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Humanización, animalización y cosificación

Paul de Vos - Pelea de gatos en una despensa. Mediados del siglo XVII. - Humanización de animalesCuadro pintado por Paul de Vos a mediados del siglo XVII, titulado: Pelea de gatos en una despensa. La humanización de los animales es un tema recurrente en nuestra cultura a la par que se los cosifica en la realidad.

En esta entrada realizaré una reflexión general sobre los conceptos de «humanización», «animalización» y «cosificación», sus implicaciones éticas y diferencias categóricas.

Humanización

Denominamos «humanización» a la acción de dotar de características humanas a algún ente (vivo o no) que no lo sea. Este término aparece con frecuencia cuando se refiere al ingenio e inventiva humanos en el campo de las artes: literatura, teatro, pintura, etc. Puede señalar propiedades «humanas» tanto físicas como comportamentales en distintos grados.

Debido a que los atributos comunes o mayoritarios en nuestra especie están juzgados a la luz de nuestros propios ojos, no sólo caemos en el error de considerar como «humanos» aquellos rasgos no necesariamente exclusivos del Homo sapiens; sino que el proceso de humanización implica crear un alter ego o representación del autor con distintas pretensiones según nuestra propia visión de cómo sería la fusión o el resultado de ese ser con la mezcla entre sus caracteres y los nuestros. Asimismo, incurrimos en el sesgo de interpretar las cualidades de los seres no-humanos de un modo que quizás no guarde relación o lógica con su origen, función o utilidad.

En referencia al activismo vegano, muchos activistas han argumentado de forma espléndida la falacia del anacromorfismo, es decir, la acusación infundamentada de que nosotros, los veganos, practicamos una humanización indebida de los animales no humanos con el objetivo de sensibilizar a la gente mediante una fachada inexistente e inválida. Entre muchas explicaciones, me quedo con el ensayo escrito por Igor Sanz y su acuñación de las palabras proferidas por Konrad Lorenz, padre de la etología, a quien también acusaban falazmente de «humanizar a los animales»:

«No trato de humanizar a los animales [nohumanos]. Se ha de comprender que
lo demasiado humano es casi siempre prehumano, y, por tanto, es aquello que
compartimos con los [demás] animales. A fe mía que no proyecto características
humanas en el animal [nohumano]; antes, al contrario, muestro la cantidad de
herencia que persiste en la humanidad».

Los animales poseen rasgos que creemos exclusivos para los humanos

Empíricamente puede observarse que compartimos multitud de cualidades con los animales no humanos. Esto nos motiva a que nos resulte más sencillo empatizar con algunas especies. Sin embargo, justificar el respeto tomando como base nuestra semejanza implica vernos a nosotros mismos como ejemplo de perfección o colofón del proceso evolutivo. Si hemos llegado a construir este sistema de opresión se ha debido a nuestra mentalidad supremacista. Mientras perdure, seguiremos racionalizando un juicio gradualista de la naturaleza que, lejos de sostenerse por la ciencia o la ética, sólo sirve para calmar nuestra conciencia y justificar acciones deseables por estricta conveniencia. Este mismo prejuicio protagoniza formas de utilitarismo que a menudo aparecen bajo el término «veganismo».

Como escribí hace tiempo en este ensayo simplón acerca de la importancia de utilizar historias, cuentos, fábulas, novelas, etc. para combatir el prejuicio especista, toda creación humana es potencialmente enfocable para promover el veganismo y defender los Derechos Animales. A pesar de ello, cabe estimar que tanto si pretendemos humanizarlos (añadir elementos diferenciadores) como si no, nuestras obras nunca plasmarán de modo objetivo la realidad. Para luchar por las víctimas empleamos nuestro raciocinio; pero éste acaba encorsetado por nuestros sentidos y un alcance facultativo (inteligencia y conocimiento) del que dependemos y gracias al cual marcamos nuestros actos.

En consecuencia, aunque uno se propusiese reflejar la explotación animal desde el punto de vista de las víctimas o crear personajes humanizados por simple divertimiento, siempre nos quedará la duda de cuán reales serían si existieran en realidad en éste u otros planetas por haber acontecido una serie determinada de variables físico-químicos, cambios biológicos, etc.

A tenor de lo explicado, podríamos afirmar que la humanización es un proceso cognitivo aplicado sobre nuestro lienzo de la propia existencia. Y no sólo eso; sino además, un fenómeno intrínseco a nuestras condiciones psicológicas e inevitable para el desarrollo de la empatia. Esta reflexión abre la puerta a una interpretación curiosa: ¿tendemos a humanizar a causa nuestra capacidad empática? ¿Otros animales serán capaces de imaginar el comportamiento ajeno y aproximarlo al suyo? No he hablado en ningún momento de «personificación» porque todos los animales somos personas en sí mismos en tanto que tenemos las estructuras necesarias para la realización de una subjetividad. Este planteamiento nos dirige hacia el siguiente concepto.

Caricatura de Charles Darwin en forma de mono - Humanización frente a cosificaciónCaricatura de Charles Darwin con apariencia de mono que dibujaron detractores de su época para burlarse de su Teoría de la Evolución.

Animalización

De manera análoga, se denomina «animalización» a la trasposición de atributos propios de los animales no humanos a otros entes. Justo al contrario que su contraparte anterior, este término alude a acciones desaforadas e impropias de un humano civilizado o que jamás realizaríamos, por lo que presenta matices denigrativos o indeseables. Uno no suele animalizar porque pretenda ensalzar en ellos cualidades o conductas muy diferentes; sino para caricaturizar o incluso repudiar sus particularidades. Acostumbramos a hacerlo bajo la actitud supremacista antes señalada para criticar y condenar tanto aspectos fisiológicos como etológicos por el simple hecho de no estar presentes en nuestro caso.

Si fuésemos más objetivos, podríamos asumir que la atribución de características exclusivas de los animales no humanos quizás sirviese, por ejemplo, para ayudarnos a concebir cuán diferente hubiera sido y sería nuestra civilización si contásemos con otra visión de los colores, otro intervalo de percepción auditiva, otro córtex cerebral y otras mutaciones que hubiesen generado estructuras, órganos, reacciones químicas, etc., que convirtiesen en factible aquello sólo llegamos a soñar. Al igual que la humanización puede ser útil de cara al activismo (si bien ni mucho menos ideal en todos los casos), transferir rasgos no-humanos a personajes humanos permite acercarnos a unas segundas posibilidades que podrían haberse producido si las condiciones y condicionantes hubieran desarrollado con absoluta desemejanza.

Asimismo, ha de destacarse que a menudo se confunden las acciones con la cognición. Cuando animalizamos, solemos creer que ellos hacen algo por simples razones azarosas o totalmente impensables o inimaginables por nosotros debido a la escasa lógica del acto. Así ejemplificado, que los perros decidan olisquear el trasero de otros en lugar de utilizar un lenguaje verbal no implica que ni carezcan de dicha herramienta ni que sean inherentemente menos inteligentes en sentido absoluto.

El intelecto desempeña el papel fundamental de facultarnos a todos para reflexionar sobre cuáles métodos son más adecuados según nuestros instrumentos biológicos y el contexto que nos rodea. Escoger entre uno u otro camino responde a la razón y está supeditado a los sentidos y habilidades del individuo. Esto significa (y nos recuerda a la vez) que las acciones emprendidas por los no-humanos no son necesariamente menos razonadas ni ilógicas que las nuestras. Si nosotros tuviésemos la fisiología de un perro, u otro animal más distante, posiblemente no dudaríamos en marcar nuestro territorio con excrementos si hacerlo fuese lo más apropiado para el fin perseguido, es decir, si así se entendiese mejor el mensaje y quedase constancia un tiempo mayor. Desde luego, si existiera vida «altamente racional» fuera de la Tierra, sería bastante antropocéntrico pensar que dichos organismos se comportasen como nosotros por el simple hecho de ser tan listos cual unos servidores…

Por otra parte, los humanos no somos los únicos animales con cultura. El aprendizaje está supeditado a nuestra forma de percibir el ambiente, ello conlleva que distintas poblaciones generen un acerbo de peculiaridades sociales que las distinguen del resto. Al igual que en los humanos puede verse afectada la razón por los sesgos cognitivos y prejuicios, diversos estudios sobre la transferencia cultural en primates y ballenas (entre otros animales) desechan la idea tradicional de que la cultural sea una característica exclusivamente humana. O sea, puede ocurrir que el comportamiento de un animal (incluidos los humanos) se origine y produzca, simultáneamente, como fruto de su raciocinio, instinto y asimilación cultural.

Sea como fuere, lo único relevante en el terreno ético reside en que unos y otros poseemos intereses inalienables. Si tratamos de combatir nuestros prejuicios, alcanzamos a comprender las atrocidades que se esconden tras el siguiente concepto.

Racismo y especismo - Cosificación de animales

Tanto el racismo como el especismo son discriminaciones morales que implican la cosificación de un sujeto y su trato, coacción y manipulación como si fuese un objeto. No basta con rechazar el maltrato animal para ser justos con los animales.

Cosificación

«Cosificación», como su nombre indica, consiste en atribuir propiedades de los objetos (entes inertes) a aquello que no lo sea. Este fenómeno solamente plantea un conflicto moral respecto a la consideración de los animales no humanos porque ellos, a distinción de otros seres vivos, sí cuentan con intereses inalienables.

A diferencia de los dos conceptos previos, éste no es subjetivo; pues podemos razonar y argumentar si a alguien lo tratamos o no como si fuese un recurso. Además, se distingue con facilidad de la «humanización» y la «animalización» en que no plasmamos en aquellos individuos características propias o ajenas; justo lo opuesto: desconsideramos o negamos sus propios rasgos inherentes. Tampoco se deriva de nuestras facultades cognitivas; sino que, por el contrario, proviene de un prejuicio moral. En cierto sentido, podríamos decir que la cosificación es el antónimo de ambos: usamos la razón para desechar rasgos; no para «otorgarlos» ni «sopesarlos».

Este fenómeno se manifiesta de formas muy variadas y arraigadas en la cultura. Consta de numerosos puntos basales que han estudiado autores como Martha Nussbaum y Carol Adams. Para lograr el tan aludido progreso social resulta imprescindible comprender por qué no debemos tratar como cosas a otros animales al igual que no nos gustaría a nosotros recibir dicho tratamiento.

El lobo es malo y sandwich de jamón - Humanización y cosificaciónSe da la paradoja de que, en las artes, humanizamos a los animales para exponer o condenar comportamientos humanos mientras se incurre en cosificación a la hora de considerarlos como individuos.

Humanización indebida y cosificación aberrante

En este último apartado quisiera poner hincapié en sucesos moralmente contradictorios dentro de la cultura humana. A menudo, cuando se humaniza a animales no humanos en obras cinematográficas, teatrales o literarias ocurre que se enseñan o transmiten mensajes erróneos y bastante dañinos de cara a una interpretación objetiva de la naturaleza. Que todos los animales cuenten con una conciencia (al menos mínima) o razonamiento no ha de confundirse con que ellos puedan responsabilizarse de las implicaciones y consecuencias de sus actos. A rasgos prácticos, asumimos que únicamente los humanos somos agentes morales (sujetos responsables de sus actos). A lo mejor un delfín o ballena pudieran serlo; pero no es de nuestra incumbencia. Por tanto, somos nosotros y no otros animales los que debemos obrar justamente y respetarlos en la medida de lo posible.

Así pues, resulta incorrecto decir que tal o cual animal no humano es malvado, cruel, o cualquier otro adjetivo subjetivo relacionado con su conducta. No contentos con este fallo demasiado común, lo más llamativo es que en muchas ocasiones se los humaniza al mismo tiempo que se los cosifica. Esto se produce, por ejemplo, cuando se narran cuentos infantiles en que los cerdos, las vacas o las aves esclavizadas en el corral exhiben comportamientos y actitudes humanas mientras están contentos con ser esclavos. El pensamiento especista funciona así: si un organismo carece de forma humana, no importa ni siquiera que evidencie todas y cada una de nuestras propiedades.

Para acabar, también señalaré empresas como Disney que se lucran tanto humanizándolos en sus series y películas (según quiénes sean los protagonistas) como cosificándolos en éstas mismas (si no tienen un rol principal) y en sus parques temáticos para niños (pj: caballos que tiran de carruajes durante los desfiles).

Nuestra relación con los demás animales es tan absolutamente heterogénea como discordante que daría para escribir un libro. Como conclusión, hemos de esforzarnos por desechar las confusiones categoriales entre la naturaleza (el ser), la potencialidad (poder ser) y la ética (deber ser).

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Un cuñado contra los veganos: El efecto Dunning-Kruger

Cuñadismo hacia los veganos

En España, la expresión «cuñadismo» se refiere a aquellas estupideces soltadas por un «cuñado», el típico familiar que es capaz de solucionar los problemas de desempleo, inmigración, sanidad y educación en los cinco minutos que tardan en tomarse una cerveza junto a la barra de un bar. Estos individuos sufren el denominado «efecto Dunning-Kruger».

Siempre hay un cuñado para un vegano

Esta entrada tiene una finalidad crítica y humorística más que didáctica. Si bien, la parte final sirve para aclarar razones psicológicas de este comportamiento. Con esto dicho, empecemos:

El término «cuñadismo» es un neologismo español, muy usado en fechas recientes, para indicar aquel comportamiento o actitud propios de un «cuñado». De hecho, su uso está tan extendido que la Fundéu ha aceptado este nuevo significado en diciembre del año 2016. Típicamente, se ha arqueotipizado a estos parientes políticos como sumos conocedores de la verdad absoluta y un ejemplo de sensatez y pragmaticidad sin parangón. Por extensión, así se denomina de forma jocosa a quienes sientan cátedra en cualquier asunto —por variado que fuere— sin formación alguna y con una campechanía digna de sonrojo ajeno.

Un buen cuñado arregla con sencillez todos los problemas de la nación durante tiempo que le dura una taza de café en sus manos y le sobran algunos minutos para comentar la alineación de su equipo de fútbol. Sin excepciones, tiene en todo momento una solución perfecta para la ocasión. Si su respuesta no te sirve, se debe a que no lo entiendes bien ni lo haces como lo propone. Y, por supuesto, si algo se soluciona días más tarde es porque «ya lo había dicho él», ¿quién si no?

Así pues, si uno se vuelve vegano y se lo menciona a un cuñado, resulta esperable que sus sabios consejos se dirijan a corregir nuestras conductas y nos inviten a conocer el conocidísimo caso del vecino de un amigo que acabó en el hospital por no comer carne. Si después de meses no nos ha ocurrido nada semejante, hemos tenido suerte. Gracias al Altísimo que podamos ahora contar con sus conocimientos, experiencias y sabidurías.

A continuación separaré en tres categorías los comentarios modelo de un cuñado típico según su grado de dificultad o complejidad intelectualoide. Los ejemplos son citas casi literales que me han dicho en persona o que he presenciado en redes sociales. Las expresiones contienen imprecisiones y errores terminológicos, algo frecuente en quienes hablan de una materia sin tener la más remota idea.

¡Derechos animales ya! - Jardin des Tuileries - Estatua Facepalm

Esta estatua —llamada estatua de Caín— encontrada en el Jardín de las Tullerías (París, Francia) manifiesta espléndidamente el sentimiento de vergüenza ajena de oír a un cuñado.

Nivel elemental

Las apelaciones iniciales y más comunes de un cuñado se refieren a lo que un cuñado entiende por explotación, sus experiencias y consecuencias de nuestras acciones:

¡Derechos Animales ya! - La explicación del cuñado - Efecto Dunning-Kruger

Un cuñado tiene siempre una explicación para todo, ya hablemos de física cuántica o del reinado de Alejandro Magno.

Nivel intermedio

Un tipo más elaborado de cuñado es aquel que sostiene absolutas barbaridades mediante falacias argumentativas, repetición de mitos o una simple carestía o mala interpretación de los datos:

Rajoy - Un vaso es un vaso y un plato es un plato - Cuñado para un vegano

Mariano Rajoy, uno de los peores presidentes en la historia de España, tanto por su mala gestión como por los casos de corrupción, será recordado por su dialéctica sublime. Es el arquetipo del cuñado español.

Nivel avanzado

La sapiencia de un cuñado, digna de alabanzas, no se limita a afirmar con una base argumentativa nula ni a contar batallitas desde la barra del bar; sino que también emiten sensatos juicios de valor acerca del veganismo y los motivos que llevan a un ser humano a dar el paso. Si uno se siente lo suficientemente motivado como para aguantar sus mantras de tópicos, alcanzará a oír los cuñadismos de tercer nivel: comentarios referidos a la ideología e intenciones de quienes se preocupan por las víctimas no humanas. Desde luego, en esta etapa muestran su toda creatividad y potencial desatados:

  • «Los veganos son unos radicales perroflautas que no han dado un palo al agua en toda su vida».
  • «Si todavía existiese la mili, se os quitarían esas tonterías».
  • «El veganismo es una moda elitista».
  • «El veganismo es una religión derivada de la masonería».
  • «El veganismo es una estrategia de los Illuminati para el control mundial».
  • «El veganismo es un invento de la URSS para acabar con McDonalds».
  • «El veganismo quiere veganizar a los animales».
  • «No hace falta ser vegano para proteger el medio ambiente».
  • «Los veganos son una secta que controla a la gente mediante la desnutrición porque así pensamos menos».
  • «Los veganos son unos colgados que aman a los animales más que a las personas».
  • «Deberían detener a los veganazis porque son un peligro público. ¿Sabes cuántas bombas ha puesto ALF?».
  • «Detrás del veganismo está Monsanto y varias empresas agrícolas».
  • «Los veganos desean que volvamos a vivir en tribus y cuevas».
  • «Los veganos son misántropos que buscan acabar con la raza humana».
  • «Si el mundo se volviese vegano, los humanos dejaríamos de evolucionar (como los pokémons)».
  • «El veganismo causará el apocalipsis y la extinción de la raza humana».
  • «Comer pasto nos volverá tan tontos como los rumiantes».

El efecto Dunning-Kruger

Esta gráfica es un modelo aproximativo que relaciona la confianza de un individuo con respecto a su experiencia en un área de conocimiento según el efecto Dunning-Kruger.

Un cuñado es una víctima del efecto Dunning-Kruger

Un cuñado, sin saberlo ni ser consciente, incurre en el conocido efecto Dunning-Kruger (Wikipedia). A modo introductorio, éste es un sesgo cognitivo estudiado por los psicólogos David Dunning y Justin Kruger, quienes fueron investigadores en la Universidad de Cornell (Nueva York, EE. UU.) y publicaron sus análisis en diciembre de 1999 en el boletín de la Journal of Personality and Social Psychology.

Según las conclusiones de su experimento, los seres humanos valoran su propias capacidades y aptitudes para una materia según su percepción de la verdadera destreza y dominio de dicha materia. El efecto Dunning-Kruger señala que existe una clara tendencia a que cuanto menor sea la habilidad y erudición de un individuo respecto a un campo del saber, mayor será su confianza y seguridad para defender sus hipótesis. Ocurre que la ignorancia brinda psicológicamente más tranquilidad que el conocimiento. Quien no sabe, cree que sabe; y quien sabe, duda ante la aceptación de que sus ideas pueden estar erradas.

Es decir, alguien que no tenga ni la menor idea de qué es el veganismo o qué defienden los Derechos Animales, sufre, por el efecto Dunning-Kruger, un sesgo que lo lleva a la creencia de que cuanto sabe sobre el mismo es correcto y veraz con total convicción.

¡Cuidado! Nosotros también podemos comportarnos como un cuñado

Cada día, efecto Dunning-Kruger puede aplicarse empíricamente a multitud de sucesos y conflictos del día a día. Esto conlleva que los humanos sientan una gran predilección por ganar la discusión y no por entender al otro ni cuestionar cuánto conocen realmente acerca de lo que hablan. Debido a ello, los humanos —y posiblemente en otros animales también— padecemos un freno biológico al desarrollo personal y al avance social. Estudiar los sesgos cognitivos y elaborar métodos que permitan corregirlos se vuelve una necesidad primordial en una sociedad atestada de sujetos que siempre tienen la razón.

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