Archivo por meses: abril 2016

Derechos-Animales-ya-El-peligro-del-sensocentrismo

El sensocentrismo: la perversión del utilitarismo

El peligro del sensocentrismo (doctrina derivada del utilitarismo)El sensocentrismo considera que los animales son objetos a los que debemos cuidar. Discriminan entre animales según sus grados de sintiencia, defienden los zoológicos, la manipulación humana, la intervención sistemática en hábitats naturales (promueven la extinción de los animales carnívoros) y el aparcelamiento de especies animales con el argumento de que «no se hagan daño entre sí». Se trata de la versión más extrema del bienestarismo (una forma de utilitarismo extremo aplicada a animales).

¿Qué es el sensocentrismo? ¿Por qué supone un peligro para los animales?

Cuando una ideología se expande entre un grupo numeroso de gente, más tarde o más temprano surgen corrientes que toman algunas de sus bases y añaden argumentos ajenos o incluso contrarios a dicho pensamiento. Me comentan a menudo que no debemos discutir o debatir porque todos estamos en el mismo barco.

Realmente no, no todos los supuestos animalistas estamos en el mismo barco. Y ya no solamente abordamos un barco distinto; sino que me topo con individuos que portan la bandera del veganismo mientras pervierten su significado. De hecho, pervierten su significado aun cuando nunca fueron veganos, sino bienestaristas extremos.

En esta entrada me centraré en la que considero, con diferencia, una perversión que a menudo aparece incorrectamente asociada al veganismo y que resulta tremendamente perjudicial para el movimiento y, cuando menos, para las víctimas no humanas. Se trata del sensocentrismo, la postura bienestarista más extrema derivada de utilitarismo moral.

El veganismo no es sensocentrista

El veganismo es un principio ético referido exclusivamente a la opresión humana sobre el resto de los animales no humanos por su estatus como propiedad. No cubre todas las posibles relaciones o conflictos entre nuestra especie y los demás animales. Para ello debemos apelar a la razón tras la luz de los Derechos Animales.

Dentro del veganismo hay quienes introducen, adrede o sin querer, elementos políticos (anarquismo, comunismo, etc.), ecológicos (impacto ambiental, efecto invernadero, etc.) y con implicaciones éticas (intervencionismo, etc.) que llegan a empañar o confundir el significado original del mismo. Con esto no pretendo insinuar que lo hagan de mala fe o con intenciones personales; pero estos posicionamientos deberían aparecer con nombres propios y en ningún caso asociarse con el veganismo.

Asimismo, cabe recordar que el veganismo no se refiere a los animales «por ser animales», ésta es una falsa petición de principio con la que muchos sensocentristas intentan rebatir el veganismo arguyendo que «los veganos son dogmáticos porque ven mal comer X animal que no sufre».

En primer lugar, el veganismo se basa en el «respeto» (consideración objetiva) no en el «sufrimiento» (consideración subjetiva). El veganismo propone que los animales merecen respeto porque solamente los animales conformamos el único grupo que, científicamente, posee intereses inalienables a raíz de la posesión de un sistema nervioso.

Y, en segundo lugar, cuando los sensocentristas mencionan supuestos animales no sintientes, lo que hacen es tratar de justificar el consumo de bivalvos o insectos aun cuando tales animales sí sienten.

No comprendo el porqué de la obsesión de los sensocentristas con el consumo de bivalvos o insectos —un tema muy recurrente en redes sociales cuando miembros de estos grupúsculos se presentan en grupos veganos—, pareciera que no tuvieran otra cosa que echarse a la boca o que encuentran divertido justificar la explotación de ciertos animales por ser sésiles o no tener huesos.

Poni pintado o pintarrajeado por niños de una granja escuelaLos defensores del sensocentrismo no ven nada injusto en que a los animales se los use como simples recursos para nuestros fines. Ellos justificarían la acción de que unos niños pintarrajeasen a un poni para divertirse en una «granja escuela» porque «el poni no sufre» y «está bien cuidado». Que el poni sea un esclavo atado a un poste y no pueda moverse con libertad les da igual.

Pero, ¿qué es el sensocentrismo?

Una vez habiendo aclarado algunos de los conceptos típicos que los sensocentristas intentan atacar para exponer sus mantras bienestaristas, cabe definir qué es el sensocentrismo.

El sensocentrismo es una postura derivada del bienestarismo —la cual deriva a su vez del utilitarismo— que establece como principio una versión particular de hedonismo —búsqueda placer y evitación del sufrimiento— en la cual los animales no humanos quedan reducidos a un alter ego. Constituye, en términos simples, una forma de utilitarismo moral disfrazado de ética. Podemos calificarlo legítimamente como un dogma; puesto que, como doctrina utilitarista, no puede demostrar su corrección sin caer en una petición de principio.

Los utilitaristas lo son porque entienden que esa teoría corresponde con lo que a ellos les conviene para su propio beneficio o su propia complacencia personal. Hay datos empíricos e investigaciones que avalan esta idea.

En el estudio (enlace anterior) se realizaron encuestas sobre dilemas morales a utilitaristas declarados. Los investigadores descubrieron que estos individuos no seguían la respuesta coherente con la doctrina del utilitarismo sino, sobre todo, con el egoísmo personal.

Sensocentrismo aplicado

El sensocentrismo considera dogmáticamente que la sintiencia es un criterio moral y discrimina entre animales no humanos según el grado de desarrollo de sus sentidos. Rechazan la explotación animal porque implica un sufrimiento innecesario; no a tenor de que los consideren iguales desde el punto de vista moral. Hasta aquí sería un bienestarismo tradicional. Pero ellos lo llevan a otro nivel cuando sostienen que debemos intervenir en la naturaleza y controlar las vidas de otros animales para evitarles sufrimiento.

En la práctica, tal propósito implica limitar y restringir la libertad de tales individuos mediante una apelación a la potencialidad (falacia lógica). Parten del dogma de que la libertad es un concepto humano y de que, por ende, los demás animales no valoran su libertad ni su integridad.

No sólo nunca justifican esa petición de principio; sino que hay evidencias de sobra en contra: ¿acaso no luchan los animales no humanos por ser libres? ¿No precisamos correas, riendas, cadenas y otros artilugios para detenerlos? ¿Para qué íbamos a necesitar tales objetos si los animales no humanos solamente gustaran de un «buen» trato? Se aprecia la obviedad de que parten desde ese dogma porque, aunque lo nieguen, se rigen por el especismo.

¡Derechos Animales ya! Gamos recostados sobre la gramaLos sensocentristas (bienestaristas extremos) están obsesionados con el sufrimiento de los animales salvajes y pretenden convertir la Tierra en un paraíso bíblico. Esto no es una exageración. Basta con leer los manifiestos del filósofo utilitarista David Pearce, una de las figuras más relevantes del sensocentrismo. Debido a su obsesión enfermiza, estarían dispuestos a capturar, encerrar y manipular a todos los animales que viven libres en sus hábitats.

El sensocentrismo está en contra de la libertad de los animales

El asunto del libre albedrío merece una atención especial; pues el veganismo parte del principio de igual consideración entre sujetos. Ello significa que reconoce en todos los sujetos un valor intrínseco porque cada uno de nosotros nos valoramos con independencia de la estima ajena. La lógica siempre es, esencialmente, el principio de identidad. Decir lógica supone colocar dicho principio y todas sus aplicaciones sobre la mesa.

Por el contrario, el sensocentrismo considera al individuo como un mero contenedor de placer y sufrimiento cuyo único fin en la vida se resume en una satisfacción sensitiva. En consecuencia, justificarían cualquier acción efectuada si la persona —humana o no— no sufriese durante el desarrollo de ésta, como el asesinato o la amputación de órganos. Y, asimismo, optarían por el asesinato de un sujeto si su vida pudiese salvar a varios sujetos —una solución utilitarista al dilema del tranvía— o si, supuestamente, apenas alcanzase una vida corta o estuviese llena de sufrimiento.

El sensocentrismo sigue validando la idea de que los animales sean objetos a nuestro servicio

Los sensocentristas tampoco cuestionan el hecho de que los animales no humanos sean nuestras propiedades; pues no reconocen un valor intrínseco o el deber de respetar su integridad. Aprueban actividades, acciones y maniobras encaminadas al control de sus vidas (cambio de dieta en animales no domesticados, castraciones, aparcelamiento, confinamiento, amputación, uso de cadenas, etc.) precisamente a causa de que los ven como contenedores de placer.

Nuestro sentido de agencia —somos agentes morales— nos obliga a responsabilizarnos de quienes existen o padecen por nuestras acciones; pero no tenemos ninguna legitimidad para interferir en la existencia de otros bajo el pretexto de protegerlos a costa de vulnerar sus intereses naturales (libertad).

De hecho, esta intervencción con el objetivo de que cumplan nuestros fines marcados incurre en la misma cosificación especista. No ha de confundirse con actuar en legítima defensa o la elección en un dilema moral (por ejemplo, elegir a quién salvar).

La imagen que encabeza este artículo representa el objetivo último del sensocentrismo: convertir la Tierra en un zoológico gigante —algo expresado por miembros de estos grupúsculos hedonistas— en el cual los humanos cuidásemos «amablemente» de las restantes especies animales e impidiésemos que se hicieran daño los unos a los otros sin importarnos su libre albedrío ni ninguna necesidad básica. Me pregunto cómo se las ingeniarían con especies marinas o voladoras… prefiero no saberlo.

¡Derechos Animales ya! - Publicidad de bienestar animal con animales de granja - Sensocentristas aliados de la industria de la explotación animalLos defensores del sensocentrismo son grandes defensores de las engañosas medidas de «bienestar animal». Están en contra de la industria tradicional porque implica sufrimiento; pero no ven nada mal criar animales en sus fincas y asesinarlos «humanitariamente», como propone su líder Peter Singer.

Ejemplos del pensamiento sensocentrista

Comentarios de un tal David Díaz

Esta disertación sobre esta forma de utilitarismo extremo perdería parte de su sentido si no ilustrase tal postura con ejemplos reales que reflejan cada uno de los puntos tratados. Aquí presento una cita de David Díaz, autor de la página Respuestas Veganas, a quien le gusta apodarse «David Sensocentrista». Tanto yo como otros activistas hemos instado a que modifique tal nombre por el de «Respuestas utilitaristas» para que deje de mentir y de confundir a la gente:

«Para reducir el sufrimiento en la Tierra deben extinguirse aquellas especies que promueven el sufrimiento[…]. En cuanto a vida sintiente, […] sólo deberán existir aquellas especies de un tamaño lo suficientemente grande para no ser pisadas por individuos de otras especies cognitiva y emocionalmente superiores, y que sean estrictamente vegetarianas.

Las demás especies deben extinguirse mediante esterilización masiva, si es que no pueden ser reeducadas. De esta manera, […], se fusionará vegetación y tecnología, ningún animal se alimentará a costa de asesinar a otros y los humanos podremos promover el disfrute ético al máximo nivel, […] para replicar el paraíso de la Tierra a otros planetas. Éste es el mejor mundo posible que podemos imaginar».

Comentarios de un tal Manu Herrán

Si la explicación de David no bastase para evidenciar la falta de objetividad y aplicación de principios éticos. Otro sensocentrista llamado Manu Herrán publicó abiertamente el siguiente texto. La negrita y las acotaciones son mías:

A continuación argumento cómo un «mundo vegano» puede tener más sufrimiento que un «mundo no vegano». Defino «mundo vegano» como un mundo en el que los seres humanos no intervienen en la naturaleza. Si esta no fuera exactamente la definición de «mundo vegano», todo lo que viene a continuación sería diferente. Precisamente el objetivo de este post es fomentar la evolución del concepto de «mundo vegano» hacia algo más beneficioso para los animales.

Un «mundo vegano» (en el que los seres humanos no intervienen en la naturaleza) podría ser:
– El planeta Tierra, si los seres humanos se extinguen.
– El planeta Tierra, si los seres humanos se marchan por ejemplo a la Luna.
– El planeta Tierra, si se divide el territorio entre humanos y animales, sin interferencias entre ellos.
– Cualquier otro planeta «terraformado» (digamos, Marte, si fuera posible) lleno de vida pero sin seres humanos.

Para valorar si unas opciones tienen más o menos sufrimiento, debemos medir el sufrimiento de alguna forma […].

Establezcamos una escala con valores positivos y negativos, donde los valores positivos representan bienestar/felicidad y los negativos sufrimiento/dolor. Las vidas tendrían en general variaciones entre estos valores, tanto positivos como negativos, y de alguna forma se podrá hacer una media total neta que valore una vida.

[…] [Los] valores negativos indican que dicha vida no merece la pena ser vivida.
La mayoría de los animales en la naturaleza mueren poco antes de nacer, y mueren con sufrimiento. En esos casos:
– El individuo no ha tenido apenas tiempo de disfrutar de experiencias en los valores positivos altos.
– En cambio, sí que ha experimentado una muerte con bastante sufrimiento (probablemente).

Creo que la mayoría de los seres humanos respondería que no desearía vivir la vida de un animal salvaje elegido al azar. Esta es una forma de decir que la mayoría de los seres humanos considera que la mayoría de las vidas de los animales salvajes no merecen la pena ser vividas [falacia ad populum y post hoc].
[…]

El ser humano, con los avances en ciencia y tecnología (ingeniería genética, nanotecnología, neurología, etología etc.) está cada vez más cerca de lograrlo. Interviniendo bien en la naturaleza, el ser humano será capaz de abolir el sufrimiento. […]

No puedo ofrecer enlaces como referencia de tales palabras porque ambos autores publicaron sus textos a través de Facebook y ya no están disponibles. Esta captura, tomada de un comentario realizado en blog de Filosofía Vegana, sirve para ejemplificar la línea que siguen:

Captura de David (autor de Respuestas Veganas) que contradice los principios del veganismo - Ejemplo de sensocentrismo y utilitarismoCaptura de las palabras de David Díaz, autor del blog «Respuestas Veganas». Dicho autor, a pesar del nombre que le da a su página no es vegano ni defiende el veganismo.

El caso de la organización Ética Animal

Aunque de una manera mucho más subrepticia y cautelosa, la organización Ética Animal del filósofo Óscar Horta es partidaria acérrima del sensocentrismo y también apoya, en consecuencia, otras formas de utilitarismo como el intervencionismo en la naturaleza. Sus miembros, en vez de mostrarse abiertamente como hedonistas o bienestaristas extremos, vedan sus palabras con un profundo oscurantismo y responden a medias con el fin de no echar para atrás a primera vista. Hay que insistirles hasta que no les queda más remedio que reconocerla; mas nunca de forma oficial y directa. No propugnan a los cuatro vientos que alguna especie haya de acabar extinta o «reeducada»; pero sí defienden irracionalmente que debemos «ayudar» como un deber moral sin importar las secuelas.

Situar la ayuda, una virtud, al nivel de un deber conlleva que tanto el emisor como el receptor de las acciones se los trata como recursos para una finalidad establecida. No hay libertad de elección. Tal mentalidad utilitarista se refleja claramente en dicha falacia consecuencialista de que el fin justifica los medios. Para ellos, los animales no humanos (amorales) que causan sufrimiento son malos; quienes no, buenos. Nosotros somos dioses para convertir la Tierra en un paraíso y hacer y deshacer a nuestro antojo.

Como mencioné al principio, el veganismo aspira al cese de la opresión humana sobre los demás animales en cumplimiento con los Derechos Animales. El sensocentrismo es, en definitivas cuentas, una forma de utilitarismo tradicional camuflada de altruismo por los animales.

Artículos relacionados

Cocodrilo hociquifino africano (Crocodylus cataphractus)

Crocodylus cataphractus en el Zoo Central de FloridaCocodrilo hociquifino africano (Crocodylus cataphractus). Fotografía tomada por Jeff Whitlock.

Descripción del cocodrilo hociquifino africano

El cocodrilo hociquifino africano se encuentra en el centro y oeste de África, mayoritariamente el Congo y Costa de Marfil. Por desgracia, todavía se conoce bastante poco sobre su biología y ecología. Ocupa principalmente ríos y lagos abiertos con abundante vegetación. Con menor frecuencia se lo halla en pantanos y zonas de bosque inundado. A veces, los ejemplares aparecen a varios kilómetros de las islas y alrededor de la costa, lo cual sugiere una resistencia moderada ante la salinidad. En algunas ocasiones se los ha grabado con cámaras mientras cavaban madrigueras en las riberas de cauces fluviales.

Algunas investigaciones cromosómicas indican que el cocodrilo hociquifino africano podría separarse y constituir un género propio (Mecistops). A pesar de ello y a falta de más estudios, la mayor parte de los especialistas continúan catalogándolo dentro del género Crocodylus. Esta especie presenta una envergadura pequeña o mediana, con una media de 2-2,5 m y un máximo registrado de 4 m. Su hocico es alargado, prominente y algo más estrecho que el de sus parientes cercanos. Los peces son sus presas mayoritarias; pero, de un modo análogo a otras especies longirostrinas, posiblemente capture asimismo un amplio espectro de animales. En la edad adulta, éste llega a ser cinco veces más largo que ancho. Muestra una escamación de color oliva oscura dorsalmente, y oliva clara con manchas ventralmente. En los juveniles se aprecian tonos más claros.

Los nidos construidos por el cocodrilo hociquifino africano constan de montículos fabricados con hojarasca y fango, y se emplazan sobre playones, generalmente cubiertos por la propia densidad de la floresta. El tamaño de la puesta fluctúa desde 13 a 27 huevos que depositan en abril conforme se aproxima la estación húmeda. El periodo de incubación dura 90-100 días; una duración superior al de la mayoría de los cocodrílidos. Quizás acontezca un retraso en el desarrollo debido a las bajas temperaturas. Las hembras acostumbran a defender sus nidos frente predadores comunes como los lagartos varánidos. Si bien, se ha documentado un menor grado de agresividad con respecto a la norma del género Crocodylus. Fuera de la temporada reproductiva, los miembros llevan una vida solitaria.

Hasta la fecha se carece de una información completa acerca de su distribución. Según se estima, en el pasado el cocodrilo hociquifino africano ocupaba gran parte de África occidental. Actualmente, apenas se observa en países como Nigeria, Benín, Camerún o Guinea Ecuatorial. En algunas áreas se registran poblaciones numerosas; en otras regiones, sin embargo, los efectivos están muy mermados a causa de la presión humana: modificación del hábitat y caza a manos de habitantes rurales e indígenas por su piel o carne. No existe gestión local alguna y a tales circunstancias se le suman las guerrillas y una inestabilidad política endémica. Por ende, se considera que el cocodrilo hociquifino africano está en peligro crítico.

Traducción y adaptación de la obra CROCODILES: INSIDE OUT. A Guide to the Crocodilians and Their Functional Morphology. Autores: K. C. Richardson, G. J. W. Webb y S. C. Manolis.

Artículos relacionados

Cocodrilo americano (Crocodylus acutus)

Grupo de Crocodylus acutus en Jalisco (México) Cocodrilo americano (Crocodylus acutus). Fotografía tomada por Tomás Castelazo.

Descripción del cocodrilo americano

Los cocodrilos americanos están ampliamente distribuidos por el mundo. Abarcan ambas costas del continente americano, desde una población relíctica en el sur de Florida (EE. UU), la parte sur de México y América Central hasta la porción norte de Suramérica (Colombia, Perú, Venezuela). Habitan asimismo en la costa del Pacífico y las islas caribeñas de Cuba, Jamaica, Haití y República Dominicana. Un programa de gestión responsable en Cuba ha brindado un parapeto para esta especie; pues las densidades poblacionales se han ido reduciendo a lo largo de sus áreas de distribución como consecuencia del exterminio y aprovechamiento de tales zonas con fines humanos y contaminación de los cursos fluviales.

Estos cocodrilos habitan principalmente aguas salobres y pantanos de mangle; pero también se extienden muchos kilómetros tierra adentro en ríos costeros y lagos. Al igual que otras especies relativamente tolerantes a la salinidad, pueden recorrer distancias considerables por mar y a menudo se los localiza bastante alejados de la costa.

El cocodrilo americano alcanza una envergadura de hasta siete metros; si bien, son poco frecuentes los ejemplares con más de 4-5 m. Presenta un hocico relativamente estrecho y la extensión rostral más elongada de todos los crocodílidos propios de las regiones costeras del neotrópico del hemisferio Norte. Los neonatos miden entre 25 y 30 cm tras la eclosión y pesan en torno a 40-70 g.

En relación con la coloración, existe una enorme variación dentro del cocodrilo americano según tipo de hábitat en el que se encuentre; desde el verde grisáceo, verde oliva claro hasta un tono café por el dorso. Este patrón de escamación va oscureciéndose conforme envejece el individuo. Las regiones ventrales muestran, por lo general, un tono amarillento.

Crocodylus acutus nadando en La Manzanilla

En la fotografía, un miembro de cocodrilo americano nada en La Manzanilla, México.

Sus osteodermos dorsales están dispuestos de forma más irregular y con menor tamaño, respecto a las otras 22 especies de crocodílidos vivientes. Por lo común, no exhiben más de cuatro escudos en cada una de las catorce a diecisiete filas de escudos precaudales continuos. Destacan por un grado de desarrollo único en la elevación preorbital media (EPM) para la extensión rostral de los adultos y subadultos. El diámetro y la forma de la EPM varía con la distribución geográfica de las poblaciones estudiadas y se ha asociado como una característica de dimorfismo sexual del estado adulto.

No obstante, estos rasgos expresados para Crocodylus acutus se asemejan a los de Crocodylus intermedius, su única diferencia observable radica en la ausencia de la EPM en esta última especie y un morro algo más aguzado.

Esta especie no suele nidificar; normalmente cavan un agujero en donde depositan sus huevos entre los meses de marzo y mayo (estación seca). Sin embargo, en Florida y partes de Cuba se observan pequeños montículos hechos a partir de turba y vegetación suelta. La existencia de tanto nidos bajo tierra como al descubierto quizás refleje un efecto de la hibridación. Se producen cruzamientos entre el cocodrilo americano y los cocodrilos cubanos (Crocodylus rhombifer) en libertad y cautividad que producen una descendencia fértil. El tamaño de la puesta oscila entre los 30 y 60 huevos.

En su dieta predomina el pescado; aunque ingieren una amplia variedad de presas. Las crías y los juveniles comienzan depredando insectos acuáticos, luego cangrejos, peces y, finalmente, vertebrados más grandes. Esta sucesión ontogenética en cuanto a capturas es típica de todos los cocodrilianos. Crocodylus acutus construye madrigueras en hábitats ribereños donde el sustrato le parece adecuado. Requieren estos habitáculos para resguardarse y protegerse ante distintas adversidades. A veces, sus guaridas se extienden varios metros y llegan a contener distintas cámaras.

Traducción y adaptación de la obra CROCODILES: INSIDE OUT. A Guide to the Crocodilians and Their Functional Morphology. Autores: K. C. Richardson, G. J. W. Webb y S. C. Manolis.

Artículos relacionados

La industria del huevo y la miseria de todos los animales esclavizados

Pollito macho sobre cinta transportadora a punto de caer a la trituradora - La realidad de la industria del huevoLa industria del huevo no mostrará en sus anuncios que todos los pollitos macho de la raza criada para la obtención de huevos son asesinados al nacer mediante trituración mecánica o asfixia en bolsas de plástico —y lo mismo ocurre en las granjas «ecológicas»—. El consumo de huevos conlleva que la vida de las gallinas ponedoras no correrá mejor suerte. Todos los animales esclavizados están condenados a la privación de libertad, al hacinamiento y al asesinato.

La industria del huevo causa una tragedia desde la eclosión

A primera vista, la fotografía superior podría ser impactante para algunos e irrelevante para muchos. Resulta comprensible; pues pocos conocen los aspectos lamentables de la explotación de animales y apenas algunos individuos humanos hacen la conexión con otras formas de explotación animal peor vistas en nuestra civilización moderna, como los festejos cruentos, la tauromaquia, los zoológicos o la peletería.

Arriba tenemos a un pollito macho —situado sobre una cinta transportadora en uno de los numerosos centros de cría de la industria del huevo— que está a punto de caer a la trituradora después de que una sexadora (trabajadora) haya comprobado su sexo. ¿El resultado? Le toca morir triturado por haber nacido macho; pues sólo las hembras ponen huevos.

Durante su corta vida, a los pollitos macho sólo les da tiempo de palpar el frío de una lámina metálica bajo las patas y un entorno viciado por el olor del vitelo desparramado y los cadáveres de sus hermanos de ciclo. ¿Asesinar a un animalito recién nacido? ¿Qué sentido tiene?, no faltará quién se lo pregunte.

¡Derechos Animales ya! - Pollitos recién nacidos del cascarónLos pollitos recién nacidos tienen un futuro trágico en la industria del huevo. Si nacen machos, serán asesinados de inmediato. Si nacen hembras, serán asesinados cuando dentro un año y medio descienda su producción de huevos.

No existe ninguna industria ética, la industria del huevo no es una excepción

En la industria del huevo, sólo las hembras —«gallinas ponedoras»— salen rentables de mantener. Alimentar a un pollito macho significa invertir comida y espacio en un nohumano con una tasa de engorde menor al de la raza empleada para carne, es decir, una pérdida de beneficios potenciales.

Así pues, incluso aunque la misma empresa se dedicase a ambos negocios, optaría por explotar dos razas diferentes. Esto se aplica tanto a la crianza intensiva como esa cosa tan mal llamada «orgánica» o «ecológica». Los dos modos más usuales de efectuar este «descarte» de pollitos macho son trituración o asfixia. Esto último lo practican amontonando pollitos en bolsas de plástico; los cuales terminan falleciendo al quedar aplastados entre ellos.

¿Qué dicen las organizaciones animalistas? ¿Dónde quedan esas «victorias» que tanto dudan en festejar como si hoy no fuere a morir un número superior de animales al de ayer? FAADA, por ejemplo, omite estos datos a la hora de apoyar los huevos de corral o camperos. De hecho, su publicidad, al blanquear a la industria del huevo, ha contribuido a aumentar el consumo de huevos en España un 7%. A las organizaciones animalistas (bienestaristas) siguen un negocio perverso por el que venden sus propios sellos de bienestar animal para obtener comisiones de la industria. No les importan los animales, sino el dinero que pueden obtener explotando la explotación animal.

Gallinas enjauladas - Consumo de huevosEl consumo de huevos conlleva financiar el encierro, hacinamiento, esclavitud y asesinato de millones de animales esclavizados en la industria del huevo u en otras.

La miseria de las gallinas ponedoras y de otros animales esclavizados

Como han expuestos otros autores, el consumo de huevos implica consumo de esclavitud en el sentido tradicional del término. Las leyes «Bienestar Animal» únicamente sirven para calmar conciencia popular e incrementar la rentabilidad de una industria decadente mientras el consumidor mantiene su conciencia tranquila. A éste le resulta más cómodo seguir creyendo que exista un modo «correcto» de esclavizar y cosificar a un individuo por no pertenecer a nuestra especie si se mantienen unos ciertos límites establecidos. Tal como sucede en sociedad para asuntos entre humanos, nos tranquiliza nuestra propia suposición y fe en la existencia de un control externo.

La industria del huevo —y las restantes basadas en la explotación animal— publicita a diario la mentira de que dichos animales estén perfectamente cuidados y de que su bienestar compatibilice a la perfección con una esclavitud sistematizada. Sin embargo, a pollitos y a gallinas se los priva de experimentar una vida mínimamente próxima a la cual tendrían en su estado salvaje, y apropiada con sus necesidades y preferencias.

Y el problema, cabe recalcar, no reside en que estén en una jaula. Poco importa si ahora la mayoría van a ser criadas sobre el mugriento suelo de un corral sin ventilación ni luz natural; sino, ante todo, en que están cautivas y son propiedades del ser humano. El hacinamiento es una consecuencia esperable de la búsqueda del rendimiento económico. Se hacina animales por la misma razón por la que se plantan semillas de tomates, maíz y trigo muy pegadas las unas a las otras: para ahorrar espacio. No nos importa que, al hacerlo, vulneremos sus intereses inalienables.

¡Derechos Animales ya! - Gallinas sueltas en el campoLas gallinas y otros animales explotados no son libres aunque aparezcan «sueltas» en el campo. Todos los animales pertenecen a un amo, y el mero hecho de existir para extraerles un producto (el consumo de huevos) implica que carecen de libertad y que no se respeta su integridad.

La mentira del trato humanitario para gallinas, pollitos y otros animales esclavizados

La atención veterinaria que recibe de un animal esclavizado en la industria del huevo o en cualquier otra industria —para bien o para mal— se correlaciona con su valor mercantil. Al fin y al cabo, la industria del huevo decide asesinar a los susodichos pollitos macho porque el valor inicial de éstos es 0€ y el valor futuro —un par de céntimos— carecería de salida comercial.

Todo animal esclavizado acaba de camino al matadero cuando alcanza el máximo precio del mercado con respecto a la curva general del mantenimiento de la explotación. En determinadas fechas, a la industria ganadera le resulta provechoso recibir ingresos sin invertir ningún esfuerzo en la crianza. Por este motivo, a las crías de algunas especies (corderos, terneros, etc.) se las marca para visitar el matadero —o el matadero va a la granja— apenas el mismo día de su nacimiento. Se dice que en la veterinaria existe un «código deontológico» para controlar estas medidas de sacrificio. En la práctica, el código deontológico de un veterinario está para cumplir los intereses de la industria. Por fortuna, una nueva generación de veterinarios veganos lucha por cambiar eso.

¡Derechos Animales ya! - Gallinas esclavizadas para el consumo de huevos - Pollitos de engordeUna ciencia sin ética conduce a cometer todas las atrocidades imaginables. A raíz de nuestro desprecio hacia las vidas de otros animales, no dudamos aprovechar nuestros conocimientos científicos para modificar sus cuerpos como si fuesen máquinas.

La ciencia al servicio de la esclavitud animal

En las últimas décadas, a tenor de los avances en genética y bioquímica, sabemos mucho más que antes sobre otros animales. Sin embargo, lejos de aceptar que nuestras semejanzas conllevan que ellos también valoran sus vidas, los científicos y asociados han investigado cómo potenciar rasgos beneficiosos para el ser humano en los animales esclavizados bajo selección artificial. Hoy, un ave seleccionada con el fin de engordar aumenta de peso varias veces más rápido que sus predecesoras de mitad del siglo XX. Para prueba de ello, un dato: durante la década de los cincuenta, el proceso de engordamiento cesaba entre los 84 y 91 días para las gallinas destinadas a convertirse en carne; actualmente, se requieren tan sólo 40 o 45 días. Transcurrido ese periodo, tales ejemplares suben al camión pertinente con un valor aproximado de 0,50€ (variable según zonas).

Con sus respectivos matices, el mismo fenómeno biológico y económico se produce en todos los demás animales domesticados: potencialización de rasgos escogidos —ya hablemos de una cerda enjaulada entre sus propios excrementos o una vaca con sus ubres hiperdesarrolladas— y consideración de su vida determinada por el importe comercial. Así sucede porque la ciencia queda al servicio de la ideología: la ideología de que los animales con quienes compartimos el planeta sólo existen para nuestro disfrute.

¡Derechos Animales ya! - Gallina vista en primer plano - Consumo de huevos equivale a consumo de esclavitudLos animales esclavizados lo están, precisamente, porque creemos que existe una ética diferente para nosotros y una distinta para ellos apelando a supuestos rasgos exclusivos del ser humano. Esto se denomina «especismo».

El consumo de huevos y toda forma de explotación animal proviene de la cosificación especista

La industria del huevo, y el contexto especista en que vivimos, existe por la instrumentación de un ser considerado moralmente un objeto. A los pollitos, las gallinas y otros animales esclavizados no se les brindará nada por encima del fin que hemos dispuesto para ellos. A diferencia de lo que suele creerse, el consumo de huevos —junto con la leche y miel— fomenta una terrible esclavitud análoga al de otros animales no humanos.

Asimismo, dentro del convulso contexto animalista, hay quienes comentan a menudo que no tiene nada de malo aprovechar los huevos dejados por gallinas «propias» que están «libres» por su finca.

En primer lugar, todo lo proveniente de un individuo (sangre, saliva, etc.) le pertenece a dicho sujeto. Éstas no nos han dado su consentimiento —ni pueden— para que se los quitemos. Robárselos quebranta el principio de igualdad. Que dejen sus huevos tirados por ahí sin aparente atención no nos da permiso para apoderárnoslos. En muchas ocasiones, los engullen para recuperar parte del calcio perdido en cada puesta.

Aunque no nos consideremos sus verdugos y pretendamos lo mejor, cualquier aprovechamiento del producto generado por otro animal implica tratarlo como recurso para un fin y negarles el reconocimiento de sus derechos. A menudo existe una visión romántica de la esclavitud animal en que se habla como si las gallinas y otros animales nos «regalasen» sus productos. Entiéndase que no es intrínsecamente injusto tener animales, sino explotarlos. Ello supone una traición hacia sus vidas y la confianza que muchas veces depositan en nosotros.

Y, por otra parte, las gallinas actuales ponen tantos huevos como fruto de la selección artificial —en su mayoría mueren por descalcificación crónica— y no son libres cuando sus «cuidadores» obtienen un beneficio de ellas. Para cuidarlas de verdad se requiere dejar de consumir sus productos y, a ser posible, una intervención veterinaria para evitar que continúen sufriendo esa descalcificación.

La conclusión a la que debemos llegar es simple: toda forma de explotación animal es injusta y debe ser rechazada de la misma manera en que todos rechazamos la esclavitud humana. Ése es el significado del veganismo.

Artículos relacionados

¿Cuándo el lenguaje es especista?

Sacrificar es un eufemismo para asesinar

Izquierda: Hombre negro ahorcado durante uno de los típicos linchamientos contra la rebeldía acontecidos en EE. UU. Derecha: Dos galgos ahorcados a manos de cazadores en Cuenca.

 

El lenguaje representa nuestra visión particular del mundo y la descripción objetiva de un acontecimiento. Por ende, resulta comprensible que establezcamos diferentes términos para aludir entes y acciones determinadas. Si nos acercamos al lenguaje verbal, éste sigue una serie de reglas por las cuales tiende simultáneamente a la simplificación expresiva y una complejidad antianfibológica que permita aclarar sujeto, verbo y objeto.

Mediante el método científico llegamos a analizar del modo más objetivo posible los distintos fenómenos naturales y diferenciarlos. Sin embargo, siempre existirá un componente subjetivo o contractual a la hora de fijar ciertos límites de aplicación. Por ejemplo, todos los físicos quizás se pongan de acuerdo sobre cómo definir la gravedad; mas dudo que pudieran hacerlo acerca de si sería correcto o conveniente usar el sustantivo «gravedad» para aludir a los alcances de un suceso (su «gravedad») .

De manera similar, los biólogos podemos describir las estructuras anatómicas de diferentes animales y constatar las semejanzas y desemejanzas. No obstante, como en el caso anterior, resultaría complicado convenir sobre si las diferencias encontradas en cuanto a tejidos, formas y tamaños permitirían que el término se aplicase para unos u otros animales, o incluso, para hacer alusión a estructuras vegetales o edificaciones artificiales.

En consecuencia, encontramos muy difícil y complejo clasificar ciertos vocablos o giros idiomáticos según su grado de idoneidad, respeto o complacencia hacia un individuo. Nos preguntamos: ¿Cuándo el lenguaje es especista?

Hay quienes lo consideran como la distinción inapropiada entre dos conceptos o fenómenos en los cuales solamente varía el individuo mencionado. Esta consideración niega que las cualidades del animal humano o no humano desempeñen un papel lo suficientemente importante para justificar un uso diferenciado de las palabras.

Yo, en cambio, pienso que deberíamos estimar las variables intrínsecas al sujeto en cuestión y desechar las extrínsecas. Así pues, una utilización determinada del lenguaje será especista tanto cuando no considere al sujeto como cuando introduzca elementos ajenos a éste. Lo explicaré mediante dos ejemplos:

1) Hablar de «sacrificios» o decir que los nohumanos son «sacrificados» incurre en el prejuicio especista no simplemente porque jamás afirmaríamos tal cosa hacia un humano (conclusión por comparación); sino porque un nohumano nunca podría brindar su consentimiento para quitarse la vida en favor de un tercero. Como «excepción» a la regla, a veces un miembro de una manada sí llegaría a arriesgar su vida por sus semejantes y no alcanzamos a conocer su grado de conciencia al hacerlo.

Juzgamos que una realidad del sujeto (su incapacidad para consentir al ser un sujeto amoral) es la que determina la validez de una expresión y cuestiona sus visos discriminatorios. A partir de este caso quisiera destacar una breve reflexión personal acerca de las razones que impulsaron el empleo del verbo «sacrificar» (eufemismo para «asesinar»). Un humano con plenas facultades puede elegir libremente si despojarse de sus propiedades (su vida considerada como parte de su propiedad). Por tanto, no vería nada descabellado pensar en el origen de este uso como una manera de referirse al acto de despojarnos de una propiedad nohumana nuestra. Pues, al fin y al cabo, los animales no humanos llevan cosificados moralmente desde que nuestra especie asomó la cabeza por entre las llanuras. La fotografía inicial pretende reflejar este pensamiento: en ambas circunstancias estamos ante dueños que se libran de sus propiedades cuando ya no brindan ninguna utilidad o les parecen un estorbo.

2) Muchos compañeros señalan que la distinción entre «pierna» y «pata» es especista porque, utilizando el mismo razonamiento anterior (el cual critico), reservamos el primer sustantivo para nuestra especie y relegamos el segundo para las demás (cosa que no sucede siempre). Otra razón aportada es aquélla referida a que «pata» se utiliza también para objetos y ello pudiera evidenciar un síntoma de cosificación moral. A pesar de ello, no considero acertadas estas conclusiones debido a que ambos términos no representan una misma concreción abstracta ni guardan necesariamente los mismos matices a la hora de describir la morfología de un individuo.

«Pierna» hace referencia a un apéndice locomotor de tipo quiridio, preferentemente alargado (mayor longitud relativa desde el esqueleto al talón que desde éste al extremo apendicular) y trasero (si hay disimilitud entre las extremidades del animal). Presenta un carácter más específico o restrictivo.

«Pata» sugiere un apéndice de cualquier tipo, quiridio o no, que se apoya contra una superficie. Muestra un espectro bastante amplio.

Cuando imagino una rana, por ejemplo, pienso que posee cuatro patas y dos de ellas son piernas. Por otro lado, las alas de las aves también son miembros quiridios y, sin embargo, no dudamos en usar otro término ni asumimos que tal diferenciación se haya originado por especismo. Sin embargo, esto mismo podría refutarse diciendo que las patas sirven para el desplazamiento térreo y las alas se utilizan para el aéreo.

Esta explicación sobre la importancia de valorar las características del sujeto sirve asimismo para enjuiciar aquellas definiciones que se basan en elementos extrínsecos y utilitaristas. Los diccionarios de mi niñez han sido un fiel reflejo de este hecho. Sin más, nos inculcan que los nohumanos merecen apelativos como «ganado» o «pescado» y los denominados animales «de granja», «de laboratorio», «de tiro», de «compañía», ect. a raíz de la actividad en que los esclavizamos.

Cabe destacar que los matices del lenguaje cambian con el tiempo y que dentro de una comunidad se presentan importantes variedades diatópicas hasta el punto de que un vocablo determinado sugiere un significado totalmente distinto a dos hablantes interpelados. Existe la posibilidad de que estos términos evaluados varíen de significado con el tiempo o que el contexto social nos motive a favorecer una palabra sobre otra. Ello responde a la explicación que introdujo este artículo en relación a la subjetividad permanente de nuestro lenguaje.

Para finalizar, a pesar de todo, considero que la lucha contra determinados usos del lenguaje se vuelve secundaria frente al problema primordial: la discriminación por razones éticas. No estoy afirmando que sea inútil; pero sí menos vital. Cuando la sociedad dejare de ser especista, entonces el idioma se adaptará. Mientras tanto, únicamente tendremos una batalla contra las infinitas ramas de la injusticia. Lo mismo expuesto en este artículo opino y trato de matizar en cuanto a las reivindicaciones para visibilizar a la mujer.

 

Artículos relacionados