sean recintos cerrados y estancos en expansión que permitan a los demás animales sortear infraestructuras, superarlas y vivir «entremedio» de la sociedad humana sin que les suponga un menoscabo para sus intereses en forma de muerte, agresión o esclavitud.

Hoy por hoy es imposible tanto a nivel moral como legal evitar el exterminio o proteger los intereses inalienables de los animales. Lo que observamos respecto a la biomasa son consecuencias esperables e irresolubles mientras la mentalidad humana siga siendo especista. Se requiere un cambio de paradigma absoluto y difícilmente llegará a lograrse antes de que los daños sean totalmente irreparables.

Lo peor no está en que una u otra especie se extinga (argumento ecologista); sino en que explotemos a tales individuos y éstos desaparezcan de la faz de Tierra sin haber recibido el respeto que merecían por parte de nuestros congéneres. Podemos y debemos vivir sin causarles daño a adrede a otros animales. Ése es el significado del veganismo.

Artículos relacionados
¡Derechos-Animales-ya-El-concepto-de-carnismo-es-erróneo

El carnismo es un concepto errado

¡Derechos Animales ya! - El concepto de carnismo es erróneo - Melanie Joy

El «carnismo» es un concepto ideado por la autora bienestarista Melanie Joy para referirse a una forma específica de especismo según la cual a los animales se los reduce como objetos para carne.

¿Por qué el concepto de «carnismo» está errado?

Entre veganos o gente afín al veganismo y a los Derechos Animales suele aparecer la palabra carnismo. Esta palabra es un artificio ideológico de la ensayista Melanie Joy, quien se refiere en su obra «¿Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas?» a un «sistema invisible de creencias» que considera a otros animales como meros productos cárnicos.

Melanie Joy copia el concepto de especismo y lo reduce a una de sus infinitas manifestaciones. Sin embargo, ¿qué tiene de peculiar esa expresión de supremacía en concreto? ¿Qué tiene de peculiar el hecho de considerar a otros animales como objetos para carne que no tenga el hecho de considerar a otros animales como objetos para vestimenta, en transporte, en instrumentos de laboratorio, o en elementos para el entretenimiento? Por tanto, el «carnismo» sería ni más ni menos que un tipo concreto de expresión especista.

El «carnismo» no existe; pues todas las formas de explotación animal, incluidas aquéllas para alimentación, son una mera consecuencia del especismo. Lo que existe es una ideología explícita y muy visible que trata a los animales como recursos para satisfacer los deseos humanos. Sí podemos decir, además, que existe un prejuicio específico de creer que la carne sea necesaria. Se me ocurre que puede ocurrir por tres razones:

  1. Los humanos confunden el sentido de «omnivoría» al confundir posibilidad de «poder comer de todo« con la «necesidad de comer de todo».
  2. Los humanos siempre han asociado la carne a la riqueza, al igual que, por ejemplo, la explotación ecuestre. Pues es un artículo de lujo.
  3. Los humanos ven la caza y los cadáveres de otros animales como trofeos que demuestran su supremacía como especie.

El concepto de «carnismo» no tiene nada de nuevo. Es una copia literal de la noción de especismo, a la que se le pone otro nombre y se limita artificialmente al hecho de considerar a otros animales cual medio para servir de carne a los humanos. No hay nada nuevo en lo que argumenta Melanie Joy. No aporta ninguna novedad que no hayan repetido muchos otros autores que analizaron el especismo, comenzando por Richard Ryder y el adalid bienestarista Peter Singer.

Vaca y carnismo

Vaca (Bos taurus), uno de los millones de animales no humanos explotados para carne entre otros productos. Los animales domesticados son esclavos para distintos fines. Es erróneo decir que sea explotado debido al «carnismo».

El trasfondo bienestarista del «carnismo»

Melanie Joy no condena el uso de animales en sí mismo —sólo la violencia explícita— y un problema añadido de este término, además de ser inconsistente, radica en que puede resultarles agradable a quienes rechazan la explotación animal para carne pero justifican o participan en otras formas de «explotación compasivas» o sin aparente sufrimiento, como montar a caballo. A esas personas sin duda les conviene mucho la obra de Melanie Joy para así no cuestionar sus propias posiciones especistas.

El «carnismo» sirve para intentar justificar una discriminación privilegiada sobre la carne al mismo tiempo que se ignora el resto de la explotación animal; lo implica considerar que unas víctimas, explotaciones o procedimientos sean mejores o peores que otros. Esto es todo lo contrario de lo que pretende el veganismo y los Derechos Animales.

Por sus argumentos empleados, se observa que Melanie Joy se posiciona dentro del bienestarismo. Éste se resume en la idea de que la única cuestión relevante a la hora de relacionarnos con los otros animales es tener en cuenta el bienestar que ellos experimentan. Al bienestarismo no le importan conceptos morales tales como la libertad, la dignidad, la igualdad, los derechos, el valor inherente. Sólo le preocupa el bienestar y todo lo demás queda ignorado o supeditado a un incoherente criterio de bienestar.

De hecho, Melanie Joy menciona expresamente al pensador utilitarista Jeremy Bentham, quien fue el creador filosófico del bienestarismo, como su punto de referencia moral. Además, ella apoya las reformas de «bienestar animal» sobre la explotación de los animales con la excusa de que eso supuestamente «reduce el sufrimiento»; lo cual resulta bastante más que discutible.

Banteng echada sobre el suelo

Banteng (Bos javanicus), una especie de bóvido del sureste asiático.

Motivos para desechar el concepto de «carnismo»

El «carnismo», aparte de ser un reduccionismo artificioso del especismo, es una noción perjudicial para la concienciación de la sociedad. La razón para desechar este concepto obedece al deber activista de ser precisos en nuestro mensaje y no incurrir en sesgos que puedan desembocar en malentendidos. Carece de coherencia concienciar a la gente de manera restringida sobre la carne e ignorando adrede el resto de las formas en que se explota a los demás animales.

Nuestro objetivo como activistas ha de enfocarse, precisamente, en que la gente deje de discriminar entre los diferentes usos de animales no humanos y comprenda que todo uso de ellos es injusto, además de innecesario. El libro de Joy no ayuda en este propósito; sino más bien todo lo contrario. Dicho ensayo fomenta la idea de que es correcto discriminar entre las distintas maneras de aprovecharnos y servirnos de sujetos ajenos a nuestra especie.

A veces, hay quienes esgrimen que separar entre formas de explotación animal facilita el entendimiento por parte de los ciudadanos. La defensa de este término, no en vano, proviene de aquéllos que promueven campañas monotemáticas bajo el argumento falaz de que así se consiguen pequeñas mejoras. En absoluto. Cualquier reduccionismo de la realidad desemboca en una comprensión limitada y parcial del problema.

La sociedad no podrá comprender el especismo ni dejar de explotar a todas las víctimas mientras los propios activistas sitúen a unas sobre otras según modas o intereses institucionales. Las manifestaciones del especismo son infinitamente amplias; pero el origen fundamental del problema puede resumirse en pocas líneas. Por todo ello, pongamos hincapié en la injusticia de considerarlos y tratarlos como recursos en lugar de reducir sus circunstancias al hecho de que unos los coman, vistan o se diviertan a su costa.

Artículos relacionados