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Peter Singer y la perversión del activismo animalista

Cita Gary Francione sobre neobienestaristas - Peter Singer y la perversión del activismo animalista

El activismo animalista actual se rige por la doctrina utilitarista de Peter Singer (bienestarismo), apodado muy erróneamente como «padre» de los Derechos Animales por su obra «Liberación animal».

El activismo animalista actual es un negocio que condena a los animales

El activismo animalista vende victorias cada día hasta el punto de hacernos pensar que todas las injusticias que asolan a los animales terminarán mañana mismo. Sin embargo, desde del Paleolítico hasta hoy no ha habido ningún avance o progreso en materia de Derechos Animales.

A partir de la mitad del siglo XX, y, sobre todo, con la aparición ominosa del filósofo Peter Singer, quien continuó los trabajos del filósofo utilitarista Jeremy Bentham (siglo XVIII), empezaron a desarrollarse regulaciones sobre cómo se cría, hacina y asesina a los animales por razones económicas, salubres y de percepción ciudadana. Sus derechos, en un sentido legal, siendo los mismos: cero, ninguno, nada, vacío, 0 grados kelvin, error 404…

Si aún en fechas recientes resultan esperables discriminaciones morales y conflictos internacionales en Oriente Próximo derivados de una ética nula por el control del petróleo y el gas natural, cuando más si nos referimos a unos sujetos absolutamente cosificados como los recursos antes señalados.

La explotación animal constituye, con diferencia, la industria dominante y más versátil de toda la estructura socioeconómica histórica y actual. Una estructura socioeconómica surgida por el especismo, una expresión del antropocentrismo por el cual consideramos que el ser humano es el único ser con derecho a vivir. Pero no debiera ser así.

Con tanto capital en juego y tantos actores interrelacionados que controlan cada pieza del rompecabezas, no es de extrañar que inviertan en asegurar e incrementar beneficios a medio plazo. Dado que actualmente existe una tendencia social hacia una interseccionalidad de la justicia, quizás motivada por una compleja y rápida red de información jamás habida, la defensa de los Derechos Animales ha encontrado un cauce y una fuerza en absoluto desdeñable.

Si los humanos somos capaces de traicionar a individuos de nuestra propia familia, ¿cómo no vamos a vendernos al mejor postor? Si ya desde pequeños fueron enseñándonos que estaba bien utilizarlos como simples medios para nuestros fines, ¿a quién sorprendería que particulares y organizaciones los utilizaran para lucrarse gracias a una creciente preocupación social sin rumbo ni conocimiento?

Estas afirmaciones pasan a ser más que hipótesis cuando uno analiza el rol desempeñado por las distintas instituciones que tratan la cuestión de los animales no humanos. Ensayos como el presentado por James LaVeckoriginal y traducido— señalan evidencias y razones acerca de cómo un activismo centrado en el trato (bienestarismo) consigue una alianza entre el interés particular de los activistas y el incremento de ventas para las compañías responsables.

Manifestación de Anima Naturalis en México - Activismo animalista

Ese cartel refleja dos características comunes del pensamiento bienestarista: se limitan a que debemos minimizar el dolor (no a respetarlos) y fomentan el vegetarianismo aun cuando éste ni siquiera sirve para «reducir el dolor».

El beneficio personal del desconocimiento social

La gente —seres humanos en general— manifiesta una habilidad innata para seguir los moldes preestablecidos y calmar sus conciencias mediante el sesgo de la confirmación, es decir, encontrando a quienes afirmen y justifiquen lo que ellos ya creen y les conviene creer. De modo que su percepción se ve altamente influenciada por una publicidad engañosa que les vende la posibilidad de una «explotación ética», una antítesis.

Esta contra-acción no sólo daña la lucha respecto al pueblo; sino que tales argumentados utilitaristas, al estar avalados por quienes son famosos dentro del el sector, consiguen convencer a otros activistas menos formados o «activistas satélites» —no procesan información ni presentan un juicio crítico, solamente repiten— de que este «nuevo camino» será lo mejor para los afectados y no, casualmente, para el bolsillo de sus organizadores, quienes, por cierto, con independencia de la organización o partido, no dudan en insultar, humillar y tratar de ridiculizar públicamente a quienes les lleven la contraria.

Gran parte del éxito de esta apropiación efectuada por parte del activismo animalista (desviación del movimiento según la conveniencia de las organizaciones animalistas) se debe a la incorporación de neologismos económicos y términos muy mercadotécnicos que favorezcan la dilución de información mediante el sesgo ad verecundiam: creer que cuanto diga un sujeto experimentado (o que así lo parezca) es válido en sí mismo, soltar disparates puede ser eficiente si se cuenta con la elocuencia necesaria.

Una manera de persuadir a los activistas comprometidos consiste en hablarles de nuevos métodos revolucionarios y estudios psicológicos por los cuales se deduce que, milagrosamente, la sociedad respetará a los demás animales o que éstos padecerán menos si vamos «pasito a pasito» cambiando una forma de explotación menos aceptable por otra más aceptable a través de campañas monotemáticas.

Entre ejemplos de tales campañas tenemos las simples grabaciones en mataderos y otras acciones morbosas con que solicitan que las gallinas enjauladas pasen a vivir en el suelo de una nave industrial un año y medio antes de morir por osteoporosis aguda, olvidándose, por supuesto, de que dicha explotación implica siempre el asesinato sistemático de los pollitos macho.

Al mismo tiempo, el activismo animalista, surgido con Peter Singer, se vale de un ensalzamiento sentimental y una apología del narcisismo y del alter ego que fomente la unidad ciega y los haga sentir especiales ante el resto. Lo llamativo del asunto radica en que pocos llegan a percatarse de la consecuencia obvia que tendrá por desconocimiento de la propia historia de los movimientos sociales.

El mayor reto de un activismo animalista realmente centrado en los intereses de las víctinas no-humanas subyace en lograr que una mayoría de individuos vean como un «problema» lo que antes se estimaba un «no-problema». Todo activismo, en el sentido estricto de la palabra, consiste en aportar argumentos coherentes para incentivar un cambio en el comportamiento. Dichos actos únicamente pueden cambiar si las acciones previas se perciben como un problema.

Cuando los activistas que supuestamente defienden los Derechos Animales le transmiten a la gente que basta con cambiar una forma de explotación por otra «menos mala», o que esta misma explotación puede hacerse de una forma «buena», están afirmando específicamente que tal explotación es un «no-problema» y, por tanto, están generando el mismo velo que ellos mismos o sus precedentes lucharon por desmontar.

Las palabras de Peter Singer y su postura son aberrantes - Filósofo utilitarista

Las palabras recogidas de Peter Singer no dejan margen de duda. Él mismo reconoció hace tiempo que tituló su famoso libro como «Liberación Animal» no porque deseara la liberación real de los animales, sino debido a que por entonces estaban de moda los títulos con la palabra «liberación». El activismo animalista actual no desea liberar a los animales de ninguna opresión, sino promover una opresión «compasiva» con que tranquilizar sus propias conciencias mientras participan en las peores de las aberraciones concebibles.

Peter Singer y los ideólogos neobienestaristas son el mayor cáncer contra los Derechos Animales

Los Derechos Animales no tienen ni necesitan líderes. Su base es ética y, como tal, se fundamenta en la lógica y en los hechos demostrados por la ciencia. Debido a la obra célebre «Liberación Animal», muchos individuos, cercanos o no el activismo animalista, tomaron a Peter Singer como un referente en la causa. Sin embargo, este filósofo no defiende los Derechos Animales, de hecho, considera que los demás animales no debieran poseer ningún derecho.

A continuación se recogen algunas citas sobrecogedoras y lamentables del proclamado «líder» del movimiento por los derechos de los animales:

La cuestión es, por tanto, si las agradables vidas de las gallinas (más el beneficio que nos dan sus huevos) son suficientes para compensar la muerte que forma parte del sistema. La respuesta a esto dependerá de nuestro punto de vista sobre la muerte, diferenciándola del hecho de infligir sufrimiento. Esta discusión se amplia en el capitulo final de este libro. Basándonos en las razones aquí apuntadas, yo no me opongo en principio a la producción de huevos de corral.
Fuente: Liberación animal, página 205; edición Taurus; año 2011.

Peter Singer, tal como dice, considera que el asesinato sistemática de animales está justificado si nosotros obtenemos un gran beneficio por hacerlo.

No como carne. Soy vegetariano desde 1971. Me hice vegano gradualmente. De un modo general soy vegano, pero un vegano flexible. No compro cosas no veganas para mí en el supermercado. Pero, durante mis viajes, o cuando voy a las casas de otros, voy a estar bastante feliz comiendo una comida vegetariana en vez de una vegana.

Fuente: https://www.motherjones.com/poli…/2006/05/chew-right-thing/

Peter Singer ni siquiera conoce la definición de veganismo, desarrollada por Donald Watson y Leslie Cross dos décadas antes de que él escribiese su libro. Para él, el veganismo es una dieta y un mero para reducir el sufrimiento animal mientras los explota por egoísmo y placer.

Cuando haga compras para mí mismo, seré vegano. Pero cuando estoy de viaje y es difícil conseguir comida vegana en algunos lugares o lo que sea, seré vegetariano. No comeré huevos si no hay huevos de campo libre, pero si hay, los comeré. No pediré un plato que sea íntegramente de queso, pero no estaré preocupado, digamos, si un curry vegetal de la India fue cocinado con mantequilla clarificada.

Fuente: https://www.satyamag.com/oct06/singer.html

Peter Singer, como utilitarista, maneja una definición distorsionada de lo que significa «libertad». Para él, «libertad» significa que las condiciones de ese animal son algo mejores que la media de su explotación usual o que no se le causa la muerte directamente por su explotación. Deduce, por arte de birlibirloque, que está bien consumir su cadáver y productos.

Es bastante difícil ser un omnívoro consciente y evitar todos los problemas éticos, pero si uno fuera realmente riguroso en comer sólo animales que han tenido buenas vidas, esto podría ser una posición ética defendible.

Fuente: https://www.theguardian.com/…/sep/08/food.ethicalliving

Al señor Peter Singer también le escasean sus conocimientos de biología al hablar de la omnivoría como si fuese una dieta. La omnivoría es una condición biológica. Todos los humanos, incluidos los veganos, somos omnívoros aunque escojamos voluntariamente no comernos animales ni sus productos derivados.

Que alguien que afirma que matar y comer animales que hayan tenido una «buena vida» podría ser una posición «éticamente defendible» (sin argumentarlo en ningún momento, por descontado) pueda ser considerado el «padre de los derechos de los animales» da a entender el grado de confusión, la hipocresía y la mediocridad presente en el actual movimiento animalista.

Asimismo, no existe tal cosa como la «buena vida» cuando hablamos de que todos los animales esclavizados como ganado, según la especie, son marcados, castrados, descornados, despicados, separados de sus crías, inseminados forzosamente, hormonados, etc. Por ende, Peter Singer entiende como «buena vida» una idealización perversa de la vida real de un ganado y un tipo de vida que jamás admitiría para sí mismo.

Peter Singer y el activismo animalista dicen preocuparse y defender a los animales mientras participan en su explotación y promueven la esclavitud animal.

Peter Singer, el activismo animalista y su mentira del bienestar animal

Cabe destacar, asimismo, que la explotación «menor» que pregona el activismo animalista nunca es tal. El concepto de «maltrato animal» fue un invento de la industria promovido por Peter Singer para centrar la atención en el trato que se les da en lugar de cuestionar la propia legitimidad que tengamos para criarlos, hacinarlos y asesinarlos.

Toda forma de explotación animal implica, inherentemente, la vulneración de la libertad y la integridad (y, en la mayor parte de los casos, también la vida). Darles mayor libertad no convierte a los esclavos en libres ni brindarles un mejor trato significa que se respete su integridad. Ningún animal esclavizado es libre —no puede decidir adónde ir— ni tampoco goza de plena integridad; pues a los explotadores no les conviene que usen su cuerpo para determinadas funciones vitales como la reproducción (apareamiento).

Se trata del clásico juego del poli bueno y el poli malo. Aparentemente, hay una oposición entre los grupos animalistas y la industria de explotación animal. Sin embargo, en la realidad son aliados que están en el mismo bando: a favor de explotar a los demás animales. Sólo difieren levemente en la manera en que se debe llevar a cabo esa explotación.

Todo forma parte de un negocio redondo en el que todos ellos ganan. Los grupos animalistas ganan socios y donaciones por su labor en intentar mejorar «el bienestar de los animales». Los explotadores empresariales aumentan sus ventas gracias a la publicidad que reciben por haber «mejorado las condiciones» de su explotación. Todos ganan. Sólo los animales no humanos pierden.

La estafa es doble y monumental. Entonces… ¿por qué pervierten el activismo? Por un único motivo: ganancia personal en forma de una «unidad simbólica de poder» llamada «dinero». Muchos animales ajenos a nuestra especie cuentan con sus unidades de poder a la hora de desempeñar comportamientos agonísticos, en el caso de la «inteligentísima» especie humana, nosotros vendemos nuestros principios y valores por un instrumento abstracto que permite satisfacer necesidades más o menos impuestas por nuestra biología.

Como conclusión, las actuales organizaciones animalistas y prácticamente cualquier grupo grande de activistas que conforman el activismo animalista actual no representan los Derechos Animales y son una lacra para las víctimas. Donarles dinero equivale a ceder nuestra responsabilidad ética y, además, ser cómplices de cómo traicionan a los animales esclavizados.

No vendamos nuestra «alma» al mercado ni se la regalemos a quienes mantienen los ojos pegados al ombligo. Si apenas podemos fiarnos de otros «veganos», imaginemos el caso nefasto de estas instituciones jerarquizadas. Si uno quiere de verdad luchar por los Derechos Animales, debe formarse.

Puede resultar comprensible que antes de la aparición de internet no llegaran ciertas noticias o argumentos al público general; pero hoy sí es un imperativo que todo activista por los Derechos Animales deseche la idealización sobre Singer y dé un paso más. El profesor Gary L. Francione es actualmente una de las mayores eminencia en dicho campo y merece que todo simpatizante por la causa conozca sus obras y estudios académicos.

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La necesidad no es justificación moral para explotar animales

Burra atada en una finca - Explotación animal vinculada a la pobreza

A menudo se aduce que explotar animales sea necesario porque sus explotadores necesitan hacerlo para ganarse la vida. La necesidad no es justificación moral bajo ningún concepto, pues ellos no son culpables de la situación humana ni de las injusticias que sufran sus explotadores.

Padecer una injusticia no legitima no es una justificación moral para explotar animales

En España y otros cientos de países en condiciones de extrema miseria existe explotación animal vinculada a la pobreza. Uno de los ejemplos más representativos en países de América Latina lo constituye la tracción de sangre, una forma peculiar que se emplea en varios países del Cono Sur para referirse a la actividad de recoger chatarra y transportar objetos mediante la explotación de équidos.

A tenor de la crisis económica mundial, se observa un incremento directamente proporcional entre la desigualdad sufrida por el pueblo y la opresión que éste ejerce contra otros animales (aún más débiles) debido a una absoluta desconsideración hacia sus intereses. No cabe extrañarse; pues los humanos, con una mentalidad utilitarista, hemos tratado históricamente y seguimos tratando a los no-humanos como simples recursos. Ellos siempre se llevan la peor parte de una injusta estructura social y, para colmo, no reciben la atención de casi nadie. Si el humano corriente no suele hacer actos altruistas por sus congéneres, aun menos por otros animales. De hecho, a la indiferencia absoluta se le suma el alegato bastante irritante de «¡Los humanos primero!».

La necesidad no es justificación moral. Las condiciones en que viva un ser humano no le otorgan legitimidad para cometer injusticias. Que los humanos suframos injusticias no convierte en menos injusto para los animales la acción de comerlos o explotarlos de alguna forma. Si esto, a veces, parece complicado de entender y explicar en sociedad en referencia a humanos sin que alguien nos mire mal, peor incluso cuando uno pretende defender a las víctimas no humanas. Así como la explotación humana resulta siempre injustificable, la explotación animal es injusta ya la practique un rico o un pobre. Si matar a un ser humano —aún se haga por dinero para comer— no está bien por unos fundamentos éticos, ¿por qué razón va a ser justificable si se trata de un no-humano? Precisamente, el especismo consiste en aplicar un código ético diferente según quién padezca la injusticia. Si ninguno de los presentes pondría a un humano de esclavo para cargar con fardos, ¿por qué un caballo, mula o burro sí debe hacerlo? Y no, no vale salir por la tangente diciendo que quizás las plantas también sientan. Esta «escala de prioridades» refleja fielmente una moral convenida por un conflicto de intereses. Este punto ha de quedar grabado a fuego para reconocer nuestra doble vara de medir.

Para condenar una injusticia no necesitamos «saber» cómo enmendar una situación derivada

Otra de las falacias habituales se basa en exigir alternativas con el objetivo de excusar acciones humanas. Ni yo ni ningún activista tiene que «aportar» previamente una solución al problema para ganarse la potestad de denunciarlo. Alegar que una forma de explotación animal resulta «aceptable» en el caso de no haber opciones deseables o viables a corto plazo es como haber afirmado en el siglo XIX (como se hacía) que la esclavitud negra estaba bien porque los blancos necesitaban dicha mano de obra o sus negocios se irían a la ruina.

La lucha por los Derechos Animales será terriblemente larga. Hoy por hoy, en una sociedad incapacísima de comprender los aspectos básicos del principio de igualdad, uno se siente inútil e impotente ante una masa de ignorancia, egocentrismo y agresividad que apenas alza la voz para hablar de «maltrato animal» y pedir un «bienestar animal» imposible en la práctica. Desde la base, bastaría con que todos los autoproclamados animalistas fuesen éticamente coherentes para que ya hubiese un verdadero ejército capaz de cambiar la realidad. Entretanto, tenemos a unos que creen que ya hacen lo correcto (y se cuelgan medallas) y otros que directamente pasan o se montan justificaciones ridículas.

Han de tenerse las bases de los Derechos Animales para formarnos como activistas y sólo de esta manera obraremos sin discriminación moral.

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Adopción de animales sin ética

Adopción de una perra como si fuese un mueble - Adopciones de animales sin ética

En este cartel, difundido por redes sociales, se pretende lograr la adopción de una perra señalando que es «ideal para interiores», como si fuese un mueble o no necesitara ver la luz del día.

Nuestro pan de cada día

En redes sociales es el pan de cada día ver y compartir alguna publicación en donde aparece la adopción de animales no humanos en condiciones de necesidad. Adoptar y cuidar a alguien desvalido se considera una virtud mientras se respete al individuo y se lo estime como un igual en el sentido ético.

Me etiquetan o avisan numerosas veces con el fin de yo difunda y les haga publicidad a estas peticiones constantes. En principio, no tengo nada en contra de poner mi grano de arena. Sin embargo, si algo me molesta terriblemente es el especismo flagrante que muestran muchos animalistas a la hora de publicitar la adopción de animales, pues a la hora de buscar adoptantes se rebajan a hacerlo como si fuesen simples mercaderes o comerciantes. Me molesta porque quebrantan el respeto y consideración que merecen las víctimas.

¿La adopción de un animal o la venta de un mueble?

Como decía, en el cartel superior aparece un ejemplo lamentable de este hecho. Cuando alguien señala «ideal para interiores» (refiriéndose a la perra) o «es muy cariñosa», está diciéndole a la gente que se trata de un mueble o un juguete que te dará beneficios tales como quedar bien junto a la salita o hacerte sentir mejor cuando tu vida llena de bienestarismo esté falta de amor.

Hay quienes replican que no existe un problema ética alguno respecto a la acción de utilizar argumentos utilitaristas y abogan por un sentido práctico. Dando rodeos y montando hombres de paja, tratan de justificar que la adopción de un perro con tamaño pequeño sería conveniente para quienes viven en casas pequeñas, pisos o apartamentos y también que nadie adoptaría un animal —humano o no— conflictivo como así sucede con niños de nuestra especie.

A pesar de que les doy la razón en cuanto a los intereses humanos, si alguien va a adoptarla porque le parece estética e «ideal para interiores» o solamente porque pueda recibir compañía es equivalente a una pareja de seres humanos que adoptase un bebé o niño porque les pareciera más estético tener un niño negro o asiático o simplemente para no estar solos. Creo que si hablásemos de seres humanos no cometeríamos el relativismo o conformismo de decir «al menos no está en un orfanato». Sí, sé que un niño no terminará asesinado ni en un matadero; pero usar estos términos implica asesinarlos moralmente mientras aún siguen vivos. Las circunstancias desfavorables no convierten el utilitarismo en ética. Se trata de la misma mentira asumida cuando hay activistas que defienden las fraudulentas medidas de «bienestar animal» con el argumento falaz de que «el mundo nunca será vegano?».

¡Derechos Animales ya! Vaca con código de barras, los animales no debiéramos ser objetos

Los animales no debiéramos estar consideramos como objetos. Ellos, como nosotros, no nacen con un código de barras ni deberíamos fomentar la adopción de animales como si fuesen merancías.

Conformismo, miseria moral y especismo a raudales en la adopción de animales

Asimismo, un aspecto habitual lo encontramos con adoptantes que solicitan razas de perros o rasgos de éstos en concreto. Que un adoptante se preocupe por el aspecto de la persona no humana que va a adoptar es una alarma evidente de que va a ser un mal adoptante y lo más bochornoso viene cuando algunos presuntos veganos justifican esta actitud como si estuviese justificado el pedir un niño a la carta. Por otra parte no menos importante está la castración que se les practica en muchas ocasiones por provecho humano, facilidad en el manejo o meras políticas bienestaristas de la organización animalista de turno; la cual cree que se amputando unos órganos ya se evitan todos los males que padecen en el mundo.

Como reitero cada día hasta la última gota de saliva, el cáncer de los Derechos Animales lo conforman quienes supuestamente los defienden. Pues éstos presentan la misma mentalidad especista que sus opresores; mas, a diferencia de ellos, carecen de incentivo para cambiar sus acciones y creencias porque ya creen que hacen lo correcto.

Para defenderlos y promover la adopción de animales como es debido, debemos hablar de ellos del mismo modo en que lo haríamos si fueran humanos. Si no cabe alentar la adopción de un niño diciendo que es «ideal para interiores», ¿cómo les parece coherente hablar así de un perro? ¿Porque es un perro y no un ser humano? ¿Distinta especie? Pues por este motivo lanzo esta crítica.

Para ser justos se requiere rechazar toda forma de explotación animal. Si alguien mantiene a otro por estricta conveniencia propia, incurre en una forma de explotación (uso como recurso). El veganismo es lo mínimo que debemos asumir para entender las bases de los Derechos Animales.

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Los animales merecen respeto, no necesariamente amor ni compasión

Los animales merecen respeto, no sólo los humanos

Los animales merecen respeto. El respeto va mucho más allá que la compasión.

¿Qué significa respetar a los animales?

Respeto (del latín respectus) significa «miramiento», «atención» o «consideración» hacia algo o alguien. Etimológicamente se refiere a la veneración o el acatamiento que se tiene a alguien. El respeto, en un sentido ético, es el reconocimiento y aceptación moral de que cada individuo posee un valor inherente o intrínseco (en sí mismo), con independencia del valor instrumental que pudiera poseer para terceros. En otras palabras: el respeto moral es el reconocimiento del valor inherente de los individuos.

¿Por qué los animales merecen respeto?

Los defensores de los Derechos Animales argumentamos que cada ser sintiente posee un valor inherente porque, científicamente, todo ser dotado de la capacidad de sentir cuenta con emociones y deseos propios. Cada uno es un individuo único y consciente de sí mismo, al que le importa su propia libertad e integridad. El respeto se refiere exclusivamente al reconocimiento del valor inherente o intrínseco del individuo; no a sus acciones o creencias. Todos actos e ideas son cuestionables y tenemos la obligación, como animales bastante racionales, de ponerlas a la luz de un juicio crítico. A pesar de que lo reiteremos día sí y día también, nunca resulta suficiente.

A veces, erróneamente, se dice que a tal o cual animal (pj: un toro bravo) hay que tenerle «respeto» con el significado manifiesto de mantener la prudencia ante un posible ataque. Tener precaución a la hora de manejar animales o estar cerca de ellos no equivale a respetarlos. Si acaso, lo único que se está respetando ahí es la integridad de uno mismo.

¡Derechos Animales ya! - Por qué respetamos a unos animales pero explotamos a otrosLa compasión hacia los animales no equivale a respetarlos

A menudo, en lugar de promover el respeto que merecen los animales, muchos activistas y organizaciones animalistas usan y promueven otros términos vacíos, irrelevantes, sensacionalistas o meramente inútiles. Entre ellos, quizás el más común es el de «maltrato animal». Otro bastante usual es, sin lugar a dudas, la compasión.

Como explica maravillosamente el activista Luis Tovar en este artículo, la compasión hace referencia simplemente al hecho de sentir pena o tristeza a causa de lo que a otros les ocurre cuando padecen algún sufrimiento. Se trata de una emoción. Aunque no seamos conscientes, queremos que ese alguien deje de sufrir porque contemplar su sufrimiento nos hace sufrir a nosotros. Muchísima gente dice encontrarse fatal tras ver vídeos de «crueldad animal» o  de mataderos pero no se imagina realmente en el lugar de las víctimas. Si lo hicieran, tales espectadores tendrían que verse abocados a querer dejar de participar en la explotación animal. Por desgracia, no ocurre así. La mayoría de quienes se consideran «sensibilizados con el sufrimiento animal» adoptan la postura bienestarista, es decir, la creencia irracional de que está bien hacer daño a los animales si causa el justo para obtener un beneficio. Esta perspectiva, mayoritaria hoy en la sociedad general, tiene como referente actual a filósofos como Peter Singer y su utilitarismo aberrante. La compasión es un fenómeno puramente emotivo del que se lucran por activa y por pasiva las grandes organizaciones animalistas. La compasión, en sí misma, no es un razonamiento sino un proceso emocional. Por tanto, debido a su carácter subjetivo —tanto porque nace en el propio sujeto como porque se limita al propio sujeto— no sirve para entender por qué los animales merecen respeto ni tampoco paras defender sus intereses.

La empatía, por el contrario, se define como la capacidad de imaginarnos o de ponernos en el lugar del otro. Aunque se trata de algo imaginado e igualmente subjetivo, la empatía no se limita al propio sujeto. Permite percibir el sufrimiento del individuo sufriente como algo que éste padece con independencia de que nosotros suframos más o menos al conocer su sufrimiento. La empatía es, a fin de cuentas, una forma de imaginación que nos permite comprender las emociones de los demás animales y actuar en consecuencia. Debemos desarrollar la empatía, pero dirigida hacia el reconocimiento de las razones de por qué los animales merecen respeto, no basta con sentir compasión por el sufrimiento que padecen y conformarse con pedir un «bienestar animal» o donarles dinero a las fraudulentas organizaciones animalistas.

¡Derechos Animales ya! - La palabra respeto incluye a los demás animales

La falacia del respeto

Continuando con el«respeto», este sustantivo brilla por su sonoridad y belleza en la lengua española como por su significado tan profundo. Sin embargo, no todos de quienes utilizan este término llegan a comprender su alcance y trasfondo, y llegan a cometer la llamada «falacia del respeto». Esto se evidencia cuando exclaman «Yo respeto tu forma de comer, «respeto tu opinión», «te respeto lo que comas», «respeto tu causa», «respeto que quieras…», etc., dejando siempre a los animales —las víctimas de sus faltas de respeto— fuera de la ecuación.

Muchos humanos se refieren al «respeto» en un único sentido. Un número copioso de gente, a tenor de los ejemplos diarios, parece creer que se trata un concepto «unilateral» para zanjar un debate antes de siquiera empezarlo. Consideran que sólo los humanos merecemos respeto o que éste solamente cuenta cuando puede ser recíproco. El tema de la reciprocidad y el contractualismo (entre otros alegatos habituales) lo han tratado diversos autores contemporáneos.

De este modo, esgrimen el «respeto» como una petición de principio (una falacia dialéctica) con la cual dan por sentado que no tienen ninguna obligación hacia otros animales porque no son humanos o dicen que no tienen por qué respetar los derechos de los animales porque, supuestamente, no cumplen obligaciones en sociedad. La mayor parte de la sociedad presenta una mentalidad bienestarista como consecuencia de un prejuicio de supremacía —el antropocentrismo—, lo cual desemboca en especismo. Resulta fácil encontrar individuos que acepten el deber de tener compasión hacia las víctimas; pero no las respetan. Los demás animales necesitan respeto; no lástima ni ninguno de sus derivados antropocéntricos. Nosotros no estamos concediéndoles o regalándoles nada. El hecho de dejarlos vivir en paz no es un «obsequio» por nuestra parte; sino un deber moral. Faltaría más, vaya.

Asimismo, cabe recordar que su carácter recíproco no implica ningún perjuicio para los humanos. Aunque para mí resulta descabellado, muy frecuentemente aparecen quienes nos acusan de «discriminar» a los humanos por ponernos a la misma altura que el resto de los animales. El respeto no es algo que unos deban perder para otros ganar. Todos podemos, aquí y ahora, aplicarlo a cualquier sujeto. Por tanto, estimo que arremeten con esa estupidez debido a que se sienten ofendidos por haberlos bajado de su pedestal psicológico inculcado desde la niñez. Por fortuna, todos los que hoy somos veganos podemos dar fe de que los prejuicios pueden superarse mediante la razón. En esta misma web figuran varias entrevistas interesantísimas.

Para ser justos debemos respetar a todos los individuos con independencia de su especie. Ello conlleva, obviamente, rechazar su uso como recurso (medio) para un fin. Los prejuicios, las actitudes y las prácticas basadas en la violencia no merecen respeto. Las personas y sus derechos sí merecen respeto. El especismo y la explotación animal no merecen respeto, pues suponen violar los derechos de las personas nohumanas. Si eliminamos el especismo de nuestras mentes, podremos entender que el respeto implica necesariamente no utilizar a los demás animales para nuestros fines. El respeto implica veganismo.

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La victimización de los explotadores

Los especistas se victimizan cuando hablamos de explotación animal - Victimización de los explotadoresLa victimización de los explotadores es un hecho cotidiano. Aunque habrá a quien le resulta algo ofensivo, esto me viene a la cabeza cuando muchos explotadores de animales se victimizan públicamente como si señalar su especismo supusiera una afrenta o tuviese algún tipo de parangón con las acciones que ellos practican o promueven a diario. Respecto a la viñeta, ha de considerarse que el término «carnista» es innecesario; pues sitúa a quienes comen carne como si fuesen peores explotadores.

La defensa de un no-derecho

Cuando efectuamos nuestro activismo por los Derechos Animales, todos los días recibimos respuestas reaccionarias y defensivas ante nuestras publicaciones y comentarios. Así ocurre porque un sinfín de usuarios y lectores se toman como un ataque personal que se señale sus acciones aunque nadie los aluda a ellos (ni los conocemos). El modus operandi de la victimización de los explotadores siempre es el mismo, de modo que podemos dividir los tipos de comentarios recibidos en tres:

  • Diplomáticos: Nos piden, con suma educación, que retiremos una fotografía, ilustración, viñeta, etc., a causa de que les desagrada. Tras explicarles, con los mismos buenos modales, que condenamos acciones y comportamientos (no individuos) debido a que necesitamos reflejar la realidad de las víctimas, suelen adoptar la actitud del siguiente modelo.
  • Indignados: Claman a los cuatro vientos acerca de cómo hemos tenido la desvergüenza y osadía de atacar a quienes «aman a los animales» (pj: rescatistas, perro-gatistas, explotadores compasivos, etc.) o realizan actos absolutamente legales (se sabe que si algo es legal en alguna parte nadie debe reprochar nada, válgame). Estos sujetos muestran su experticia en ética y argumentación al rechazar cualquier intento de acercamiento o analogía diciendo que sencillamente «no son lo mismo» y mediante molestos alegatos especiales: «no tenéis ni idea de cómo funciona una granja», «no puedes entenderlo», «informaos», y un larguísimo etcétera. En el momento en que se hartan de repetir su mantra de prejuicios o se palpan demasiado cuestionados como para mantenerla, pasan adoptar la disposición inferior; la cual refleja su verdadera naturaleza interior.
  • Agresivos: Estos sujetos renuncian a todo atisbo de modales o raciocinio y se enzarzan en una batalla de burlas y descalificaciones continuas. En la mayor parte de los casos nos vemos obligados a bloquearlos para terminar con la discusión. Si a ellos les parece cansino responder, que se imaginen cuánto resulta para nosotros estar contestando a un centenar de clones de forma consecutiva.

A toda la gente que molesto por ser vegano, no soy yo, es tu conciencia - Victimización de los explotadores

No, Di Caprio no es vegano. El cartel sólo pretende señalar la evidencia de la sociedad general se siente atacada por el mero hecho de saber que hay otra gente con más fuerza de voluntad y principios que ellos para rechazar toda forma de explotación animal.

La victimización de los explotadores es un reflejo de sus conciencias

Llama un montón la atención que quienes participan en la explotación animal —ya sea más directa o indirectamente— se muestran siempre los más susceptibles frente a vídeos e imágenes en donde se aprecia la terrible crueldad con que usamos y tratamos los animales no humanos. O sea, no les importa cuánto sufrió el animal de turno; sino que protestan porque a ellos sí les afecta de una manera sentimental o moral. Muchas veces, los activistas tenemos que cogerlos con pinzas por tal de que no se irriten y comiencen a agredir. Una sensibilidad la mar de convenida…

 

Si cada jornada se repite sin cesar esta especie de algoritmo social, se debe a que ellos mismos se ven como las víctimas. Acontece una victimización de los explotadores por la cual confunden los conceptos de respeto o tolerancia con el hecho de darles el visto bueno para hacerles a los animales cuanto les dé la real gana. Dado que se creen legitimamos para protestar, no dudan en exhibir una completa irracionalidad. Y entre los explotadores no cabe sólo imaginarse a granjeros, ganaderos, taurinos o cazadores a los que les inculcaron desde pequeños cómo someter a los animales; sino que más agresivos y peores son los animalistas rescatistas y los vegetarianos de «salud» y «medio ambiente». Por sorprendente que parezca, he comprobado por mí mismo que tiene más facilidad para hacerse vegano un ganadero con la conciencia intranquila que un animalista que se percibe a sí mismo en un pedestal moral por donar a una organización animalista o por hacerse ‘selfies‘ en la mani de turno.

En nuestra sociedad buenista a menudo se fomenta la creencia de que una sociedad avanzada consista en que cada uno siga su camino sin joder al vecino. Ello, unido al especismo, hace que muchos lectores inesperados de nuestras publicaciones y artículos acostumbran a exigirnos una absoluta indiferencia hacia los demás animales vestida con falsa empatía y comprensión. Para ellos, todo eso se trata de un asunto «privado». Pues no, lo que nuestra civilización practica sistemáticamente con los restantes animales de este planeta no está oculto ni se limita a la conveniencia o decisión de cada uno. En vista de que no pueden negar la lógica de «no les hagas a otros aquello que no te gustaría que te hicieran», este tipo de individuos sólo tienden dos salidas: aceptar nuestros argumentos o no pasar de agredirnos hasta ver satisfecho su ego herido. Nosotros se lo debemos a las víctimas reales y no miraremos hacia otro lado. Por tanto, que se guarden sus quejas y odios, y se miren al espejo.

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