Archivo por meses: octubre 2015

Acercamiento de los Derechos Animales a la gestión ambiental

Gestión ambiental

La naturaleza y los Derechos Animales

Desde que comenzamos nuestra andadura como seres dotados de alta capacidad de razonamiento, los humanos hemos ido transformando el medio según nuestros menesteres. Actualmente, es ya innegable que el pasado, presente y porvenir de nuestra especie depende en gran medida de asumir las consecuencias de nuestros actos y actuar así para subsanar errores en la gestión medioambiental y no seguir cometiéndolos.

A la hora de evaluar nuestras acciones en la naturaleza, nos percatamos de que hemos alterado todos los ecosistemas y sus variables fisico-químicas, y que un gran número de especies se hallan actualmente en unas cifras críticas debido a las diversas formas de explotación o a un terrible exterminio. A raíz de nuestro antropocentrismo (prejuicio de superioridad moral), para mucha gente carece de importancia aquello que no sea Homo sapiens. Por ello, algunos individuos más concienciados acerca de los daños que causamos intentan fomentar la «educación ambiental» y la adopción de leyes para preservar el entorno.

Ya sea por comodidad, para evitar polémicas o porque dicho prejuicio moral también se presenta en quienes abogan defender el medio natural, la mayoría de los ecologistas incurre en el mismo fallo desencadenante de nuestro defecto hacia lo «otro»: la cosificación de lo ajeno.

En lugar de remarcar el hecho de que los males causados se han debido a la no asimilación de un valor intrínseco en otros individuos de diferentes especies, se pretende solucionar el problema usando los mismos argumentos utilitaristas que nos han conducido a la devastación. De esta manera, todo lo no humano se engloba en un gran conjunto biodiverso de bienes potencialmente explotables que debemos conservar con la mera finalidad de tenerlos siempre disponibles para aprovecharlos del modo en que creamos oportuno. En este sentido, se aproximan los elementos bióticos y abióticos a la representación abstracta de intereses mercantiles, como una acción bursátil.

En consecuencia, suele hablarse del acervo natural como «Patrimonio de la Humanidad» y se apuesta por el «turismo ecológico» o las «subvenciones estatales» a campesinos para que ‘cuiden’ de sus fincas; entre otras muchísimas medidas.

Para la doctrina del utilitarismo, la acción moralmente correcta es aquélla que supone una maximización del valor estimado. Ello conlleva la consideración del otro en tanto a cómo puede beneficiarnos y no enseña a considerar a los miembros de otras especies por su valor intrínseco: su propia existencia (fines en sí mismos). Al igual que nosotros no llevamos escrito un destino o propósito, ningún otro individuo no humano debiera servirnos ni está ahí esperando para tal objeto. En vez de aspirar exclusivamente a dejar un mundo mejor para nuestros hijos, deberíamos pretender asimismo enseñarlos a respetar con inherencia; no con dependencia.

La explicación de por qué acontecen estas medidas inútiles e ineficaces resulta bastante sencilla si tomamos el concepto de «ecologismo» como un término reduccionista de emparentado científico, por el cual para explicar cómo funcionan los constituyentes de la Tierra se recurren a modelos estadísticos. Observar todo cuanto nos rodea a modo de 0 y 1 (binario) puede ser válido para llegar a determinar, por ejemplo, el origen de fenómenos relacionados con poblaciones y cadenas tróficas; pero es totalmente inválido para extraer conclusiones morales o para justificar nuestras acciones.

Tal reduccionismo acarrea la cosificación absoluta de los miembros animales y la subsecuente negación de la individualidad de los ejemplares. Todo se reduce dogmáticamente a la «especie» y se pretende otorgarle validez a un concepto subjetivo e instrumental para el terreno de las actuaciones humanas: la ética. Quienes sí existen objetivamente son los individuos y sobre ellos hay que responder. Atendiendo al principio de igualdad, los animales no humanos cuentan con los mismos derechos morales a tenor de la posesión de los mismos intereses basales.

Estos fundamentos nos llevan a resaltar una serie de consideraciones vitales para algunos casos muy polémicos cuyas voces cantantes las enfilan sujetos especistas. Con independencia del marco legal (referidos como «bienes muebles semovientes»), los abordaremos desde la perspectiva de los derechos animales.

  • Recuperación de individuos afectados por acciones humanas

  • Gestión de especies en peligro de extinción

  • Gestión de especies «invasoras»

Recuperación de individuos afectados por acciones humanas

Los humanos somos agentes morales (responsables de nuestros actos); mientras que los niños y otros animales son amorales (no alcanzan el grado de conciencia necesario para asumir sus actos). En virtud de esta premisa moral, lo que ocurra en la naturaleza —entre seres amorales— no nos concierne y tampoco tenemos legitimidad para intervenir; no obstante, aquéllos de nosotros con plenas facultades debemos responsabilizarnos por lo que hacemos y los efectos negativos hacia otros animales: lesiones, heridas, infecciones, etc., producidas en accidentes, negligencias, por mala voluntad, etc.

Para enmendar nuestras acciones, tenemos potestad para atender (curar, operar, ect.) a individuos no humanos con el único propósito de que puedan regresar lo antes posible a su hábitat natural sin condenarlos a una muerte segura. Por ello, únicamente puede justificarse una cautividad transitoria cuando se estiman los intereses del animal y no los nuestros.

Con suma facilidad podemos incurrir en una dominación paternalista (un tipo particular de explotación) que conlleve la pérdida injustificada de su libertad y autonomía. No hemos de someterlos a una dependencia forzada contraria a los derechos básicos que aplicaríamos para un ser humano.

Gestión de especies en peligro de extinción

Nuevamente, debe destacarse que los únicos relevantes son los individuos, no su separación taxonómica según criterios humanos. Por tanto, los individuos pertenecientes a una especie en peligro de extinción no gozan de un mayor valor moral que los individuos pertenecientes a especies abundantes.

En relación a esto, jamás se justifican aquellas acciones destinadas a favorecer a los miembros de una especie en peligro de extinción a costa de vulnerar los intereses de individuos ajenos a ésta. A modo de ejemplo, si una tribu indígena del Amazonas estuviera cazando una pantera en peligro de extinción, ningún ser humano en su sano juicio postularía la «merma» (asesinato) de tales depredadores para «aliviar» la presión sufrida por tal especie vulnerable. De forma análoga, cae en la inmoralidad defender dichas maniobras para víctimas no humanas; pues la ética juzga las acciones, no quién sea el destinatario de éstas.

Asimismo, en continuación con el caso anterior, el fin no justifica intrínsecamente los medios. Así, nunca queda justificada la cría en cautividad en centros especializados o, peor aun, en zoológicos, por su supuesta necesidad para recuperar la especie. No es un misterio biológico que una especie solamente consigue recuperarse en su hábitat natural si dicho entorno se encuentra en las condiciones previas a la injerencia humana. Resulta comprensible la enorme dificultad actual, tanto política y social como económica, de devolver vastos parajes a un estado parecido al que tenían. Sin embargo, dicha imposibilidad no legitima una esclavitud impuesta (análoga a la de los animales domesticados) ni una supervivencia artificial para satisfacer deseos humanos. Nuestra meta prioritaria debe enfocarse en sus vidas en libertad (¿de qué les serviría volver a ser una especie numerosa sin un sitio en donde vivir?) y no dedicarnos a cruces artificiales de individuos o a guardar células madre en bancos de ADN para algún experimento futuro. Dejemos de contemplarlos como simples objetos de coleccionista; lo «valioso» radica en la propia existencia en el presente.

Gestión de especies «invasoras»

Las especies a cuales designamos cínicamente como «invasoras» no son más que miembros de distintas especies víctimas de la gestión humana. Cabe resaltar el uso intencionado del adverbio por un motivo de sencilla hipocresía: mientras que los humanos somos, objetivamente, la mayor plaga sobre el planeta, tanto la primera como esta segunda denominación especista las reciben en exclusiva los individuos no humanos. A diferencia del primer caso (la recuperación de individuos), aquí nuestra especie se brinda la facultad para actuar como parte, juez y verdugo con la intención de escurrir el bulto y hacer pagar a la especie de turno impactos de los que no es responsable (son seres amorales).

Que una especie sea «autóctona» o «alóctona» no condiciona ninguna diferencia moral. De este modo, que una especie esté fuera de su área de distribución por causas propias o antropogénicas no los priva en absoluto de sus intereses inalienables: búsqueda de la libertad, evitación del dolor, etc. Si unos individuos alóctonos causan efectos negativos sobre individuos autóctonos por nuestra culpa, tenemos la obligación moral de actuar; pero dicha actuación jamás debe pasar por la vulneración de los intereses poseídos por los miembros de la especie alóctona.

Este argumento puede asimilarse con desenvoltura si antes se rechaza el especismo (discriminación moral). ¿Condenaríamos a la muerte a humanos que llegasen en pateras a otros países incluso cuando éstos sí son agentes morales? ¿Condenaríamos a la muerte a los negros de EE. UU por no estar en el continente que les ‘pertenece’? ¿Y si hubiéramos decretado el «sacrificio» inmediato de quienes se hubiesen escapado de sus esclavistas por el bien de la raza blanca?

Estas preguntas suenan grotescas, ¿verdad?; pues bien, ¿por qué sí condenamos a la muerte a animales amorales que llegan a otro país por causa nuestra? ¿Por qué sí condenamos a la muerte a individuos no humanos que se escapan de «granjas» (centros de explotación) por el supuesto bien de las especies ya presentes?

Nuestro deber ético se limita a aquellas acciones que en ningún caso les imposibiliten una vida normal ante lo postulado en los dos puntos anteriores.

 

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Lagartija de Madeira (Teira dugesii)

Lagartija de Madeira (Teira dugesii).Lagartija de Madeira (Teira dugesii).

Descripción del adulto de la lagartija de Madeira

Lagartija más bien grande y de aspecto robusto, con dos escamas postnasales superpuestas y ojos que sobresalen netamente por encima del cráneo. Tiene el collar liso; pero, a diferencia de las lagartijas Podarcis, carece de una escama masetérica agrandada; también presenta escamas de gran tamaño en el centro del párpado inferior y normalmente cinco escamas supralabiales delante de la escama subocular, en lugar de las cuatro que muestra Podarcis hispanica.

Coloración dorsal verde, negruzca o más a menudo grisácea o parda, normalmente con puntos amarillos o verdosos; la coloración dorsal varía y tiende a igualarse con los colores del hábitat. En las hembras, el centro del dorso suele estar moteado de oscuro, los costados son oscuros con puntos claros y ambas zonas están separadas por anchas franjas dorsolaterales pálidas.

Los machos adultos también están punteados y moteados de oscuro pero son más uniformes en conjunto. Coloración ventral por lo general amarillenta o crema, a veces con puntos oscuros; algunos machos tienen la garganta azul y el vientre naranja o rojo brillante y, según parece, esta coloración brillante puede desvanecerse en pocos segundos si se molesta al animal. No presenta ocelos azules en las escamas ventrales más externas, ni tampoco en la zona de los hombros.

Dimorfismo sexual

No se ha descrito.

Descripción de juvenil de la lagartija de Madeira

Coloración y diseño similares a las hembras adultas. A diferencia de algunas lagartijas ibéricas, los recién nacidos no tienen una coloración viva y contrastada en la cola.

Distribución

Habita en Madeira. La única población ibérica es la introducida en Lisboa.

Variaciones geográficas

Las lagartijas de Madeira introducidas en Lisboa pertenecen ala subespecie nominal (Teira dugesii dugesii), que se ha detallado en Identificación. Las lagartijas de la subespecie Teira dugesii jogeri, de la isla de Porto Santo, son un poco más pequeñas y sus escamas son menos finas, rasgos ambos que también se observan en la subespecie de las islas Salvajes (Teira dugesii selvagensis).

Especies similares

Las únicas lagartijas que coexisten con la de Madeira en la zona de Lisboa son la lagartija de Carbonell, que es muy diferente, y Podarcis hispanica tipo 2; ambas tienen una sola escama postnasal y no presentan el punteado amarillo o verdoso que es frecuente en la lagartija de Madeira. Por lo demás, Podarcis hispanica tipo 2 es bastante más esbelta que la lagartija de Madeira, en tanto que la de Carbonell muestra una cabeza mucho más ancha y corta, sin los ojos sobresalientes de Teira dugesii.

Hábitat

En su área original ocupa un amplio espectro de hábitats, desde montañas hasta 1.850 m de altitud (en Madeira) hasta islotes desiertos y costas marinas salpicadas por las olas; aunque es quizás más común en lugares rocosos, de monte bajo y de bosque, donde puede trepar a los árboles. También puede ser común cerca de viviendas y en Lisboa, obviamente, siempre se encuentra cerca de casas y otros edificios.

Biología de la lagartija de Madeira

Las hembras realizan 1-3 puestas al año de 1-3 huevos cada una, los cuales eclosionan al cabo de 6 a 8 semanas. El letargo invernal es inexistente y está activa durante todo el año.

Estado de sus poblaciones

Esta lagartija antropófila y bastante mansa acabó introducida en Lisboa a principios de la década de 1990, según parece a partir de un cargamento de plátanos procedente de Madeira. Hoy en día mantiene una población reducida pero aparentemente estable en el barrio lisboeta de Alcantara, donde compite ventajosamente con la lagartija ibérica autóctona. La especie está considerada como de preocupación menor (LC) a nivel mundial.

Adaptación de la obra ANFIBIOS Y REPTILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, BALEARES Y CANARIAS. Colección Nuevas guías de campo. Ediciones Omega, Barcelona. 2011. Autores: Masó A. & M. Pijoan.

Pulse para ver imágenes de ampliación (Teira dugesii)

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La circulación de la sangre en los lagartos varánidos

Varano del Nilo (Varanus niloticus)Varano del Nilo (Varanus niloticus). La circulación de la sangre en los lagartos varánidos (su hemodinámica) es interesante de analizar. El caso estudiado sobre el varano del Nilo es aplicable a las restantes especies de su familia.

Estudio del sistema circulatorio en lagartos varánidos

Muchas veces se ha interpretado de manera incorrecta la estructura del corazón de los lagartos. Éste posee dos aurículas anatómicamente separadas; pero únicamente tiene un ventrículo dotado de compartimentos conectados unos con otros. Desde el ventrículo salen tres arterias principales. Una estructura como ésta hizo que los primeros estudiosos del flujo sanguíneo pensasen que en el interior del ventrículo se producía una mezcla de sangre oxigenada y sangre desoxigenada. Esta suposición equivocada sobre la circulación de la sangre en los lagartos varánidos resultó ser un gran obstáculo para comprender el funcionamiento de un corazón anatómicamente tan complejo como el de estos animales y el de otros reptiles.

Los lagartos se consideraban primitivos por los investigadores dedicados al estudio del sistema cardiovascular de los «avanzados» endotermos. Uno de estos investigadores indicó que la «solución perfecta» para la separación de los flujos sanguíneos únicamente la habían conseguido las aves y los mamíferos. Sin embargo, algunos estudios experimentales posteriores sobre el flujo sanguíneo en el corazón de los lagartos evidenciaron lo erróneas que eran estas ideas fisiológicas. Estos estudios demostraron que, de manera análoga a como sucedió respecto al foramen de Panizza en cocodrilos, la circulación de la sangre en los lagartos varánidos es tan compleja como la aves y mamíferos.

Se han empleado diferentes técnicas para intentar aclarar el modo en que se produce el movimiento de la sangre en el interior del sistema cardiovascular de los lagartos actuales. Una de dichas técnicas es la radiología, y tiene la ventaja de poder emplear líquidos de contraste, que generalmente no son tóxicos, y además se pueden mezclar con la sangre. Estos medios de contraste son opacos a los rayos X, es decir, pueden observarse cuando se utilizan dichos rayos. Mediante la inyección de estos líquidos de contraste en determinados vasos, puede seguirse el recorrido de la sangre a partir del punto de inyección haciendo radiografías seriadas o mediante el empleo de monitores de vídeo.

Puesto que el líquido de contraste se introduce en los vasos sanguíneos de un animal vivo, sus desplazamientos representan los de la circulación normal de la sangre. Uno de estos experimentos fue realizado por Kjell Johansen, usando un varano del Nilo, Varanus niloticus, que es un representante de gran tamaño de la familia Varanidae. Este investigador inyectó el líquido de contraste en la vena yugular derecha y en la postcava.

En la serie de radiografías que obtuvo puede contemplarse cómo se van llenando, consecutivamente, la aurícula derecha, el ventrículo y las arterias pulmonares. A pesar de que el ventrículo de este lagarto no presenta una división interna completa, el medio de contraste no entra en los arcos sistémicos. Ésta es la confirmación experimental de que, en el corazón de este varánido, los retornos de sangre desoxigenada y sangre oxigenada se mantienen separados, y de que la sangre desoxigenada se envía hacia el circuito pulmonar para que se oxigene en los pulmones.

Esquema del corazón de los lagartos varánidos

Circulación de la sangre en Varanus niloticusEsquema de la circulación de la sangre en el corazón del varano del Nilo (Varanus niloticus).

Otra de las técnicas que se han usado ha sido la utilización de unos tubos de pequeño diámetro denominados cánulas, los cuales se insertan directamente en los vasos para medir presiones, tomar muestras de sangre o inyectar colorantes. Esta técnica se ha realizado en una especie de varano, Varanus exanthematicus, para intentar aclarar la hemodinámica de la presión sanguínea y el flujo de la sangre oxigenada. Cabe aprovechar para hacer el inciso de que el ser humano no duda en experimentar sobre animales ni en utilizarlos como objetos de estudio para satisfacer su curiosidad o búsqueda de una explotación económica.

Una vez anestesiado el animal, y mediante métodos quirúrgicos, Burggren y Johansen insertaron unas pequeñas cánulas, conectadas a un aparato medidor, y midieron la presión sanguínea en determinadas arterias de este animal. Usaron otras cánulas adicionales, colocadas en otras arterias diferentes, para tomar pequeñas muestras de sangre y medir la tensión de oxígeno.

Como ocurre en otros lagartos y quelonios, el corazón del varano es capaz de separar los flujos de sangre oxigenada y desoxigenada, y de enviarlos al circuito sistémico y al pulmonar, respectivamente. Estos investigadores descubrieron que en este varánido, a diferencia de lo que sucede en otros escamosos y quelonios, la presión sanguínea en el circuito sistémico llegaba a ser superior al doble de la que midieron en el circuito pulmonar. En la mayoría de los demás lagartos, las presiones sistólicas en ambos circuitos son similares. Así, el corazón de este varánido no sólo mantiene separada la sangre oxigenada y la desoxigenada, que retornan desde los circuitos pulmonar y sistémico respectivamente, sino que también genera diferentes presiones en ellos.

El cavum venosum del ventrículo de este varánido está considerablemente reducido; pero por lo demás, el corazón de este animal es anatómicamente similar al de otros escamosos y quelonios. No obstante, la generación de una presión sanguínea elevada en el circuito sistémico, y baja en el circuito pulmonar es, hemodinámicamente, similar a lo que realizan los corazones de los cocodrilos, las aves y los mamíferos.

No está claro por qué sucede esto en los varánidos. Una que la temperatura corporal de estos animales ha subido lo suficiente, los varánidos tienen unos ritmos metabólicos más altos que la mayoría de los demás lagartos. Se ha sugerido que la elevada presión sanguínea sistémica podría permitir que la sangre pudiese bañar una cantidad de plexos capilares mayor que en otros lagartos, sin que se produjese una caída de la presión en los capilares.

Circulación sanguínea en los lagartos varánidos

Esquema de la circulación de la sangre en el corazón del varano del Nilo (Varanus niloticus).

Una baja presión sanguínea sistémica también permitiría que se mantuviese el elevado nivel de irrigación con sangre oxigenada, necesario para poder hacer frente a los altos requerimientos de los músculos de unos animales tan activos como los varánidos. No obstante, si los capilares de los pulmones tuviesen que soportar unas presiones sanguíneas tan elevadas, se perdería una gran cantidad de fluidos, que quedarían retenidos en los tejidos pulmonares y obstaculizarían el intercambio gaseoso.

Puesto que en los varánidos los capilares pulmonares forman parte del circuito pulmonar de baja presión, esto supone una protección frente al problema antes mencionado. Todo esto sugiere que, al empezar a diferenciarse como dos bombas de presión, el ventrículo del corazón de los varánidos protege a los capilares pulmonares del exceso de presión sanguínea, pero puede producir la elevada presión que necesitan los músculos.

Conclusiones

Los corazones de los lagartos no evolucionaron antes que los «perfectos» corazones de las aves y los mamíferos. El corazón de los lagartos tiene la suficiente complejidad funcional y está convenientemente adaptado para poder cubrir las necesidades del tipo de vida de los escamosos. Las evidencias experimentales han aclarado muchas incógnitas fisiológicas; pero también invitan a que se reconsideren las interpretaciones que actualmente se hacen de los diversos sistemas de los vertebrados más primitivos.

Debe abandonarse la utilización del término «vertebrados inferiores», ya que da a entender, erróneamente, que se trata de animales que se originaron muy pronto en el curso de la evolución de los vertebrados y que están adaptados a su forma de vida de manera imperfecta. Las investigaciones recientes sobre su morfología funcional demuestran exactamente lo contrario. El sistema cardiovascular de los lagartos varánidos, al igual que el resto de los sistemas morfológicos, es extraordinariamente complejo, tanto en los vertebrados primitivos como en los que han derivado a partir de ellos. Estos datos sobre cómo de desarrolla la circulación de la sangre en los lagartos varánidos, junto con nuestros conocimientos de etología, nos alientan abandonar prejuicios antropocéntricos.

Adaptación de la obra VERTEBRADOS: Anatomía comparada, función y evolución. Autor: Kenneth V. Kardong.

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Lagartija andaluza (Podarcis vaucheri)

Lagartija andaluza (Podarcis vaucheri)Lagartija andaluza (Podarcis vaucheri).

Descripción del adulto de la lagartija andaluza

Lagartija de aspecto esbelto y con la cabeza relativamente aplanada, de forma que las órbitas oculares sobresalen por encima de la misma; aunque algo menos que en muchas Podarcis hispanica. Presenta el hocico bastante puntiagudo, escamas dorsales pequeñas y granulares; escama rostral separada de la escama frontonasal y collar liso. La coloración dorsal se manifiesta muy a menudo verde o, como mínimo verdosa, especialmente en los machos; pero más a menudo parda en las hembras. Estas últimas no muestran la librea marcadamente listada típica de muchas hembras de Podarcis hispanica. Todos los individuos carecen de línea vertebral. Costados reticulados de pardo o verdoso y negruzco. Coloración ventral blanca, amarillenta o rojiza, con marcas similares a las de las Podarcis hispanica.

Dimorfismo sexual

No se ha descrito.

Descripción de juvenil de la lagartija andaluza

Similares a los de las poblaciones de Podarcis hispanica: nacen con el cuerpo pardo y la cola azulada.

Distribución

Endemismo íbero-magrebi (sur de la Península Ibérica, Marruecos y Argelia). En el British Museum of Natural History de Londres existe un ejemplar etiquetado como Podarcis vaucheri del sur de Portugal. Sin embargo, se trata de un subadulto muy antiguo (1915) y posteriormente no se ha encontrado ningún otro ejemplar en la localidad, por lo que podría tratarse de una confusión con carbonelli o de un error de etiquetaje. Por otra parte, esta perspectiva debe considerarse provisional; ya que recientemente se ha detectado que su distribución supera ampliamente el río Guadalquivir y alcanza casi los límites de las provincias de Badajoz y Jaén. Finalmente, se ha encontrado una población límite en Almería.

Variaciones geográficas

No se ha descrito en la exigua área que esta especie ocupa en el extremo sur peninsular, pero sí en Marruecos, donde se han descrito dos clados —el europeo y el africano— que poseen diferencias morfológicas, además de genéticas. Sin embargo, los dos clados pueden observarse a ambos lados del Estrecho porque se han producido sendas introducciones: una en Marruecos procedente del clado europeo y otra en Almería procedente del clado africano.

Especies similares

La lagartija de Carbonell suele ser más robusta, con el cuerpo menos deprimido, y la cabeza más corta y alta (con un perfil más convexo en que las órbitas oculares sobresalen poco por encima del píleo) que Podarcis vaucheri. Sin embargo, existe una excepción: las lagartijas de la población aislada en Doñana son mucho más pequeñas y gráciles que en las demás poblaciones de lagartija de Carbonell e incluso más pequeñas que Podarcis vaucheri. Las poblaciones de Podarcis hispanica pueden ser muy similares y casi indistinguibles de la lagartija andaluza, mas sus respectivas áreas de distribución únicamente se solapan en la provincia de Granada; en todo caso, en esta pequeña zona de coincidencia, Podarcis hispanica tiene la cabeza algo más baja que Podarcis vaucheri.

Hábitat

Zonas pedregosas o con vegetación arbustiva mediterránea, afloramientos rocosos en prados de montaña, pastizales, áreas rurales y zonas urbanas; incluidas construcciones rurales y jardines. También se halla en linderos y claros de bosques templados, y en zonas cubiertas de maleza tales como barbechos abandonados o antiguos cultivos. Asimismo, se localiza en playas y hasta en zonas de dunas.

Biología de la lagartija andaluza

La época de celo se desarrolla entre marzo y junio. Las hembras realizan varias puestas de 1 a 5 huevos en cada estación reproductora. Las eclosiones acontecen a los 40-80 días.

Estado de sus poblaciones

La UICN la considera como de preocupación menor (LC) desde el año 2008. Algunas poblaciones podrían verse afectadas por la pérdida de hábitat debido a la agricultura; pero la especie en conjunto no parece estar amenazada.

Adaptación de la obra ANFIBIOS Y REPTILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, BALEARES Y CANARIAS. Colección Nuevas guías de campo. Ediciones Omega, Barcelona. 2011. Autores: Masó A. & M. Pijoan.

Pulse para ver imágenes de ampliación (Podarcis vaucheri)

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Lagartija de Carbonell (Podarcis carbonelli)

Lagartija de Carbonell (Podarcis carbonelli).

Descripción del adulto de la lagartija de Carbonell

Lagartija robusta, con el cuerpo redondeado y con la cabeza relativamente corta y alta, de forma que las órbitas oculares sobresalen poco por encima del píleo. Escamas dorsales pequeñas y granulares. Escama rostral separada de la escama frontonasal; collar liso. Machos en celo con el dorso pardo o pardo verdoso (rara vez enteramente verde), y los costados siempre de color verde brillante o verde lechuga, todo ello fina y dispersamente reticulado de oscuro (a menos que se trate de individuos concolores).

Las hembras y los machos no reproductores tienen el dorso y los costados pardos, y las primeras el diseño negro a menudo más reducido y concentrado en los bordes irregulares de las líneas dorsolaterales oscuras. Los tonos pardos de la franja vertebral y la mayor extensión de pardo en los costados son más frecuentes en los machos en celo del Sistema Central, mientras que los de Portugal y de Doñana tienen a menudo una gran extensión de verde brillante en los costados y la franja dorsal también verde o como mínimo pardo verdosa.

En todas las poblaciones existen siempre algunos ejemplares adultos con la pigmentación dorsal negra muy reducida o ausente (morfotipo concolor). La coloración ventral se ve típicamente blanquecina, con algunos puntos negros en las escamas ventrales externas y casi siempre con máculas verdes o azules; las hembras a menudo muestran el vientre amarillo muy claro (Doñana y Portugal), o blanco y con matices anaranjados o rojizos (Sistema Central).

Dimorfismo sexual

Los machos acostumbran a alcanzar un mayor tamaño que las hembras (excepto en el Sistema Central, donde son algo menores), tienen la cola y las patas proporcionalmente más largas, su cabeza es más voluminosa, su escama masetérica suele ser más grande y tienen menor número de escamas ventrales. Para más diferencias, véase Identificación.

Descripción de juvenil de la lagartija de Carbonell

Los recién nacidos tienen la cola algo verdosa; pero menos contrastada que en la Lagartija de Bocage.

Distribución

Endemismo del oeste ibérico. También se halla en las islas Berlengas (centro de Portugal).

Variaciones geográficas

Los individuos de las islas Berlengas (que se clasifican como Podarcis carbonelli berlengensis pese a ser genéticamente idénticos a las de la subespecie nominal) son de gran tamaño, tienen la cabeza más alta, las patas proporcionalmente más cortas y la placa masetérica normalmente muy grande. Presentan una pigmentación ventral y gular más intensa y profusa que los ejemplares de las poblaciones continentales.

Especies similares

Las poblaciones de Podarcis hispanica y la lagartija andaluza tienen el cuerpo deprimido y la cabeza más aplanada, con las órbitas oculares que sobresalen netamente por encima, y su garganta muestra escasas manchas oscuras o ninguna. La lagartija de Bocage, que coincide con la de Carbonell en una pequeña franja situada al sur del Duero (no sólo en área sino también en hábitat), suele tener marcas dorsales más intensas y el vientre amarillo o anaranjado y no manifiesta coloración verde en los costados.

Hábitat

Al igual que la lagartija de Bocage, la de Carbonell es una lagartija terrestre, adaptada a los ambientes bastante húmedos y frescos, y al igual que aquélla ocupa una gran variedad de hábitats en las zonas de clima atlántico: claros y sobre todo linderos forestales (donde aveces alcanza elevadas densidades), zonas de matorral de distintos tipos, muros de viviendas y jardines, acantilados, dunas costeras, etc. En el interior más mediterráneo, sin embargo, limita su presencia a las zonas de montaña, por lo general entre los 800 y los 1.200 m.

La población aislada en Doñana, que obviamente no tiene este recurso altitudinal, suele ocupar el suelo de los alcornocales, pinares piñoneros y sabinares; aunque también se observa en matorrales, muy a menudo sobre arenas estabilizadas. En el Sistema Central, esta especie ocupa sobre todo los robledales de melojo y los matorrales secundarios que los sustituyen, mientras que en la provincia portuguesa Beira Litoral llega a ser muy abundante en pinares y ocupa a menudo los medios humanizados.

Biología de la lagartija de Carbonell

Acontecen cortejos y apareamientos entre marzo y principios de julio. En función principalmente de su tamaño, las hembras realizan de 1 a 3 puestas anuales, de 1 a 5 huevos cada una, entre mayo y julio (en las Berlengas, sin embargo, realizan 3 puestas anuales de 1 a 4 huevos, una en abril, otra en mayo y la tercera en junio-julio). Se observan eclosiones entre julio y septiembre.

Letargo invernal por lo general desde septiembre a marzo; aunque en invierno las lagartijas pueden asolearse cerca de los refugios invernales. En Doñana, sin embargo, se ha observado actividad durante todo el año. En el Sistema Central, la máxima actividad se observa en mayo, en coincidencia con la reproducción.

Estado de sus poblaciones

La lagartija de Carbonell es una especie protegida. Aunque el Libro Rojo la consideró en 2002 como una especie de preocupación menor (LC), en 2006 la UICN la incluyó en su lista de especies amenazadas (EN) debido a la exigüidad de su área de distribución y al declive de sus poblaciones y de la calidad de sus hábitats.

La forma de las Columbretes se considera rara o vulnerable, según la fuente, y protegida. El Libro Rojo la consideraba en 2002 como una «especie» vulnerable (VU), categoría que también le atribuye a esta forma la Lista Roja del País Valenciano.

Adaptación de la obra ANFIBIOS Y REPTILES DE LA PENÍNSULA IBÉRICA, BALEARES Y CANARIAS. Colección Nuevas guías de campo. Ediciones Omega, Barcelona. 2011. Autores: Masó A. & M. Pijoan.


 

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