Archivo por meses: agosto 2017

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Las organizaciones animalistas son un fraude

¡Derechos Animales ya! - Conferencia de Humane Society International en donde promueve el bienestarismo - Las organizaciones animalistas son un fraude

¿Te has fijado? Ser miembro de la Humane Society International te convierte en alguien guay. Observa qué poses. Discriminar entre animales y soltar la cartera resulta la mar de divertido. ¿Para qué hablar de temas serios pudiendo convertir la explotación animal en un espectáculo de corte elitista-sectario-piramidal? Las organizaciones animalistas son un fraude.

Las organizaciones animalistas son un fraude

Los miembros que integramos la sociedad occidental actual solemos buscar el modo más rápido y eficiente de lograr algo debido en gran parte al contexto estresante que rige nuestra vida. Esto, sumado la ideología utilitarista imperante respecto a los animales, lleva a muchos activistas a establecer la relación errónea entre llegar a la gente y transmitir un mensaje veraz.

Por psicología, los humanos tendemos a escuchar aquellas ideas que concuerdan con las nuestras. Por ende, el método más efectivo para ganarse la atención de alguien consiste en reflejar su propio pensamiento, el cual, en lo referente a la explotación animal, consta de meros prejuicios y malinformaciones como fruto de un sistema educativo deficiente y un adoctrinamiento social ejercicio durante generaciones.

Lógicamente, decir aquello que la otra persona desea oír puede servirnos para que consienta nuestro acercamiento (real o virtual); sin embargo, ¿acaso un mensaje adaptado a gusto del consumir permite defender a las víctimas? En absoluto. Si el objetivo de un activista, por definición, consiste en acercar una injusticia al conocimiento del otro, no tiene el menor sentido informar de las acciones injustas que cometemos y, al mismo tiempo, darles una palmadita en la espalda para que sigan cometiéndolas.

Las maniobras de las organizaciones animalistas podrían resumirse en: «No te preocupes, los humanos somos superiores y no importa que los explotemos». Contradictorio, ¿no? Pues ésta es la razón de por qué son un fraude.

Entonces, ¿por qué presenciamos a diario que montones de organizaciones tienen la cara dura de hablar sobre un activismo eficaz a la par que transmiten un mensaje carente de validez y fundamento? La razón es simple: las organizaciones animalistas son un fraude. Aproximarse a la gente les brinda la oportunidad de negocio al generarles una pequeña inconformidad moral o sentimental que se traduce en dinero cuando el activista de turno indica que puede donar para «ayudar a los animalitos». He aquí, por tanto, la principal de muchas confusiones categoriales promovidas por instituciones a sus miembros a tenor de que les permite enriquecerse y perpetuarse.

¡Derechos Animales ya! Logo de la Humane Society International

De entre las miles de organizaciones animalistas, la «Humane Society International» es, posiblemente, una de las organizaciones más rastreras que existen. Dicen defender los Derechos Animales mientras promueven los zoológicos, la ganadería «ecológica» y cualquier forma de explotación animal en beneficio humano. Su depravación llega hasta el punto de que hacen campañas dirigidas a menores para que les donen el dinero obtenido por sus cumpleaños.

Las organizaciones animalistas actúan como empresas de la miseria ajena

Las organizaciones animalistas son un fraude sin escrúpulos porque actúan exactamente igual que cualquier empresa o inclusive mejor: crean una necesidad surgida de la empatía (liberarse de culpa por participar en el «maltrato animal») y, seguidamente, ofrecen un producto a medida para satisfacerla. A continuación expondré una mezcla entre las consignas típicas y aquello que verdaderamente pasa por sus mentes cuando las proponen. Cualquier parecido con la realidad, sobre todo en el caso de la «Humane Society International», es simple coincidencia:

¿Eres estudiante y te preocupan los animales? Con 5€ al mes puedes salvar a muchas ballenas en las costas de Japón. Nos vamos a países lejanos y elegimos a los cetáceos tanto para evitar enfadar a clientes potenciales como por la pasión que despiertan estos animales. Si a la gente les importasen la moscas, igual lanzaríamos una campaña contra los insecticidas y lanzaríamos una regulación sobre la fabricación y compra de matamoscas. Mira cuán ingeniosos somos.

¿Te gustan los perros y gatos? Qué lástima lo de China, ¿verdad? Hazte socio/a y colabora por tan sólo 10€ al mes para lograr que 1000 millones de chinos dejen de explotar perros por arte de magia y se limiten solamente a explotar a otras especies menos queridas en Occidente. Coaccionémolos, pues para algo mandamos los gringos y europeos.

¿Estás en contra de la tauromaquia porque no representa una nación civilizada? Ayúdanos a abolir las corridas por 12€ al mes. Dentro de este semestre tenemos programados tres cánticos de una victoria lograda en algún municipio o publicar sobre los «toros a la balear» como alternativa viable y libre de crueldad. Al fin y a la postre, ni tú ni nosotros vamos a estar en la piel de ese toro criado, manipulado y privado de libertad para dicho fin antropocéntrico.

¿Te preocupa el trato dado a los animales «de granja»? Pues vale, no te vamos a explicar que seguirán estando así mientras te los comas, nos conformamos con que mientras tanto nos dones 20€ al mes para poder continuar lanzando nuestra propaganda. Ya sabes, es muy cruel que se les ampute la cola, los dientes, cuernos, etc., mas degollarlos está magnífico, de lo contrario no disfrutarías su cadáver. Nosotros no queremos que te hagas vegano. Sin la culpabilidad ocasionada por una disonancia cognitiva no existirá nuestro negocio.

¿Sólo deseas realizar donaciones puntuales? No te inquietes. Ponemos a tu disposición un canal de Facebook para que nos transfieras tus ahorrillos e incluso el dinerillo que te hayan regalado por tu cumpleaños.

¿No cuentas con medios para proporcionar un caudal económico directo? ¡No te acongojes! Te invitamos a que realices publicidad yendo a nuestras convocatorias o subiendo fotitos muy monas para captar a otros individuos ignorantes. ¡Es por el bien de los animalitos! Seguro que un cerdo se dejaría comer por ti del agradecimiento.

Unirte a nuestra organización te brinda un estatus elevado frente a tus congéneres. Todos pensarán que eres especialmente bueno/a, generoso/a, altruista y especial. Esto no te explicaremos a lo crudo, para eso ya tenemos artículos escritos por publicistas y a nuestros ponentes expoertos en psicología en múltiples charlas para que ames a nuestra organización y defiendas sus acciones como si por un instante supieses algo de Derechos Animales. ¿Quién quiere conocimientos pudiendo bastarse con el ego?

Sin ti, nada de esto sería posible. Gracias por cedernos a la «Humane Society International» tu agencia moral en forma de lucro. Tú te sientes mejor contigo mismo/a y nosotros, desde luego, tendremos un mejor coche que el tuyo. Mierda, he atropellado a una paloma. Da igual, no están en peligro de extinción… Eso me recuerda que debemos sacar alguna propuesta conservacionista, casi nadie se opone a eso y otorga una excelente imagen. Somos muy anima-listos.

En esta entrada me tomo a sátira el hecho de que las organizaciones animalistas son un fraude. No transmito nada nuevo que otros autores o yo no hayamos explicado con anterioridad. Recomiendo consultarlas. En concreto, el activista Igor Sanz incide en el aspecto psicológico con un magnífico ensayo.

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Contra la politización del veganismo y la lucha transversal

Politización del veganismoEste cartel propagandístico representa, precisamente, lo que no debemos hacer.

La politización del veganismo lleva a ignorar a las víctimas

En otras muchas entradas he descrito qué es el veganismo y algunas de las malconcepciones más habituales respecto al mismo. En ésta me centraré en explicar por qué no debemos politizar el veganismo, es decir, introducir en dicho principio algún tipo de carga política ni convertirlo en una lucha transversal.

Los principios éticos provienen del raciocinio y se refieren al comportamiento humano en sí mismo, al individuo. No consideran contextos sociales más allá de respetar los intereses de terceros. Por tanto, la validez de un principio ético no depende de que vivamos en el siglo XXI, estemos en la Antártida o nos embarquemos en un viaje intergaláctico a Marte. Desemejantemente, un ideal político no tiene por qué seguir lógica alguna y se limita a marcar una estructura social que condiciona el comportamiento y relación de los integrantes.

Ambos conceptos pertenecen a categorías diferentes cuyo única coincidencia radica en que afectan a las acciones humanas. Introducir elementos políticos en el veganismo implica imbuir a este último de razones ajenas al razonamiento o meramente subjetivas. Un principio ético no puede, por definición, llevar criterios contrapuestos o irrazonables. De lo contrario no estaríamos hablando de ética; sino de religión.

Veganismo, economía y lucha transversal

A raíz de nuestro pasado histórico, desde una perspectiva occidental existe una tendencia a que el veganismo sea más fácilmente comprensible e integrado por humanos con ideologías de «izquierda», tales como comunistas y anarquistas. Sin embargo, resulta tanto un error considerar que individuos con otras percepciones políticas no pueden asumir el veganismo como creer dogmáticamente que la instauración de alguna forma de gobierno anticapitalista (comunista, anarquista, etc.) conllevaría el cese de la explotación animal.

Dentro del sistema capitalista no se explota a los animales no-humanos porque éste motive a hacerlo. En absoluto. El capitalismo se ajusta a una mentalidad subyacente desde los albores de nuestra civilización. En una nación con un régimen contrario al capitalismo no tendría por qué existir justicia hacia los animales no humanos; pues éstos están cosificados moralmente y dicha cosificación es ancestral y muy anterior al establecimiento de cualquier forma de gobierno.

El especismo es cultural y tiene unas bases biológicas que subyacen desde hace milenios cuando todavía vivíamos en las copas de los árboles. En consecuencia, politizar el veganismo conlleva la transmisión de un mensaje sesgado y la implicación implícita de que respetar a los animales no humanos exija estar a favor de una determinada estructura social.

Bajo mi punto de vista, esta mezcolanza entre el veganismo e ideales políticos no suele deberse a la ignorancia; sino que se deriva más bien de un interés personal o institucional por reforzar determinados pensamientos o partidos en aprovechamiento del auge del veganismo como resultado de un mayor acceso a la información.

Asimismo, cuando el veganismo se ve envuelto en corrientes reivindicativas feministas o de otros colectivos (luchas transversales), aunque fueren legítimas, implican dejar a los animales en segundo plano en la escala social. Pues cuando se practica ese activismo, la sociedad general solamente se fija en los individuos humanos y no en los animales. Cabe recordar que el veganismo tiene como fin la abolición de estatus de propiedad de los demás animales. Ningún humano del mundo, por muy discriminados que esté, se encuentra catalogado como esclavo, siervo o un bien mueble semoviente.

En conclusión, para ser justos con las víctimas no basta con que uno mismo no participe en la explotación animal; sino que también tiene el deber de promover el veganismo como guía básica de los actos humanos hacia otros animales y no utilizarlo jamás como herramienta para un fin.

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¡Derechos-Animales-ya-Gary-Francione-ENTREVISTA-GLF

Gary Francione y los seis principios del abolicionismo

Gary Francione - ENTREVISTA GLF - Principios del abolicionismoCartel que resume los principios del abolicionismo del enfoque abolicionista. Más información sobre Gary Francione.

Introducción al abolicionismo

Gary Francione es el máximo exponente actual de los Derechos Animales. Estableció los seis apartados que constituyen el denominado «Enfoque Abolicionista». El Enfoque Abolicionista consta de aquellas razones éticas por las cuales debemos cumplir y defender los Derechos Animales para alcanzar la abolición de la explotación animal.

Los Derechos Animales tienen una vertiente ética y legal. A rasgos prácticos, se basan en el reconocimiento de que los demás animales merecen el mismo respeto reconocido a los humanos. De tal forma, el cumplimiento de los Derechos Animales siguiendo los seis puntos del enfoque abolicionista resulta un deber moral tanto para actuar de manera justa hacia las víctimas como para ser consistentes respecto a los demás principios éticos.

A menudo, el término abolicionismo se ve tergiversado, malinterpretado o corrompido por ignorancia o intereses personales o institucionales. El abolicionismo, en Derechos Animales, se define como la acción y efecto de abolir la explotación animal como resultado de una asunción de derechos.

Así, solamente se considera abolición cuando una o más formas de explotación animal quedan abolidas por un reconocimiento de derechos. La prohibición de una práctica sin previa consecución de derechos constituye un acto y maniobra propios del bienestarismo. Existen cientos de organizaciones que se lucran mediante la mentira al prometer una protección legalmente imposible.

En la actualidad, no existe ninguna especie animal ajena a nuestra especie con derechos reconocidos y no podrá haberlas mientras sigan catalogadas como «bienes muebles semovientes» (objetos con movimiento autónomo). Cabe destacar que lo importa no subyace en la denominación; sino en su vinculación legislativa, es decir, poco importa que se los considere seres sintientes; pues sus intereses quedarán igualmente supeditados al de los humanos.

Asimismo, en ética el concepto de especie (biología) carece de validez; pues lo que marca la posesión de derechos (valor inherente) es la posesión de intereses inalienables. Quienes poseen intereses son los sujetos en sí mismos; no los conjuntos abstractos más o menos similares formados por tales individuos. Nuestra sociedad discrimina moralmente según la especie y ello se denomina especismo. Lo mismo se aplica al concepto de «raza» y al racismo.

El enfoque abolicionista rechaza la visión utilitarista de Singer, autor de la famosa obra «Liberación Animal» (la cual, paradójicamente, se opone la liberación animal), y ofrece un razonamiento deontológico similar al de la filosofía de los Derechos Humanos. Se asemeja en algunos aspectos a la teoría de Tom Regan; pero su máxima diferencia radica en que parte del concepto de propiedad (pertenencias) como reflejo de la mentalidad antropocéntrica que debe desaparecer a través del activismo educativo y no violento para la instauración de un nuevo paradigma social.

A continuación se presenta una adaptación de los principios del abolicionismo redactados por Gary Francione en seis puntos o apartados.

Traducción en español

Ensayo original (en inglés)

Derechos AnimalesEl enfoque abolicionista es la puesta en práctica de los Derechos Animales. Los principios del abolicionismo de la esclavitud animal toman su bases en los principios del abolicionismo de la esclavitud humana.

Principios del abolicionismo

Principio primero: oposición al estatus de propiedad

El enfoque abolicionista rechaza el uso de todos animales no humanos como recursos (explotación) para la satisfacción de cualesquiera fines humanos. La base doctrinal para este rechazo se fundamenta en el hecho de que todos los humanos tienen el derecho fundamental y pre-legal de no ser tratados como recursos para terceros. Éste es el derecho que rige la exclusión de la esclavitud de seres humanos. Poseer un valor intrínseco significa que el sujeto merece respeto porque valora su propia existencia aunque nadie más lo haga o hiciere.

Este fundamento continuaría siendo válido para el caso de los demás animales debido a que éstos también valoran su propia existencia según podemos observar empíricamente. Si los animales importan moralmente, no podemos tratarlos como si fuesen recursos y estamos obligados a reconocerles el derecho a no ser propiedad para excluirlos de nuestra explotación.

Incluso asumiendo la postura del relativismo moral, se observa que toda sociedad humana reconoce la injusticia de provocar daño o sufrimiento innecesario a otros individuos. Esta consideración protomoral denominada «principio humanitario» evidencia que la ética se apoya en una lógica inherente derivada de la cognición.

Principio segundo: refutación de las campañas monotemáticas

Las reformas en el «bienestar animal» no funcionan a causa del estatus de los animales no humanos como propiedad. Cuesta dinero proteger los intereses de tales animales y únicamente protegemos los intereses de dichos animales cuando nos reporta un beneficio, el cual casi siempre suele ser económico.

El estatus de propiedad de los demás animales limita los beneficios de la reforma. La mayoría de éstas no hacen otra cosa más que modificar prácticas de manera que, por ejemplo, incrementando los gastos de acondicionamiento se reduzcan los gastos de veterinaria y esto conlleve que se mejore la eficiencia de la producción para los explotadores institucionales. Incluso en situaciones en las que los costes de producción se incrementan, este incremento raramente excede la elasticidad de la demanda en el mercado y el mercado de productos animales no es afectado negativamente.

La reforma bienestarista, por tanto, no hace nada por erradicar el estatus de propiedad de los animales. Más aún, las medidas de bienestar animal consiguen que el público se sienta cómodo participando en la explotación animal (desculpabiliza al consumidor) y esto motiva a continuar con el uso de animales no humanos.

El enfoque abolicionista de los Derechos Animales, además de rehusar las campañas reformistas del bienestar animal, desaprueba las campañas monotemáticas que buscan prohibir determinados usos de animales más que reformar los estándares en sí mismos de la explotación.

Principio tercero: asunción del veganismo

El veganismo debe ser la base moral mínima que guíe el comportamiento humano para poder llegar a ser justos con otros animales. El veganismo es la única respuesta racional a la idea de que los animales tienen un valor moral.

El problema no se debe a que exista gente dedicada a la crianza, hacinamiento y asesinato de animales no humanos; sino al consumo por parte de los habitantes humanos. Dicho consumo valida la explotación animal e impide un reconocimiento de derechos.

La solución pasa en primer lugar por reducir la demanda. Para ello, debemos promover el veganismo como base ética que permita a los agentes morales (humanos con plenas capacidades) comprender la inmoralidad de la explotación animal.

Para conseguir la abolición, los activistas han de enfocarse en el activismo vegano creativo y no-violento.

Charla de Gary Francione en donde explica la realidad que padecen los animales y en qué consiste el abolicionismo de la explotación animal. Vídeo subido y subtitulado por la activista Cristina Cubells.

Principio cuarto: negación del gradualismo

El bienestarismo y otras percepciones derivadas del antropocentrismo moral llevan a la población humana a considerar que unos animales valen más que otros según su proximidad genética a los humanos (pj: primates) por motivos de cercanía contextual (pj: perros, gatos, etc.) o por manifestación de una elevado intelecto (pj: cetáceos).

El abolicionismo, al tomar el veganismo como cimiento de nuestra relación con los demás seres sintientes, estima que la mera presencia de la capacidad de sentir es requisito suficiente para poseer derechos debido a que la sintiencia en sí misma conlleva posesión de intereses, deseos y una conciencia, mínima al menos, por la cual el organismo sabe autodiferenciarse del entorno.

Por tanto, todo ser vivo capaz de percibir sensaciones debe contar con derechos. El enfoque abolicionista se centra en la explotación animal porque los animales constituimos el único grupo conocido capaz de sentir.

Principio quinto: coherencia ética

Los Derechos Animales se oponen al especismo porque, al igual que otras formas de discriminación moral, se basa en un criterio irrelevante (la especie) para despreciar y discriminar los intereses de otros seres sintientes. La oposición al especismo tiene sentido sólo como parte de una posición general en contra de todas las formas injustas de discriminación.

Por ende, nuestra oposición al especismo requiere que nos opongamos a toda discriminación moral con independencia de quién sea la víctima.

Principio sexto: rechazo de la violencia

La violencia es un subtipo de explotación por el cual un individuo usa a otro como recurso para desfogar su agresividad (condición biológica). Dado que la violencia sistemática contra otros animales es una consecuencia de su cosificación moral, emplear la violencia contra humanos o propiedades es también resultado de un desprecio hacia su valor moral. Por ello, el enfoque abolicionista condena la violencia como medio para conseguir justicia por los demás animales. El rescate de animales no humanos es legítimo mientras no implique vulnerar los intereses de terceros en cumplimiento del principio de igualdad.

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El manual del activista vegano

Manual del buen activista vegano

Las organizaciones animalistas intentan crear manuales para sus activistas ‘zombies’. Yo he creado para esta entrada un pequeño manual del activista vegano como sátira de las tonterías que llegan a decir otros supuestos veganos.

Advertencia

Esta entrada, a diferencias de las demás, tiene un propósito jocoso y sarcástico. Es aproximadamente la antítesis de otro artículo en que reúno consejos reales. Con esto advertido, quisiera que los lectores disfrutaran de estos enunciados que he compilado un «manual del activista vegano». Se lo dedico a innumerable cantidad de gente sin sentido de la autocrítica, escasez de formación y soberbia desmedida con quienes me topo a diario.

El manual del activista vegano

  1. Eres vegano. Esto significa que perteneces a un selecto grupo reservado para el 0,1% de la población humana actual, ello sugiere que el veganismo es un reflejo de unas dotes intelectuales, empáticas y armónicas superiores al resto (hasta la fecha hay estudios sobre la relación entre practicar el veganismo y la empatía).
  2. Engríete, eleva el cuello y sal a la calle con una camiseta de «Por el planeta, por la humanidad y por el medio ambiente». Casualmente, la única razón para ser veganos queda al final porque todos sabemos que los humanos y nuestros intereses van primero.
  3. Si la mayor parte del planeta no es vegano se debe a que no tiene suficiente capacidad para serlo. Eso significa que eres especialmente dotado en inteligencia o facultades especiales, enhorabuena.
  4. Debido a que el mundo nunca se hará vegano, debemos difundir el bienestarismo o incluso el reducetarianismo en casos extremos para ser eficientes. ¿Acaso no has consultado el éxito de PETA con sus manifestaciones vestidos de conejitos? Nota: di performance o serás demasiado mainstream.
  5. Si la mayor parte del planeta nunca se hará vegano, ¿para qué difundir el veganismo? Las víctimas están sufriendo ahora. Si le decimos a la gente aquello que le guste oír y los beneficios de adoptar una dieta vegana, seguro que salvamos vidas.
  6. Debemos enseñarles imágenes crueles y pedir dinero para salvarlos. Vivimos en un mundo capitalista en el cual se requiere dinero para todo y está claro que dependemos de organizaciones para que nos digan qué hacer, cómo, cuándo y por qué. Nosotros somos veganos con responsabilidades, debemos saber delegar…
  7. Las organizaciones animalistas logran victorias y debemos publicitarlas como se merecen. Si, poco a poco, vamos prohibiendo aquí y allá habrá un momento en que, milagrosamente, la humanidad entera verá a los demás animales como a sus iguales.
  8. Espera. Recuerda que eres especial por ser vegano. La sociedad nunca se hará vegana. Así pues, aunque estas acciones logran hacer veganos porque las propias organizaciones lo demuestran con sus estudios muy, muy independientes y objetivos, no podemos pretender hacer veganos a todos. Recuerda que los animalitos están sufriendo ahora.
  9. Un vegano siempre debe actuar para salvar a los animales. Las intenciones son lo más importante. Todos sabemos que mueren millones de animales no humanos cada día, así pues, por el simple hecho de intentarlo ya es un triunfo. Y si te tomas un ‘selfie’ junto a un camión de cerdos asustados que van camino al matadero, entonces tu karma aumentará por dos.
  10. No permitas la crítica. Eres vegano, un alma bienintencionada, casi mística y con una aureola a tu alrededor que despertaría la envidia del mismísimo Jesucristo. Si alguien dice que tus acciones no son correctas o convenientes significa que tiene celos de tu maravilloso ser o es un mal activista.
  11. Quien no está en primera fila, sudando con una pancarta entre sus dedos mientras grita consignas en mitad de agosto como si no hubiera mañana, es un activista de salón. Un vegano de verdad no piensa ni razona; sino que está allá donde los animales lo necesitan (como McGyver). Sobre todo, si las víctimas tienen pelos (generan leche, en su defecto) o podemos aprovechar para incorporar antitaurinos y otra gente que no será vegana pero que igualmente podría dejar de causar sufrimiento a los animalitos.
  12. Insulta a quien critique tus acciones. Dado que lo importante está en las acciones, que alguien cuestione tus buenas intenciones es poco menos que un insulto. ¡Todas las opiniones son respetables! Los activistas de salón son aquellos individuos que sólo piensan y se quedan cruzados de brazos mientras los activistas reales salvan vidas saltando a una plaza o parándose frente a la carpa de un circo o a un zoológico para insultar al personal. Todos sabemos que el cese de la esclavitud negra y el posterior respeto se consiguió siendo violentos hacia los blancos, quemando granjas y gritando en la vía pública una serie de gorgoritos sinsentido ingeniados por un activista de verdad. No lo consientas y devuelve la misma moneda. Karma.
  13. Hablando de karma. Hacer yoga, reiki y otras artes de relajación, firmar peticiones, rezar por los animalitos y subir fotos de las «manis» en cuales has participado y de cómo abrazas a tus animales rescatados en un albergue (di santuario, los anglicismos siempre otorgan una nota de distinción) es la mejor manera de mejorar tu karma con la naturaleza, el paraíso y cualesquiera creencias esótericas que te metas por el cuerpo.
  14. Cada vez que asistas a un acto (evento suena más moderno) te mereces estar tres meses sin difundir nada relacionado con el veganismo (enseñar repostería vale) y con etiquetar a 50 veganos a quien no les has dirigido la palabra en ningún momento para difundir una adopción sin mayor preocupación por el destino de tales animalitos ya te brinda una semana de karma puro y astral. Ya quisiera un activista de salón poder decir eso cuando dedican sólo 10 horas al día a difundir los Derechos Animales.
  15. Un vegano de verdad necesita desconectar de la dura realidad y eso no se lo permiten los vagos activistas de salón. Para relajarnos siempre viene bien quedar con amigos veganos y, desde luego, subir fotos de lo veganos y especiales que somos.
  16. Unifica la causa. Los veganos debemos estar unidos. Las críticas dividen el movimiento y eso provoca mucho dolor a los animalitos. Rememora que esto conviene decirlo siempre después de  haber permanecido durante cuatro horas hablando sobre cuánto hiciste en la manifestación de turno, lo duro que fue ver aquel camión cargado de cerdos deshidratados o despotricando contra el activista de salón que saliera al paso…
  17. Vota a PACMA o a cualquier partido político que desee hacer algo por los animalitos. Lo importante radica en «desearlo», que realmente defiendan los Derechos Animales es irrelevante. No importa si discriminan entre especies, mienten o manipulan la información. Los radicalismos y extremismos no son buenos. El respeto se consigue poquito a poquito, suave suavecito.
  18. No se me ocurren más consejos que agregar a este manual del activista vegano. Eso de pensar es propio de activistas de salón.
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Autoengaño-antitaurino

El autoengaño antitaurino, estar contra la tauromaquia no los salvará

La lucha antitaurina está mal enfocadaTípico cartel publicitario antitaurino con que las organizaciones bienestaristas tratan de ganar dinero vendiendo humo. No existen las victorias.

Prohibir la tauromaquia no logrará salvar a los toros

El movimiento antitaurino pretende lograr la abolición (realmente sólo la prohibición) de la tauromaquia sin entendimiento de los requisitos legales. Si alguien fuese tirando piedras a carnicerías con el objetivo de que la gente dejara de comer carne, podría considerarse un tremendo sinsentido. Pues la gente seguiría explotando a éstos a otros animales e implica una discriminación moral entre víctimas. Incluso aunque fuera capaz de destrozarlas todas, ¿impide que se construyan otras? La lucha actual contra la tauromaquia carece de una base coherente debido al bienestarismo y el desconocimiento de por qué hemos llegado a estos espectáculos tan crueles.

Cuando este ejemplo se traslada al caso de la lucha antitaurina, muchos activistas se empecinan en convertir A en B. Que uno salte a una plaza con el objetivo de impedir una forma de explotación animal (ha habido una elección y preferencia previa) implica privilegiar a unas frente a otras y no supone ningún tipo de concienciación para los consumidores de la misma. ¿Evita que mañana hubiere una nueva corrida? ¿Que en un municipio fuere a crearse una nueva plaza si un alto pública lo demanda? En absoluto. Si acaso, sólo tendría sentido asistir a manifestaciones para conocer gente y hacer activismo por los Derechos Animales.

En este sesgo de percepción nace de la ninguneación del valor de la demanda. Es decir, aparece porque los activistas creen que una acción existe por sí misma y no sólo debe ser reprimida; sino que piensan que lo conseguirán sin más mediante el uso de la presión y fuerza; la misma presión y fuerza que ejercemos los humanos contra otros animales y nos ha llevado a esta tesitura. Por momentos, parecieran desconocer u olvidar toda la estructura del especismo y la cosificación moral.

Si no existe concienciación, lo único que puede obtenerse con alguna mayoría es una regulación de la explotación. Éste es el caso actual del movimiento antitaurino y la razón fundamental por la cual muchos activistas se autoengañan al ver una «abolición» en una simple regulación. No se persigue reconocer derechos; sino la abolición de una forma de explotación animal por ser cruel. Eso no es abolición. Abolicionismo no significa «prohibir» a secas; sino hacerlo por reconocimiento de derechos. El cese de la tauromaquia no implicará derechos para los toros. Terminar en un matadero en lugar de en una plaza no es precisamente un «derecho» como tampoco lo era que un negro en el siglo XIX terminara ahorcado en una finca o en la plaza del pueblo; sino una mera regulación sobre el uso de la propiedad. Luchar contra una forma de explotación animal (campaña monotemática) en una sociedad que mayoritariamente acepta el uso de animales no humanos como simples recursos implica, inherentemente, una regulación sobre el uso de la propiedad según si nuestra especie considera adecuada y justificada la relación entre medios y fines.

Luchar contra la tauromaquia no implicará ningún reconocimiento legal para los toros debido a que todos los no-humanos están catalogados como propiedades humanas. El cese de cualquier forma de explotación no salva necesariamente a las víctimas (no existe un derecho reconocido que lo permitiese) ni frena el desarrollo o adaptación de otras formas de explotación que fuesen «menos crueles».

Centrarse en unas víctimas por el «maltrato» que reciben es bienestarismo y este camino sólo lleva al regulacionismo.
Campaña San Fermines sin sangre - Anima Naturalis

Captura de pantalla en donde las organización bienestarista Anima Naturalis explica por qué debemos donarles dinero. Mentiras y manipulación al poder.

Modus operandi del negocio antitaurino y sus falacias dialécticas

1) Dice que el problema está en que mueren de forma agónica y dolorosa. El uso de adjetivos innecesarios genera una imagen de masacre que no cuestiona ni emite reflexión acerca del respeto que merecen la víctimas. Centra la atención en las sensaciones, en la emoción que transmite a los sentidos. Se trata de una estrategia típica de márketing.

2) Dice que la mayoría de los españoles está en contra de las corridas, como si la ética fuese algo relativo o democrático según el número de personas que apoyan o no una actividad. O sea, como en Arabia Saudí la mayor parte de la población concuerda con el hecho de lapidar mujeres infieles a sus maridos, entonces la lapidación estaría bien… Se trata de una burda falacia ad populum. El respeto que merecen las víctimas es independiente de cualquier consideración humana. Es imposible luchar por sus derechos mientras se niega inclusive su valor moral. Resulta vital reconocer cuándo nos engañan. La dialéctica ayuda un montón.

3) Dice que busca abolir el espectáculo, no evitar la explotación de tales toros. Especifica que una razón radica en que da mala imagen a la nación española. Esto ya ni siquiera es un argumento bienestarista; sino que evoca a la filosofía kantiana del siglo XVIII, quien decía que no debíamos «maltratar» a los demás animales porque entonces seríamos más violentos con los nuestros. A pesar de ser un argumento tristemente intuitivo, es tanto falso como falaz. Nosotros no los explotamos por ser violentos, sino porque los consideramos inferiores y que sus intereses carecen de valor. Justo el mismo prejuicio que publicitan con semejante información.

4) Dice que centra en atención en San Fermín porque es el más mediático. No importa ya ni las víctimas ni siquiera si es cruento como aseguran. Básicamente es una buena oportunidad para llamar la atención y ganar dinero. Por último, pasan el cepillo. Nada de esto sería posible si los «sensibilizados» actuasen por sí mismos en lugar de enriquecer negocios como éstos.Autoengaño antitaurino

Si eres vegano, llámate como tal y defiende el veganismo

El movimiento antitaurino no solamente lo siguen quienes se declaran antitaurinos; sino también gente que se considera vegana pero prefieren decantarse por este movimiento y decir que son «antitaurinos» para evitar un «alejamiento» en el receptor. Ese planteamiento es tanto una petición de principio (no explican por qué hablar de veganismo aleja a la gente) tanto una falacia ad consequentiam: creencia de que dicho supuesto «alejamiento» justifica cierto uso manipulado de los términos. Si un vegano fingiera ser cazador tal vez lo atendieran más dentro de un grupo de cazadores a raíz del sesgo ad hominem (mayor confianza y consideración por las ideas de quienes conforman un grupo); sin embargo, sería poco ético que uno realizara activismo engañando y mintiendo a los demás. Eso nos convertiría en comerciales desalmados; no en activistas.

Los antitaurinos afirman luchar contra la tauromaquia para «poner fin a la tortura». Sin embargo, cuando se les señala que el fin de la tauromaquia sólo cambia las plazas por los mataderos, suelen verlo igualmente como un logro. ¿Cuál logro? ¿Que no vemos su muerte televisada? Aunque mañana mismo termine la tauromaquia en todos los países no habrá habido ninguna victoria; pues casi ningún toro se salvará. Así pues, quienes celebran por lo alto que cierto municipio prohíbe alguna forma de explotación taurina, no sé si es que prefieren autoengañarse o son ignorantes. Dentro del animalismo se vuelven demasiado comunes ciertas falacias: «pasito a pasito», unionismo, nihilismo, etc.

Las víctimas necesitan que llamemos a cada cosa por su nombre. El veganismo incluye, por sí mismo, una lucha moral contra toda injusticia que padecen los no humanos como fruto de nuestra explotación. Por tanto, es innecesario e incluso contradictorio usar otros términos. Quien no desee hablar de veganismo, que hable al menos de explotación y de Derechos Animales. El antitaurinismo es una rama del bienestarismo; puesto que acepta la explotación de otros animales e inclusive de los toros si se produce bajo ciertas condiciones, algo tan absurdo y aberrante como justificar el asesinato de vacas en mataderos si no se les practica con banderillas.

Con estas premisas expuestas, ¿por qué tantos y tantos activistas están más preocupados en la acción directa para llamar la atención de la ciudadanía y de los partidos en lugar de difundir el veganismo? ¿Por qué se empeñan en ver como abolicionismo una lucha que en ningún momento podría conseguir el reconocimiento de derechos al no existir una mayoría vegana que apoye los Derechos Animales?

Cuando explico todo esto suelo recibir comentarios soberbios por parte de antitaurinos que me presentan sus currículums, ataques ad hominem y otras evidencias de que, aunque no fuese ésta su intención, realmente usan a otros animales como alter ego para liberar tensión y sentirse mejor consigo mismo mientras la tormenta no amaina ni ellos tampoco están dispuestos a aceptar los errores; sino a atacar a quien les exponga, en pocas palabras, que están tanto perdiendo el tiempo como perjudicando sus propias vidas al terminar con delitos penales sin beneficio alguno para las víctimas.

Si realmente nos importan las víctimas, invirtamos en defenderlas, en ser coherentes al mismo tiempo y no alimentar negocios que explotan la explotación animal.

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